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Eclecticismo

El Eclecticismo de EMPEDOCLES.

El Eclecticismo de EMPÉDOCLES.

El Eclecticismo de EMPÉDOCLES.
Empédocles fue natural (h. 450) de Akragas (Agrigento); colonia dórica de Gela, en Sicilia, fundada hacia 580.

Era de familia noble; intervino en política contra la oligarquía, restaurando la democracia (h.472).

Pero sobrevino la reacción y fue desterrado; muriendo probablemente en el Peloponeso.

Su personalidad se rodeó muy pronto de elementos legendarios.

Sobre su muerte circularon distintas versiones.
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La más popular, y probablemente falsa; es la de que se arrojó al Etna

a fin de ser considerado como inmortal.

Pero se descubrió la superchería por haber arrojado el volcán una de sus sandalias adornadas de bronce.

Escribió dos poemas, en dialecto jónico; cuyas diferencias de estilo y carácter han dado origen al llamado «enigma de Empédocles».

En el poema Sobre la Naturaleza trata el problema cosmológico de manera muy semejante a los demás presocráticos.

En las Purificaciones el estilo es más florido; rico en metáforas y epítetos altisonantes; presentándose como un taumaturgo o como un dios.

No obstante, las diferencias entre ambos poemas no son tan grandes como para reclamar necesariamente duplicidad de autor.

El carácter de las Purificaciones, que sin duda es posterior; puede explicarse por una crisis moral del filósofo al ser derribado del poder y desterrado de su ciudad.

Actitud filosófica.

La doctrina de Empédocles; equivale a una tentativa ecléctica para fundir en una síntesis las distintas tendencias existentes en su tiempo.

En su sistema entran nociones jónicas, pitagóricas, eleáticas y de Heráclito; además de aspiraciones místicas y morales semejantes a las de los órficos.

En sus cuatro «raíces de las cosas»; integra el agua de Tales, el aire de Anaximenes, la tierra de Jenófanes y el fuego de Heráclito; sustituyendo por los cuatro elementos la aspiración jónica de hallar un solo principio de las cosas.

Combina además el ser inmóvil de Parménides; con el ser de Heráclito

en perpetua transformación; tratando de salvar a la vez la unidad permanente del ser; y la pluralidad de las cosas particulares, como también el movimiento.

No obstante, su eclecticismo no es conciliador, sino polémico.

Combate a la vez contra todos sus predecesores —Heráclito, Parménides y los pitagóricos—; no escatimando los calificativos fuertes; tan característicos

de los presocráticos.

I. El poema «Sobre la Naturaleza».

Comienza con una pomposa introducción, que recuerda la de Parménides:

«Apartad de mi lengua, ¡oh dioses!, la locura de estos hombres, y haced

correr una fuente pura de mis labios santificados.

Y tú, ¡oh musa, virgen de blancos brazos, fuertemente invocada!,

yo te ruego, (comunícame) aquello que es permitido escuchar a los seres

de un día.

Envíame del reino de la piedad un carro dócil a las riendas.

Escucha tú el discurso no engañoso».

1. Gnoseologia.

A diferencia de Parménides, pone su confianza a la vez en el testimonio de los sentidos; y en el de la razón, aspirando a llegar por medio de ambos a un conocimiento «seguro» y a una «verdad nueva».

La verdad no se alcanza con los oídos y con los ojos; pero tampoco solamente con la inteligencia, sino con ambas cosas a la vez.

A todos los sentidos se les debe dar el mismo crédito.

2. Física.

a) Las cuatro «raíces».

Concibe el ser como eterno e indestructible.

Está integrado por cuatro «raíces» o elementos distintos; de los

cuales están compuestas todas las cosas; incluso los dioses, a la manera de los colores que se combinan en la pintura.

«Escucha ante todo las cuatro raíces de todas las cosas: Zeus,

brillante; Hera, difusora de vida; Aidoneus y Nestis, cuyas

lágrimas son fuentes de vida para los mortales».

Zeus (Helios o Hephaistos) es el fuego; Nestis es una divinidad siciliana

que representa el agua.

Hera parece simbolizar el aire, y Aidoneus (Hades) la tierra.

Ninguno de estos elementos por separado es invención de Empédocles.

Pero a partir de él irán siempre unidos hasta que en el siglo XVIII fueron destronados por la Química moderna.

b) El Amor y el Odio.

Empédocles concibe la realidad; atravesando cíclicamente dos fases en que se suceden alternativamente la unidad y la disgregación.

Junto con los cuatro elementos; señala dos fuerzas cósmicas eternas y antagónicas: el A m or (Έρως, φιλία, φιλότης, στοργή) y el Odio (Νεϊκοζ); que actúan sobre aquéllos; agrupándolos o disgregándolos alternativamente;

en un proceso cíclico dominado por el «vasto y antiguo juramento de la intolerable necesidad».

De la mezcla (μίξις) y de la separación (διάλλαξις) de los elementos; en virtud de la acción del Amor y del Odio; resultan todas las cosas, las cuales se mudan incesantemente; pero permaneciendo inmutable la ley que rige el desarrollo cíclico.

c) Fases del desarrollo cíclico.

El ciclo del Gran Año dura 30.000 años; o sea tres veces 10.000 años, sucediéndose alternativamente el predominio del Amor y del Odio.

1.° Predominio del Amor (Unidad).

Durante él los elementos se mantienen unidos y mezclados dentro del Ser, uno, eterno, imperecedero, finito, limitado, inmóvil, homogéneo; sin

distinción de partes ni vacío interior; redondo y compacto como una Esfera (σφαϊρος).

Son caracteres idénticos a los que Parménides asignaba al Ser.

2.º Principio de la disgregación.

Se inicia con la lucha del Odio contra el Amor.

De aquí resulta la pluralidad de las cosas.

Pero no se llega a la disgregación completa; porque continúa actuando la fuerza cohesiva del Amor.

En primerlugar, de la unidad del Sphairos se separa una pequeña porción;

que queda dentro de él, y constituye el Cosmos.

Dentro del Cosmos esférico se van separando las distintas partes: primero

el Eter y después el Aire y el Fuego; los cuales suben hacia arriba formando el Cielo y los astros; que se sostienen sin necesidad de esferas; y que están impulsados por un movimiento de rotación en torbellino, causado por la lucha entre el Odio y el Am or.

Hay un Sol celeste, del cual solamente percibimos el reflejo, y cuya hija es la Luna.

Las estrellas fijas están sujetas en la bóveda cristalina; formada por el aire y el fuego.

Después se separaron la Tierra y el Agua; que van hacia abajo, y constituyen la Tierra, la cual ocupa el centro del Cosmos; y está sostenida por presiones que actúan sobre ella desde todas partes.

El mar es el «sudor de la Tierra».

3.º Triunfo de la Discordia.

Con el predominio del Odio se llega a la separación completa de los elementos.

De esta manera el Odio o la Discordia es el principio de la m ultiplicación

de las cosas (Heráclito).

«Si no hubiese Discordia entre las cosas, todas serían uno.

Pero interviene la Discordia, y de ella proviene todo, excepto el Uno».

4.º Triunfo del Amor.

Si el Odio hubiese triunfado por completo, una vez desunidas todas las cosas, se llegaría a la disgregación total.

Pero interviene Afrodita y «se instala en el centro mismo del torbellino»; realizando nuevas uniones parciales; de las cuales resultan todos los seres.

«Después que la Tierra echó el ancla en el puerto seguro de Afrodita; y se

encontraron el fuego, el agua y el aire luminoso; casi en las mismas proporciones, o bien en cantidad poco mayor o menor; de aquí nacieron la sangre y las demás clases de carne».

«Después crece el Todo y se hace de muchas cosas una sola; y del uno se dividen muchos seres».

«Si tu fe permanece todavía dudosa acerca de esto; a saber, cómo mezclándose agua, tierra, aire y fuego; han podido nacer tantas formas y tantos colores de cosas mortales cuantas han nacido por obra del Amor».

d) Todo resulta de la unión o separación de los elementos.

No hay nacimiento ni muerte; sino solamente mezcla o separación de los elementos.

Lo semejante se une con lo semejante; como se agrupan volando las aves de la misma especie.

Primeramente se formaron los árboles, que se alimentan de la tierra.

El frío atrae las raíces hacia dentro, y el calor del sol

hace subir los tallos; y los troncos hacia arriba.

Después, por obra del Amor; se unieron las diversas partes de los animales — cabezas, brazos, piernas, etc.—; que habían sido formadas por separado y en desorden por la Discordia.

Primeramente se unieron al azar; de donde resultó una serie de monstruos -bueyes con rostro humano, animales de innumerables brazos y pies, con dos caras— o seres mitad hombres y mitad mujeres.

Pero, finalmente, en virtud de una mezcla proporcionada de elementos; fueron apareciendo las especies normales.

«De estas mezclas resultan innumerables especies de mortales de todas clases y formas; una maravilla digna de contemplarse».

No cabe interpretar esta extraña teoría de Empédocles como un esbozo de evolucionismo.

El sentido literal es muy distinto.

No se trata de evolución dentro de la misma línea, sino de mezclas al azar de elementos dispersos; formados por la Discordia y agrupados por el Amor.

Del predominio alternativo del Odio y del Amor procede la pluralidad de los seres.

Pero todos ellos retornan a la Unidad; conforme a un ciclo fatal y

necesario; hasta que vuelve a reanudarse la disgregación (Heráclito).

3. Antropología.

El hombre se compone de una mezcla proporcionada de los cuatro elementos.

Las partes sólidas, de tierra; las líquidas, de agua; el alma, de fuego y de aire.

«Nace cuando se mezclan los elementos y muere cuando se separan; aunque los términos «nacimiento» y «muerte» son impropios».

La salud depende de la armonía (κρασιs) de los cuatro elementos en la sangre; que Empédocles considera sagrada, y que, por lo tanto, prohíbe comer ni beber.

Empédocles, como médico, practicó la disección anatómica y realizó curiosas observaciones.

De él procede una escuela de médicos sicilianos, entre los que se cuentan Filistión de Locres e Hippón de Samos.

Explica la sensación en virtud del principio de que lo semejante

conoce lo semejante.

Podemos percibir las cosas porque estamos compuestos de los cuatro elementos.

«Con la tierra miramos la tierra, con el aire el aire divino, con el fuego

el fuego devorador, con el amor el amor y con la discordia la

funesta discordia».

En los órganos de los sentidos entran los cuatro elementos.

El ojo está constituido por un fuego muy tenue; envuelto y protegido por una membrana horadada de poros muy pequeños; a través de los cuales penetran los efluvios procedentes de las cosas.

De manera semejante explicaba las sensaciones de los demás órganos.

La piel está también llena de poros, a través de los cuales se realiza la respiración cutánea.

En esos poros penetran alternativamente la sangre y el aire.

La sangre, en la cual están mezclados los cuatro elementos; es la sede de la sensación.

Si se le saca la sangre a un animal; se le quita la vida, el movimiento y la sensación.

La sangre que rodea el corazón es el centro de la vida; del alma y del pensamiento.

Una alusión al hilozoísmo universal se halla en el fragmento en que dice: «todas las cosas tienen entendimiento y pensamiento».

Empédocles distinguía entre alma orgánica, mortal, y demonio divino, que es inmortal.

Las almas, una veces andan vagando por los espacios y otras se encarnan en cuerpos materiales (pitagorismo).

4. Concepto de Dios en la «Física».

En su primer poema; Empédocles tiene un concepto de lo «divino» semejante al de los filósofos anteriores.

Lo «divino» y la «Naturaleza» son una misma cosa; identificándose con la plenitud de la materia cósmica; con el «Esfero» redondo y eterno.

En términos muy semejantes a Jenófanes; rechaza el antropomorfismo: «Ni ésa (la divinidad) domina los otros miembros con una cabeza que se asemeje a la cabeza humana; ni de sus espaldas descienden dos ramos (brazos); ni tiene pies, ni veloces rodillas, ni órganos de la generación».

«Y sabe esto con certeza, porque has escuchado la palabra de la divinidad».

II El poema de las «Purificaciones» (Καθαρμοί).

El segundo poema tiene un carácter muy distinto.

En él se dirige Empédocles a sus amigos de Akragas; lo cual da a entender que escribe desde el destierro.

Se presenta, no como un simple filósofo; sino como un taumaturgo divino, dotado de poderes maravillosos.

1. Orfismo.

En este poema aparecen muchos elementos característicos del orfismo; y del pitagorismo: la preexistencia de las almas, el pecado, la caída del hombre de un estado celeste feliz; la descendencia divina, el pesimismo sobre la

existencia miserable del hombre, envuelto en la «túnica» de su cuerpo; la transmigración de las almas; la tendencia moral, las purificaciones, la divinización, la abstención de ciertos alimentos; como las habas, el laurel; y los sacrificios cruentos de animales.

Es probable que Empédocles no esté influido por los órficos; sino por los pitagóricos, ya que faltan en él muchos elementos propios del orfismo; como la omofagia, la expulsión de los elementos titánicos, la idea de la redención; y concibe el alma (ser celeste) encerrada; no en una tumba, sino dentro de una túnica, que es su cuerpo.

2. Pesimismo ; el estado feliz primitivo.

En las «Purificaciones domina un concepto pesimista de la existencia actual.

El alma, caída del estado feliz primitivo; se encuentra lejos de su patria; encerrada en un cuerpo material, en un país extraño; dominado por la Discordia y por las luchas sangrientas.

Las descripciones de Empédocles; más que a las creencias órficas; responden a la Edad de oro cantada por los antiguos poetas.

3. La transmigración.

La infelicidad del estado presente se agrava con la transmigración de las almas; que andan vagando de unos cuerpos en otros con sujeción a ciclos más o menos prolongados.

La transmigración tiene el carácter de una ley expiatoria inevitable; regida por la Necesidad.

«Mientras estéis encadenados por pecados graves no podréis libertaros de los dolores acerbos».

«Hay un edicto de la Necesidad; un decreto antiguo de los dioses, eterno y

sellado por grandes juramentos.

Si alguno perpetra el crimen de manchar sus miembros con un asesinato; o se hace responsable de un perjurio; (hablo) de los demonios, a los cuales les corresponde una larga vida; éste deberá ser desterrado lejos de los bienaventurados durante tres veces diez mil años; tomando según el tiempo formas variadas de mortales; a lo largo de los diferentes senderos de una vida dolorosa.

Porque una fuerza etérea los arroja hacia el mar; el mar, a su vez, los escupe sobre las riberas de la tierra; la tierra hacia los rayos del sol resplandeciente, y éste los devuelve al torbellino del éter.

Cada uno los recibe del otro, todos tienen horror de ellos.

Yo mismo soy al presente uno de ellos, desterrado y errando lejos de los

dioses por haber confiado en la loca Discordia».

Por esta razón condena Empédocles los sacrificios sangrientos; y el comer carne de animales, pues es exponerse a dar muerte y comer alguna persona de la familia.

4. La liberación.

Las «Purificaciones» terminan con una doctrina de la salvación.

Aunque Empédocles no describe sus etapas en pormenor; el retorno a la felicidad primitiva, a la unidad y al reino del Amor; no se realiza, como en el orfismo, mediante la omofagia, la iniciación y la expulsión de los elementos titánicos, sino de una manera más natural.

La primera etapa purificatoria para la liberación de las transmigraciones;

pudiera ser: «Al final llegan a ser adivinos, poetas de himnos y médicos, y éstos son los primeros entre los hombres que habitan la tierra; de aquí

germinan y florecen los dioses colmados de honores».

La segunda sería llegar al estado de héroes.

Y la final, la deificación o divinización; a la que él mismo afirma haber llegado; «¡Oh amigos, vosotros que habitáis cerca de la acrópolis, la gran ciudad junto al flavo Akragas, cuidadoso de las buenas acciones; vosotros, puertas abiertas a los extranjeros, ignorantes del vicio, salud! Yo soy para vosotros un dios inmortal, y ya no un mortal, cuando circulo entre todos, honrado como merezco, con la cabeza ceñida de cintillas y de coronas

floridas. Los hombres y mujeres que me acompañan en las ciudades florecientes me tributan honores divinos y los que me siguen a millares me preguntan por el camino que conviene seguir. Unos desean la explicación de los oráculos. Otros, recetas favorables para diversas enfermedades, porque desde hace mucho tiempo están afligidos por penosos dolores».

Pero la salvación no tiene carácter universal.

De ella quedan excluidos los grandes malhechores, quienes tardarán largo tiempo en poderla conseguir.

Tampoco será un estado definitivo, pues está sujeta al ciclo periódico de las cosas; en que todas se destruyen y vuelven a la Unidad; con el predominio del Amor, hasta que toque volver a predominar la Discordia.

5. El Dios de las «Purificaciones».

Tiene un carácter más espiritual que el de la Física.

«No es posible acercarse a la divinidad; de suerte que se la vea con los ojos y se la toque con las manos».

Dios es un «espíritu sagrado e inefable, que penetra el mundo entero con el pensamiento veloz».

De él se deriva «una ley que se extiende por el amplio éter; y por las

infinitas luces celestes».

«Feliz el que ha adquirido un tesoro de pensamientos divinos; y mísero el que tiene pensamientos oscuros acerca de los dioses».

De ese Dios proceden, por obra de la Discordia, todos los demás dioses, los demonios y todas las cosas.

«Todos los miembros del dios se agitaron sucesivamente».

 

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