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La Sofística Sócrates

Sócrates y los sofistas.

Sócrates y los sofistas.

Sócrates y los Sofistas

Es bastante tratada la relación entre Sócrates y los Sofistas; aunque fue adversario decidido de los sofistas, a quienes consideraba como unos de los principales causantes de la decadencia de Atenas; no deja de tener con ellos algunas semejanzas exteriores, que ocasionaron la confusión que le costó la vida.

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La Sofística

Algunos Sofistas menos conocidos.

Algunos Sofistas menos conocidos.

 

Protágoras y Gorgias

HIPPIAS DE ELIS

Entre los sofistas se encuentra Hippias (2.a mitad del s.V); natural de Elis.
Visitó Atenas hacia el 421.

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La Sofística

GORGIAS, el gran orador.

GORGIAS, el gran orador.

Protágoras y Gorgias

Gorgias (h.444-1); natural de Leontinoi, colonia de Chalcis, en Sicilia.
Fue enviado a Atenas como embajador en 427 para solicitar ayuda contra los siracusanos, dejando a los atenienses admirados con su elocuencia.

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La Sofística

PROTAGORAS, padre de la sofística.

PROTAGORAS, padre de la sofística.

Protágoras

 

Protagoras (h.444-1), fue natural de Abdera; se dice que fue educado por los «magos» que acompañaban a Jerjes.

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filosofía antigua La Sofística Período Socrático

Los Sofistas griegos

Los Sofistas Griegos

Los Sofistas griegos

1. Causas políticas y sociales.

Los Sofistas surgen después de las guerras médicas; y de las victorias de Maratón (490); Platea (480) y Salamina (479), Atenas se convierte en cabeza de una poderosa liga política: y en centro de la vida comercial; y cultural de Grecia, alcanzando el apogeo de su grandeza bajo Pericles (499-429).

El predominio de la aristocracia fue sustituido por un régimen democrático; en el cual los ciudadanos podían hacer oír su voz en el ágora e intervenir en los debates públicos.

Con esto el arte de la palabra, el brillo de la oratoria; y el manejo de la dialéctica para la discusión adquieren gran importancia en un pueblo artista, amante del bien decir.
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La Retórica se convertía en una formidable arma política; que aseguraba los éxitos más brillantes a quienes sabían servirse de ella en la plaza pública y ante los jurados.

La educación tradicional, a base de música, rítmica y gimnástica; resultaba insuficiente para preparar a quienes deseaban intervenir de manera eficaz en la palestra política.

Se sentía la necesidad de una formación más amplia, acompañada de un dominio exacto del lenguaje; y de la flexibilidad y agudeza dialéctica necesarias para derrotar al adversario.

Esta es una de las razones que explican la entusiasta acogida que tuvieron los sofistas; maestros ambulantes de retórica, que con sus viajes habían adquirido gran experiencia del mundo; y que enseñaban a manejar los recursos persuasivos de la palabra pública.

Su éxito fue extraordinario, aunque suscitaron reacciones opuestas.

Entre la juventud ateniense, ambiciosa de «llegar», a la cual «fascinaban con la voz, como Orfeo» sus brillantes discursos; y sus métodos de educación produjeron el mayor entusiasmo; mientras que fueron recibidos con creciente hostilidad por los partidarios del antiguo régimen conservador y aristocrático.

Cuando poco más tarde se vio Atenas enredada con la desgraciada guerra del Peloponeso; al reflexionar sobre las causas de su decadencia.

2. Causas de orden filosófico.

La preponderancia de Atenas fue también causa de que se convirtiese en un centro de confluencia de las escuelas filosóficas; que hasta entonces se habían mantenido alejadas de la metrópoli.

El choque de ideas, característico de la época presocrática; el contraste entre tantas opiniones divergentes públicamente discutidas; las deficiencias doctrinales; cuando ni los conceptos ni la nomenclatura filosófica estaban todavía suficientemente elaborados para abordar temas tan complejos; acabaron por crear un ambiente adecuado para la actitud relativista que constituirá en gran parte el fondo de la sofística.

La palabra «sofista» (σοφιστής) es empleada en sentido elogioso por los escritores del siglo V.

Píndaro llama sofistas a los poetas.

Herodoto aplica el mismo calificativo a los Siete Sabios, a Pitágoras y a Solón.

Pero a partir de la guerra del Peloponeso adquiere un sentido peyorativo y desfavorable.

Aristófanes traza en las Nubes la caricatura del sofista, haciendo resaltar su habilidad para pronunciar un discurso justo y otro injusto sobre el mismo tema. Jenofonte critica su venalidad, definiéndolos como comerciantes de la sabiduría.

Platón pone de relieve su vanidad, «cazadores interesados de gentes ricas, vendedores caros de ciencia no real, sino aparente».

Aristóteles los califica de «traficantes en sabiduría aparente, pero no real».

Verdad es que apenas conocemos la sofística más que a través de sus enemigos.

Algunos autores del siglo pasado iniciaron un intento de rehabilitación.

Pero aunque no pueden negarse sus méritos en algunos aspectos, sin embargo parece que los perjuicios que ocasionaron fueron mayores y que los elementos conservadores ele Atenas tenían justificados motivos de alarma.

En Filosofía la sofística, representa una crisis, en que la ciencia corrió el peligro de petrificarse, convirtiéndose en utilitarismo y en retórica vacía.

3. Caracteres generales.

Los sofistas no constituyen una escuela filosófica, antes bien, siguen direcciones muy variadas y hasta opuestas.

No obstante, tienen las suficientes afinidades para permitir agruparlos bajo una rubrica común; en cuanto que representan un movimiento con caracteres propios y netamente distintos de los filósofos anteriores.

a) Relativismo.

A diferencia de los filósofos del período anterior, preocupados por buscar un principio estable; y permanente debajo de las mutaciones incesantes de las cosas, los sofistas se fijan más bien en la impermanencia y la pluralidad.

Nada hay fijo ni estable.

Todo se muda y todo cambia.

Las esencias de las cosas son variables y contingentes.

b) Subjetivismo.

No existe verdad objetiva.

Las cosas son como a cada uno le aparecen.

El hombre es la medida de las cosas.

c) Escepticismo.

Los sofistas plantean con caracteres agudos el problema crítico del valor de nuestro conocimiento, adoptando una actitud negativa.

No podemos conocer nada con certeza.

d) Indiferentismo moral y religioso.

Si las cosas son como a cada uno le aparecen, no hay cosas buenas ni malas en sí mismas; pues no existe una norma trascendente de conducta.

En religión, la actitud de los sofistas llegaba con frecuencia al ateísmo, o por lo menos al indiferentismo.

e) Convencionalismo jurídico.

Acentúan la contraposición entre ley y naturaleza (νόμοξ – φύσι$).

No existen leyes inmutables.

Las leyes no tienen fundamento en la naturaleza ni han sido establecidas por los dioses, sino que son simples convenciones de los hombres para poder vivir en sociedad.

Fuera de ésta, los hombres no tienen más ley que la «natural» (φύσΐξ) de sus instintos.

Algunos, como el Trasimaco del De República, exageran esta ley «natural»; hasta llegar a proclamar la fuerza como único derecho, en que los que más pueden prevalecen sobre los más débiles.

f) Oportunismo político.

Si no hay nada justo ni injusto en sí mismo, todos los medios son buenos para conseguir el fin que cada uno se propone.

La elocuencia es el arte de la persuasión, y, aunque indiferente en sí misma, puede emplearse indistintamente para el bien o para el mal, haciendo buena la mala causa.

g) Utilitarismo.

Más que a servir al Estado enseñaban a emplear sus medios para el servicio de los intereses particulares, utilizando para ello el arte de mover los sentimientos y las pasiones.

h) Frivolidad intelectual.

Más que filósofos deben ser considerados como prestidigitadores intelectuales, que encubrían la vacuidad de su pensamiento con una pirotecnia verbalista de relumbrón.

Tenían una confianza ilimitada en el poder de la palabra.

«Con la palabra se fundan las ciudades, se hacen los puertos, se impera al ejército y se gobierna el Estado».

i) Venalidad.

Era uno de los reproches que más les echaban en cara sus enemigos.

A los atenienses, que aborrecían todo trabajo retribuido, les resultaban por lo menos extraños aquellos extranjeros que vendían sus lecciones por dinero.

Platón los califica de «mercaderes ambulantes de golosinas del alma»

j) Humanismo.

Con las debidas salvedades, en cierto modo se les puede comparar con los humanistas del siglo XV; por su adoración hacia la palabra bella, descuidando el fondo y el contenido formal.

Centraban su interés en los problemas humanos.

Pero no se preocupaban del hombre en cuanto tal, sino más bien del hombre político; y de los problemas prácticos relacionados con la polis y la vida del Estado.

k) Su finalidad.

No era especulativa, sino eminentemente práctica.

Su marcado escepticismo les impedía interesarse por el saber en cuanto tal.

Se proponían ante todo educar a la juventud en orden a conseguir fines políticos, a formar hombres de Estado, ganar pleitos, conquistar puestos, triunfar en los negocios, sin reparar demasiado en la elección de medios.

 

4. Méritos.

En Filosofía se les debe el haber roto el excesivo exclusivismo con que hasta entonces se centraba el interés de los filósofos en torno al problema de la Naturaleza, haciéndolo derivar hacia una reflexión sistemática de los problemas humanos.

Haber perfeccionado la Dialéctica y planteado el problema crítico del valor del conocimiento, desarrollando las actitudes implícitas en los presocráticos, aunque en su solución derivan hacia el subjetivismo y el escepticismo.

En Política contribuyen a ampliar el concepto de ley, demasiado estrecho y particularista hasta entonces.

Elaboraron el concepto de justicia.

Pusieron de relieve la diversidad y el relativismo de las leyes civiles, propias de cada ciudad, subrayando la contraposición entre naturaleza (φύσις), ley (νόμος) y pacto (θέσις), en las que se basan, respectivamente, el derecho natural, el legal y el convencional.

Su concepto de naturaleza común a todos los hombres sirvió para dar a la ley un carácter más universalista.

Los sofistas se presentaban ante todo como educadores, como maestros de sabiduría y de virtud ciudadana (ττολιτική άρετή).

En la educación introdujeron un ideal pedagógico más amplio y completo que el tradicional, sacándolo de los moldes demasiado estrechos de la antigua formación gimnástica y rítmica.

Su concepto de Retórica no se refería solamente a la forma exterior de los discursos ni a su armazón lógica interna, sino que implicaba una formación cultural enciclopédica, suficiente para preparar a los jóvenes a intervenir con éxito en los debates públicos y en el gobierno del Estado.

Aunque asentado sobre bases filosóficas poco sólidas, en realidad su ideal de educación fue beneficioso y acabó por prevalecer sobre el antiguo.

En Gramática, la importancia concedida a la palabra contribuyó a afinar y perfeccionar el uso del lenguaje y del arte oratorio.

Bien es verdad que su uso desmedido y poco escrupuloso implicaba le peligro demasiado real de derivar hacia el puro virtuosismo y de convertirse en verbalismo y charlatanería.

Mas, a pesar de estos méritos, los retratos que de ellos hicieron sus adversarios destacando su vanidad, su venalidad, su orgullo y vacuidad intelectual no deben considerarse como simples caricaturas.

Sus escritos se han perdido en su mayor parte.

Pero su contribución positiva no fue demasiado importante comparada con el avance gigantesco que pocos años más tarde va a dar la Filosofía por obra de los tres grandes genios, Sócrates, Platón y Aristóteles.

 

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