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El mundo ideal y el mundo sensible en Platón

El mundo ideal y el sensible

Entre el mundo ideal y el sensible, existe un estrecho paralelismo.

Pero las relaciones entre ambos plantean un difícil problema que Platón se esfuerza por solucionar, recurriendo a dos teorías que propone y sustituye alternativamente, titubeando entre ambas hasta el fin de su vida.

Son la participación y la imitación, a las cuales hay que añadir otros términos con que trata de explicar las relaciones de las Ideas entre sí y con el mundo sensible: presencia, sostén, adhesión, comunicación, inherencia.

 

Referencias.

 

En el Banquete y en el Fedón las relaciones entre las Ideas y las cosas particulares del mundo sensible se expresan por medio de la participación.

El Fedro, aquí la participación es sustituida por el concepto de imitación.

En el República vuelve a reaparecer la participación.

Pero en el Parménides, Platón somete a una rigurosa crítica ambos conceptos.

La participación sirve para explicar la realidad de las cosas del mundo sensible; pero tiene el grave inconveniente de que compromete la unidad, la homogeneidad, la indivisibilidad y la transcendencia de las Ideas; las cuales serían a la vez unas y múltiples, pues permaneciendo siempre las mismas, darían origen a un número indefinido de participaciones.

A su vez, la teoría de la imitación deja a salvo la naturaleza de las Ideas; pero compromete la realidad de los individuos del mundo sensible, pues no tendrían más realidad que la del no-ser modelado a imagen de las Ideas del mundo superior.

Sus esencias no pasarían de ser imágenes, copias, imitaciones o semejanzas de las verdaderas realidades.

 

En el Sofista trata de conciliar ambas teorías.

La participación se da en el mundo de las Ideas respecto de la Idea suprema de Ser.

Entre las mismas Ideas se dan relaciones de comunicación, de mezcla, semejantes a las que existen en la Dialéctica entre los conceptos.

Las relaciones de las Ideas respecto del, mundo sensible las expresa en términos de imitación.

Este concepto prevalece en los Diálogos de vejez.

Así lo vemos en el Político, donde la imitación prevalece sobre la participación; y en el Timeo, donde toda la obra del Demiurgo es explicada conforme al concepto de imitación; tomando como modelos o ejemplares los arquetipos eternos del mundo ideal.

 

Interpretaciones.

La naturaleza de las Ideas platónicas ha sido interpretada de las maneras más diversas; ARISTÓTELES las entiende como entidades ontológicas, reales, subsistentes, distintas y separadas de las cosas sensibles.

PLOTINO y los neoplatónicos las transformaron en ideas existentes en la Inteligencia procedente del Uno.

NICÓMACO DE GERASA, NUMENIO DE APAMEA, SAN AGUSTÍN, ROSMINI las entienden como arquetipos ejemplares de las cosas existentes en la mente divina.

HEGEL las interpretó en sentido idealista.

NATORP, COHEN y la escuela de Marburg, AUFFARTH, STEWART, C. GUASTELLA, S. MARCK, N. HARTMANN les niegan todo valor ontológico y las interpretan en sentido kantiano, como formas a priori de la mente.

Son hipótesis metodológicas, funciones del conocer, líneas directivas en la investigación de los fenómenos.

BERTINI opina que la entidad de las Ideas no es ontológica, sino mental.

TEICHMÜLLER, siguiendo la orientación inmanentista e idealista hegeliana, deduce de aquí una interpretación en sentido panteísta.

ZELLER, GOMPERZ, WINDELBAND, UEBERWEG, STALLBAUM, PEIPERS, RITTER, BURY les dan un sentido dinámico de fuerzas o causas eficientes, y también como entidades divinas, en cuya cumbre está la divinidad suprema, que es la Idea de Bien.

LUTOSLAWSKI admite varias fases de evolución del pensamiento platónico respecto de las Ideas:

Primeramente, habrían sido formas inmanentes en los seres sensibles.

Después formas transcendentes.

Luego, modelos de las cosas; y, finalmente, conceptos inherentes en la mente humana, correspondientes a los arquetipos existentes en el pensamiento divino.

BRUNSCNVIGC señala el tránsito del conceptualismo socrático al matematismo pitagórico, que acaba por prevalecer con el concepto de las Ideas como números.

Por el contrario, RODIER se niega a reconocer que haya habido evolución de ninguna clase en el pensamiento de Platón.

Algunas de estas interpretaciones no carecen de fundamento.

Pero creemos que de lo que queda expuesto se deduce que el pensamiento de Platón debe entenderse en el sentido de que admite la existencia de dos órdenes distintos y contrapuestos de seres.

Por una parte, el mundo de los seres sensibles, que comprende todo el Universo físico creado por el Demiurgo; y por otra, el supramundo eterno de las Ideas; cuyos caracteres son los siguientes: son entidades trascendentes, perfectísimas, vivientes e inteligentes, incorpóreas, inmateriales, inmutables e incorruptibles, absolutamente puras, homogéneas (dentro de ellas no hay grados de perfección, como se dan en los individuos del mundo sensible, que unos son mayores o menores que otros, más hermosos o más feos, únicas, indivisibles e inmultiplicables, distintas entre sí e inconfundibles, cada una de ellas es perfectísima y absolutamente determinada dentro de su propio orden).

Las Ideas no están en ningún lugar, porque el «lugar», en sentido platónico, implica limitación y no-ser.

Tampoco están en la mente divina, porque en Platón las Ideas son superiores al Demiurgo y a los dioses, que son entidades pertenecientes a un orden inferior.

 

Incursión en el Idealismo.

 

La teoría platónica de las Ideas es un fruto de su vigorosa aspiración hacia el realismo y hacia lo absoluto.

Pero tan extremada, que no sabe mantenerse dentro de los límites de la verdadera realidad; y, como Parménides, incurre, por una paradoja, en el idealismo, resultado de su confusión entre orden lógico y ontológico.

Platón desconfía de los sentidos, los cuales nos dejan confinados en las sombras y en la opinión.

La ciencia solamente se adquiere por la razón y por la inteligencia; que son las únicas facultades que pueden percibir de alguna manera los objetos trascendentes e inmutables del mundo superior.

Pero estas mismas acaban por convertirse en Platón en unos simples auxiliares de la «reminiscencia»; que sirven para excitar el recuerdo de lo que el alma percibió en una existencia anterior.

De esta manera el racionalismo platónico; en virtud de su misma aspiración al realismo, acaba por derivar hacia caminos marcadamente irracionalistas.

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