El atomismo: Leucipo y Demócrito.


LEUCIPO (h.430).

 

El atomismo fue introducido de forma rudimentaria por Leucipo y su discípulo Demócrito; carecemos de datos acerca de la vida del primero.

Algunos críticos han llegado a dudar de su existencia.

Pero Aristóteles y Teofrasto lo consideran como fundador de la escuela atomista.

Nació probablemente en Mileto; aunque otros lo hacen natural de Elea, o de Abdera; colonia jónica de Tracia, donde fundó su escuela.
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Teofrasto lo cree discípulo de Parménides, y Diógenes Laercio, de Zenón.

Es probable que escribiera dos obras: la Gran ordenación del Cosmos (Μέγας διάκοσμος); y otra sobre la Mente (ττερί voö); pero integradas en el siglo IV, junto con las obras de Demócrito, en una especie de «Corpus» de la escuela atomista; es difícil discernir lo que corresponde a cada uno.

Leucipo formuló las ideas fundamentales del sistema atomista; y Demócrito

lo perfeccionó; ampliándolo con aplicaciones psicológicas y morales.

 

DEMOCRITO (h.420).

 

Natural de Abdera.

Se le atribuyen largos viajes, habiendo estado en Atenas; donde pasó

inadvertido.

Famoso por su longevidad, pues rebasó los cien años (ύπέργηρον).

Su sonrisa continua fue proverbial en la antigüedad (γελασίνος).

Se dice que para no reírse de todo, al fin de su vida se sacó los ojos.

Sucedió a su maestro Leucipo en la dirección de la escuela de Abdera.

Fue escritor elegante y fecundo.

Diógenes Laercio menciona noventa obras; que en la época alejandrina fueron distribuidas en trece tetralogías por el gramático Trasyllos.

Quedan fragmentos de la Pequeña ordenación del Cosmos (Μικρός διάκοσμος); Tritogeneía (sobre Moral), De las Formas, Del Entendimiento, Del buen ánimo, Preceptos, etc.

Demócrito no pertenece cronológicamente a los presocráticos.

Fue contemporáneo, y al parecer rival de Platón; el cual, aunque conoció sus obras, nunca lo menciona.

 

La Doctrina Atomista.

 

La escuela atomista ofrece una solución nueva al problema de la unidad del ser y de la pluralidad de las cosas.

Aunque en su concepto del mundo entran elementos procedentes de los milesios; de los eléatas, de los pitagóricos, de Heráclito y Empédocles;

no obstante, su visión de la realidad es destacadamente distinta; pudiendo considerarse como una anticipación genial de las modernas teorías acerca de la constitución de la materia.

 

1. Física.

 

En el principio existían, separadamente, el Ser material lleno, formando

una masa compacta e indistinta; el Gran Vacío, o el no-Ser, y el Movimiento eterno.

El Vacío, impulsado por el movimiento; penetró en el Ser, disgregándolo en infinitos corpúsculos indivisibles (άτόμοι); no sólo por su dureza, sino también por su pequeñez; llenos (ττληρες), sólidos, compactos (ναστά, ναστόν); homogéneos, cualitativamente idénticos, impasibles (ατταθη), inalterables, indestructibles.

Son invisibles por su pequeñez, pero pueden percibirse revoloteando en los rayos del Sol.

Los átomos tienen extensión, volumen y peso.

Unos son mayores que otros, pero todos pesan lo mismo en igualdad de masa, y si unos cuerpos son más ligeros que otros es porque están mezclados de vacío.

Los átomos son el elemento positivo del Ser.

Pero a la vez los atomistas admiten otro elemento negativo (el Vacío, el no-Ser); también real, que desempeña la función de disgregar el Ser, separando los átomos entre sí; y de hacer posible el movimiento, señalando además el lugar de las cosas.

El vacío, mezclado con los átomos; en mayor o menor proporción, es la causa de las diversas cualidades.

El movimiento natural de los átomos es rectilíneo.

Pero al moverse en el espacio vacío chocan entre sí, formando remolinos

(δΐνος); y se desfiguran con los choques, adoptando diversas formas: redondeadas, alargadas, picudas, ganchudas, etcétera.

Los átomos, arrastrados por el torbellino; se mezclan entre sí, en combinaciones infinitas y transitorias, dando origen a infinitos mundos distintos; y a infinitas clases de cuerpos en cada uno.

Los cuerpos se constituyen por agregación de los átomos; y se destruyen por su disgregación.

Pero los átomos mismos son indestructibles e inalterables.

Todos los cuerpos se componen de los mismos elementos, pero se distinguen por su forma, por el orden y por la posición de los átomos.

Para ilustrar esto empleaban la comparación con las letras del alfabeto: las letras A y N se distinguen por su figura; las letras A N y N A por su orden, y las letras H e I por su posición.

El movimiento, los choques, las agrupaciones y separaciones de los átomos están regidos por una ley fatal; inmanente a la misma materia, que obra ciegamente, sin finalidad alguna.

No existe el acaso, la fortuna ni el azar.

Todo sucede por necesidad, en virtud de un movimiento puramente mecánico (αυτόματον); sin intervención de causas extrínsecas, de dioses ni de inteligencias que rijan o dirijan el movimiento.

Demócrito parece defender más bien que los átomos chocan unos con otros al azar.

Pero después el desarrollo de las cosas sigue una ley fija y necesaria.

Los átomos se fueron separando bajo la acción del movimiento.

Los mayores y más pesados quedaron en el centro, formando la Tierra, que tiene forma de un disco cóncavo.

Los más ligeros fueron expulsados hacia el exterior por la presión; formando una especie de membrana transparente, que envuelve cada uno de los mundos y los separa de los demás.

Los átomos están agitados por un violento torbellino, dentro del cual se forman los astros, el Sol y la Luna, los cuales giranen torno a la Tierra, esférica e inmóvil en el centro del mundo.

La Vía Láctea es una agrupación de astros, iluminados por un reflejo del Sol.

Los relámpagos se producen al chocar las nubes entre sí.

 

2. Psicología.

 

El alma es material.

Está compuesta de átomos materiales, esféricos, ígneos, muy sutiles y

móviles en todos los sentidos.

Es el principio de la vida y del movimiento en los animales y en los hombres.

Se alimenta por la respiración de los átomos de fuego esparcidos en el aire.

La muerte sobreviene cuando la cantidad de átomos inspirados es inferior a la de los expelidos.

Entonces el alma se disgrega y desaparece.

Los vivientes provienen, por generación espontánea, del fango, en que se mezcla el agua con la tierra.

La sensación y el conocimiento intelectivo son hechos puramente mecánicos, que se originan por el calor y el movimiento.

Los átomos del alma aislados son insensibles, pero agrupados adquieren sensibilidad.

Se hallan distribuidos por todo el cuerpo, a manera de una red, concentrándose más en los órganos de los sentidos y en el cerebro.

En éste producen la inteligencia; en los sentidos la sensibilidad, en el corazón los afectos, y en el hígado las pasiones.

Un largo fragmento de Demócrito, conservado por Teofrasto, expone el mecanismo de la sensación.

Proviene de los efluvios, imágenes (ειδολα); que se desprenden de

los cuerpos a manera de películas muy sutiles; y que impresionan

nuestros sentidos, penetrando a través de los poros.

Todas las sensaciones se reducen fundamentalmente al choque y al tacto.

Tienen valor objetivo cuando se refieren a la existencia de los cuerpos y a sus cualidades comunes (peso, volumen, figura).

Pero son afecciones puramente subjetivas, cuando se trata de cualidades propias o específicas (color, olor, sabor, etc.); las cuales no se hallan en los cuerpos, sino que resultan en nuestros sentidos de las impresiones

mecánicas producidas por el choque de los átomos.

El sabor dulce proviene de átomos redondos y lisos; el amargo, de átomos ásperos; el ácido, de átomos angulosos y picudos, etc.

Entre sensación e inteligencia no existe diferencia específica; sino sólo de grado.

Pero con la inteligencia podemos discernir lo verdadero (atomismo) de lo falso; y de las opiniones corrientes del vulgo, basadas solamente en las percepciones de los sentidos.

No es preciso observar que en esta psicología puramente materialista; no caben la espiritualidad, la libertad, ni menos la inmortalidad del alma.

 

3. Teología.

 

En este concepto esencialmente materialista de la realidad tampoco queda lugar para un Dios personal y trascendente.

No obstante, los atomistas admiten la existencia de dioses; que moran en los espacios comprendidos entre los distintos mundos; y que viven felices, sin preocuparse lo más mínimo de los hombres.

Los dioses están también compuestos de átomos; más perfectos que los que constituyen los seres terrestres, y son merecedores de la veneración y del culto de los hombres.

 

4. Etica.

 

En esta ontologia materialista solamente cabe una moral estrictamente limitada a la felicidad en la presente vida, sin norma trascendente de conducta ni sanciones futuras.

A Demócrito se le atribuyen numerosas máximas morales, muchas de ellas muy hermosas, y que revelan una fina observación de la vida humana.

Su autenticidad es discutida.

En el fondo son aforismos de sentido común; cuyo origen se diluye en una tradición cada vez más depurada de sabiduría popular; que se remonta a las fórmulas de la filosofía gnómica; y en que se revela el buen sentido griego de la medida, la euritmia y la proporción, a veces mezclada con un poco de socarronería, fruto de la experiencia.

Demócrito, anticipándose a Epicuro, establece como criterio de conducta el placer: «El placer y el dolor constituyen el criterio de lo útil y de lo perjudicial».

Pero este sentido hedonista; se atenúa por otras máximas en que se prescribe que el placer debe regularse por la razón.

El logos del alma debe presidir toda la actividad práctica del hombre.

Para ello es necesario el esfuerzo y el ejercicio; y sobre todo la moderación, procurando el dominio de sí mismo.

Hay que mantenerse con firmeza en las adversidades; conservando la grandeza de alma.

Refrenar la ambición.

No aspirar a lo inaccesible, sino desear tan sólo lo que podemos alcanzar.

Hay que prever las consecuencias de toda clase de excesos.

El mayor placer consiste en la contemplación de las cosas bellas.

La virtud produce la paz del alma, mientras que el crimen es causa

de turbación y de temor.

Pero no se debe obrar por esto, ni tampoco por la opinión de los demás; sino solamente obedeciendo a la propia conciencia.

De esta manera, se logran la tranquilidad, la paz interior, el buen humor, la serenidad y el optimismo; que constituyen la base de la única felicidad posible en este mundo.

 

5. Política.

 

Las leyes son un mal, pues restringen la libertad de la naturaleza.

Pero son necesarias para obligar a los hombres a obrar bien.

Aunque el sabio no tiene necesidad de ellas, y debe vivir libremente.

Tampoco debe tener familia.

La forma preferible de gobierno es la democracia, pues deja mayor libertad.

El sabio no tiene patria: «Toda la tierra es habitable para el hombre sabio; porque el mundo entero es la patria del alma noble».

Este ideal cosmopolita se hará corriente entre las escuelas posteriores a la expedición de Alejandro.

 

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admin

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