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Aristóteles Trabajos Prácticos

La Felicidad por Tania Silva y Yanina Alvarenga

La Felicidad

La Felicidad
Alumnos de 5º B Turno Tarde, Escuela de Comercio Nº 19 de Eldorado, Misiones

La Felicidad fue el tema elegido por estas alumnas que hoy ya han egresado del secundario, en la Escuela de Comercio Nº  19 de Eldorado, Misiones, Argentina. 

Este 2018 queda marcado en mi espíritu por un grupo de alumnos que con sus distintos caracteres hicieron revisar y replantear los objetivos previstos para la enseñanza de la filosofía.

Con la ingenuidad típica del joven que inicia sus primeros pasos en el mundo de los independientes, con la frescura típica de los adolescentes, escribieron estos informes y con sus autorizaciones los iré subiendo; para compartir lo producido por estos jóvenes.

Notarán que algunos son trabajos interesantes, considerando, que se trataba de un tema libre. Escribir sobre ello sin ninguna estructura; simplemente contar algo.

Luis Dario Barrios

Introducción

 

Durante este ensayo buscamos desarrollar un tema al que jamás, al menos hasta donde nos acordamos, habíamos prestado atención o puesto a investigar: «La felicidad».

 

¿Qué es realmente la felicidad?

 

Muchas personas no saben que significa esta palabra o sentimiento realmente, algunos piensan que es cuando uno se encuentra de buen humor o cuando sucede algo y nos sentimos muy bien al respecto. Fue por eso que elegimos este tema, para tratar de encontrar o hallar el verdadero significado de esta palabra o buscar una posible respuesta a ésta cuestión.

 

Una vez, Aristóteles dijo:

‘Todo hombre tiene derecho a ser feliz porque la felicidad reside en el ocio del espíritu. La verdadera felicidad estriba en el libre ejercicio de la mente. Para llegara ella hay que haber pasado por un mal momento o situación porque sólo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego”

Estas palabras de este gran pensador y filósofo nos dejaron muy sorprendidas. Nunca habíamos visto la felicidad desde un punto de vista tan claro como lo hizo Aristóteles. Suponemos que mientras continuamos investigando sobre este interesante tema vamos a tener la posibilidad de dar una respuesta clara a: ¿Qué es la felicidad?, esperemos que Aristóteles nos guíe para poder hallarla.

 

DESARROLLO:

 

Aristóteles comienza su investigación sobre la felicidad, preguntándose qué es lo que la gente desea. Encuentra que los honores y las riquezas son inadecuados. Señala que el último fin buscado por la gente debe ser uno que es, en primer lugar, suficiente: aquello que en sí mismo hace la vida deseable y que no necesita nada más. En segundo lugar, debe ser final: esto es, deseable por sí mismo y no por otra cosa. En tercer lugar, alcanzable. Sólo la felicidad cumple con estos requisitos. Pero lo que queda por investigar es la naturaleza de la felicidad y cómo alcanzarla.

Una vez que Aristóteles dejó establecido que todos los hombres se proponen alcanzar la felicidad, se dedicó a indagar en qué consiste ésta, para lo cual examinó todas las opiniones emitidas por los pensadores que le precedieron.

La felicidad podría consistir en la fama o la gloria, porque por ella los hombres alcanzan en cierto modo la eternidad. También consistir en la posesión de riquezas. Las riquezas ejercen un fuerte domino sobre el afecto del hombre. Con el dinero se compran casi todas las cosas. Además, mientras más riquezas se poseen, más se desean.

La felicidad podría, entonces, consistir en la posesión del poder, la cosa que más rehuyen los hombres es la servidumbre, a la cual se contrapone el poder, luego el poder de gobernar a los demás es un bien. El poder no es un bien perfecto porque es ‘’incapaz de ahuyentar la angustia de las preocupaciones ni evitar los aguijones del miedo».

 

CONCLUSIÓN: ¿En qué consiste entonces la felicidad?

 

La felicidad es el bien más final que pueda existir; aquello que es apetecible siempre por sí y jamás por otra cosa. La felicidad es algo autosuficiente porque el bien final debe bastarse a sí mismo.

por Tania Silva y Yanina Alvarenga

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Sócrates

Doctrina de Sócrates.

Doctrina de Sócrates.

 

Sócrates, conversador incansable, no escribió nada ni expuso su doctrina en forma sistemática; sino circunstancialmente, conforme se presentaba la ocasión.

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Sócrates

El Método de Sócrates.

El Método de Sócrates.

método socrático

Como método, por contraste con los ampulosos discursos de los retóricos; Sócrates adoptó el diálogo, que en la ense­ñanza tiene la ventaja de hacer más íntima la comunicación entre maestro y discípulo; y en la controversia la de desconcertar al adversario, rompiendo el hilo de los largos períodos artificiosamente preparados y aprendidos de memoria.

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La Sofística Sócrates

Sócrates y los sofistas.

Sócrates y los sofistas.

Sócrates y los Sofistas

Es bastante tratada la relación entre Sócrates y los Sofistas; aunque fue adversario decidido de los sofistas, a quienes consideraba como unos de los principales causantes de la decadencia de Atenas; no deja de tener con ellos algunas semejanzas exteriores, que ocasionaron la confusión que le costó la vida.

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Sócrates

Fuentes adversas y favorables sobre Sócrates.

 

fuentes socráticas

Referente a las fuentes sobre Sócrates, es importante decir que la figura de Sócrates es enigmática e inquisidora, en busca de una pretendida objetividad veremos las fuentes adversas y favorables acerca de sus características.

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Sócrates

¿Quién fue Sócrates?

¿Quién fue Sócrates?

Quien fue Sócrates

La juventud de Sócrates (470/469-399) coincide con el esplendor de la Atenas de Pericles.

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La Sofística

Algunos Sofistas menos conocidos.

Algunos Sofistas menos conocidos.

 

Protágoras y Gorgias

HIPPIAS DE ELIS

Entre los sofistas se encuentra Hippias (2.a mitad del s.V); natural de Elis.
Visitó Atenas hacia el 421.

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La Sofística

GORGIAS, el gran orador.

GORGIAS, el gran orador.

Protágoras y Gorgias

Gorgias (h.444-1); natural de Leontinoi, colonia de Chalcis, en Sicilia.
Fue enviado a Atenas como embajador en 427 para solicitar ayuda contra los siracusanos, dejando a los atenienses admirados con su elocuencia.

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La Sofística

PROTAGORAS, padre de la sofística.

PROTAGORAS, padre de la sofística.

Protágoras

 

Protagoras (h.444-1), fue natural de Abdera; se dice que fue educado por los «magos» que acompañaban a Jerjes.

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filosofía antigua La Sofística Período Socrático

Los Sofistas griegos

Los Sofistas Griegos

Los Sofistas griegos

1. Causas políticas y sociales.

Los Sofistas surgen después de las guerras médicas; y de las victorias de Maratón (490); Platea (480) y Salamina (479), Atenas se convierte en cabeza de una poderosa liga política: y en centro de la vida comercial; y cultural de Grecia, alcanzando el apogeo de su grandeza bajo Pericles (499-429).

El predominio de la aristocracia fue sustituido por un régimen democrático; en el cual los ciudadanos podían hacer oír su voz en el ágora e intervenir en los debates públicos.

Con esto el arte de la palabra, el brillo de la oratoria; y el manejo de la dialéctica para la discusión adquieren gran importancia en un pueblo artista, amante del bien decir.
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La Retórica se convertía en una formidable arma política; que aseguraba los éxitos más brillantes a quienes sabían servirse de ella en la plaza pública y ante los jurados.

La educación tradicional, a base de música, rítmica y gimnástica; resultaba insuficiente para preparar a quienes deseaban intervenir de manera eficaz en la palestra política.

Se sentía la necesidad de una formación más amplia, acompañada de un dominio exacto del lenguaje; y de la flexibilidad y agudeza dialéctica necesarias para derrotar al adversario.

Esta es una de las razones que explican la entusiasta acogida que tuvieron los sofistas; maestros ambulantes de retórica, que con sus viajes habían adquirido gran experiencia del mundo; y que enseñaban a manejar los recursos persuasivos de la palabra pública.

Su éxito fue extraordinario, aunque suscitaron reacciones opuestas.

Entre la juventud ateniense, ambiciosa de «llegar», a la cual «fascinaban con la voz, como Orfeo» sus brillantes discursos; y sus métodos de educación produjeron el mayor entusiasmo; mientras que fueron recibidos con creciente hostilidad por los partidarios del antiguo régimen conservador y aristocrático.

Cuando poco más tarde se vio Atenas enredada con la desgraciada guerra del Peloponeso; al reflexionar sobre las causas de su decadencia.

2. Causas de orden filosófico.

La preponderancia de Atenas fue también causa de que se convirtiese en un centro de confluencia de las escuelas filosóficas; que hasta entonces se habían mantenido alejadas de la metrópoli.

El choque de ideas, característico de la época presocrática; el contraste entre tantas opiniones divergentes públicamente discutidas; las deficiencias doctrinales; cuando ni los conceptos ni la nomenclatura filosófica estaban todavía suficientemente elaborados para abordar temas tan complejos; acabaron por crear un ambiente adecuado para la actitud relativista que constituirá en gran parte el fondo de la sofística.

La palabra «sofista» (σοφιστής) es empleada en sentido elogioso por los escritores del siglo V.

Píndaro llama sofistas a los poetas.

Herodoto aplica el mismo calificativo a los Siete Sabios, a Pitágoras y a Solón.

Pero a partir de la guerra del Peloponeso adquiere un sentido peyorativo y desfavorable.

Aristófanes traza en las Nubes la caricatura del sofista, haciendo resaltar su habilidad para pronunciar un discurso justo y otro injusto sobre el mismo tema. Jenofonte critica su venalidad, definiéndolos como comerciantes de la sabiduría.

Platón pone de relieve su vanidad, «cazadores interesados de gentes ricas, vendedores caros de ciencia no real, sino aparente».

Aristóteles los califica de «traficantes en sabiduría aparente, pero no real».

Verdad es que apenas conocemos la sofística más que a través de sus enemigos.

Algunos autores del siglo pasado iniciaron un intento de rehabilitación.

Pero aunque no pueden negarse sus méritos en algunos aspectos, sin embargo parece que los perjuicios que ocasionaron fueron mayores y que los elementos conservadores ele Atenas tenían justificados motivos de alarma.

En Filosofía la sofística, representa una crisis, en que la ciencia corrió el peligro de petrificarse, convirtiéndose en utilitarismo y en retórica vacía.

3. Caracteres generales.

Los sofistas no constituyen una escuela filosófica, antes bien, siguen direcciones muy variadas y hasta opuestas.

No obstante, tienen las suficientes afinidades para permitir agruparlos bajo una rubrica común; en cuanto que representan un movimiento con caracteres propios y netamente distintos de los filósofos anteriores.

a) Relativismo.

A diferencia de los filósofos del período anterior, preocupados por buscar un principio estable; y permanente debajo de las mutaciones incesantes de las cosas, los sofistas se fijan más bien en la impermanencia y la pluralidad.

Nada hay fijo ni estable.

Todo se muda y todo cambia.

Las esencias de las cosas son variables y contingentes.

b) Subjetivismo.

No existe verdad objetiva.

Las cosas son como a cada uno le aparecen.

El hombre es la medida de las cosas.

c) Escepticismo.

Los sofistas plantean con caracteres agudos el problema crítico del valor de nuestro conocimiento, adoptando una actitud negativa.

No podemos conocer nada con certeza.

d) Indiferentismo moral y religioso.

Si las cosas son como a cada uno le aparecen, no hay cosas buenas ni malas en sí mismas; pues no existe una norma trascendente de conducta.

En religión, la actitud de los sofistas llegaba con frecuencia al ateísmo, o por lo menos al indiferentismo.

e) Convencionalismo jurídico.

Acentúan la contraposición entre ley y naturaleza (νόμοξ – φύσι$).

No existen leyes inmutables.

Las leyes no tienen fundamento en la naturaleza ni han sido establecidas por los dioses, sino que son simples convenciones de los hombres para poder vivir en sociedad.

Fuera de ésta, los hombres no tienen más ley que la «natural» (φύσΐξ) de sus instintos.

Algunos, como el Trasimaco del De República, exageran esta ley «natural»; hasta llegar a proclamar la fuerza como único derecho, en que los que más pueden prevalecen sobre los más débiles.

f) Oportunismo político.

Si no hay nada justo ni injusto en sí mismo, todos los medios son buenos para conseguir el fin que cada uno se propone.

La elocuencia es el arte de la persuasión, y, aunque indiferente en sí misma, puede emplearse indistintamente para el bien o para el mal, haciendo buena la mala causa.

g) Utilitarismo.

Más que a servir al Estado enseñaban a emplear sus medios para el servicio de los intereses particulares, utilizando para ello el arte de mover los sentimientos y las pasiones.

h) Frivolidad intelectual.

Más que filósofos deben ser considerados como prestidigitadores intelectuales, que encubrían la vacuidad de su pensamiento con una pirotecnia verbalista de relumbrón.

Tenían una confianza ilimitada en el poder de la palabra.

«Con la palabra se fundan las ciudades, se hacen los puertos, se impera al ejército y se gobierna el Estado».

i) Venalidad.

Era uno de los reproches que más les echaban en cara sus enemigos.

A los atenienses, que aborrecían todo trabajo retribuido, les resultaban por lo menos extraños aquellos extranjeros que vendían sus lecciones por dinero.

Platón los califica de «mercaderes ambulantes de golosinas del alma»

j) Humanismo.

Con las debidas salvedades, en cierto modo se les puede comparar con los humanistas del siglo XV; por su adoración hacia la palabra bella, descuidando el fondo y el contenido formal.

Centraban su interés en los problemas humanos.

Pero no se preocupaban del hombre en cuanto tal, sino más bien del hombre político; y de los problemas prácticos relacionados con la polis y la vida del Estado.

k) Su finalidad.

No era especulativa, sino eminentemente práctica.

Su marcado escepticismo les impedía interesarse por el saber en cuanto tal.

Se proponían ante todo educar a la juventud en orden a conseguir fines políticos, a formar hombres de Estado, ganar pleitos, conquistar puestos, triunfar en los negocios, sin reparar demasiado en la elección de medios.

 

4. Méritos.

En Filosofía se les debe el haber roto el excesivo exclusivismo con que hasta entonces se centraba el interés de los filósofos en torno al problema de la Naturaleza, haciéndolo derivar hacia una reflexión sistemática de los problemas humanos.

Haber perfeccionado la Dialéctica y planteado el problema crítico del valor del conocimiento, desarrollando las actitudes implícitas en los presocráticos, aunque en su solución derivan hacia el subjetivismo y el escepticismo.

En Política contribuyen a ampliar el concepto de ley, demasiado estrecho y particularista hasta entonces.

Elaboraron el concepto de justicia.

Pusieron de relieve la diversidad y el relativismo de las leyes civiles, propias de cada ciudad, subrayando la contraposición entre naturaleza (φύσις), ley (νόμος) y pacto (θέσις), en las que se basan, respectivamente, el derecho natural, el legal y el convencional.

Su concepto de naturaleza común a todos los hombres sirvió para dar a la ley un carácter más universalista.

Los sofistas se presentaban ante todo como educadores, como maestros de sabiduría y de virtud ciudadana (ττολιτική άρετή).

En la educación introdujeron un ideal pedagógico más amplio y completo que el tradicional, sacándolo de los moldes demasiado estrechos de la antigua formación gimnástica y rítmica.

Su concepto de Retórica no se refería solamente a la forma exterior de los discursos ni a su armazón lógica interna, sino que implicaba una formación cultural enciclopédica, suficiente para preparar a los jóvenes a intervenir con éxito en los debates públicos y en el gobierno del Estado.

Aunque asentado sobre bases filosóficas poco sólidas, en realidad su ideal de educación fue beneficioso y acabó por prevalecer sobre el antiguo.

En Gramática, la importancia concedida a la palabra contribuyó a afinar y perfeccionar el uso del lenguaje y del arte oratorio.

Bien es verdad que su uso desmedido y poco escrupuloso implicaba le peligro demasiado real de derivar hacia el puro virtuosismo y de convertirse en verbalismo y charlatanería.

Mas, a pesar de estos méritos, los retratos que de ellos hicieron sus adversarios destacando su vanidad, su venalidad, su orgullo y vacuidad intelectual no deben considerarse como simples caricaturas.

Sus escritos se han perdido en su mayor parte.

Pero su contribución positiva no fue demasiado importante comparada con el avance gigantesco que pocos años más tarde va a dar la Filosofía por obra de los tres grandes genios, Sócrates, Platón y Aristóteles.

 

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