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Platón

El pensamiento de Platón.

El pensamiento de Platón.

Características del pensamiento.

El pensamiento de Platón resulta desconcertante, si tratamos de interpretarlo conforme al concepto corriente de Filosofía.

Sus Diálogos perduran como cumbre difícilmente superable del arte de bien decir.

Pero cuando tratamos de profundizar en su contenido y de reducirlo a fórmulas escuetas, su aparente diafanidad se convierte en una maraña de problemas y hasta de contradicciones.

Son tantas las dificultades que surgen al querer encerrar en la rigidez de un esquema racional; un pensamiento que es todo vibración, plasticidad y movilidad; que muchos intérpretes han llegado a la convicción de que el platonismo no constituye un sistema.

Los Diálogos serían más bien un conjunto de ensayos, de tentativas, de bellos paisajes mentales; pero sin la pretensión de abarcar la realidad en un panorama completo.

Muchos son los motivos que ofrece el mismo Platón para dar a esa interpretación cierta apariencia de verdad.

El género literario del diálogo, que adopta como forma de expresión filosófica; la incesante movilidad, las continuas variaciones y las múltiples modalidades que reviste su pensamiento a lo largo de una vida fecundísima; ejemplarmente consagrada a la investigación, la dificultad de conciliar entre sí la multiplicidad de elementos de procedencia muy diversa que nos revela el análisis de sus Diálogos, etc.

Pero si prescindimos un poco de esas divergencias, tal vez menos profundas de lo que aparece a primera vista; y tratamos de penetrar en el espíritu de Platón; no es difícil captar una vehemente aspiración, latente desde sus primeros escritos; y que basta para unificar, informar y transformar los elementos más dispares que va incorporando a lo largo de su vida.

Es el anhelo hacia una realidad fija, estable y necesaria por encima de la movilidad, contingencia e impermanencia de los seres del mundo físico.

Esto constituye el principio motor de todo su pensamiento y el núcleo de una representación completa de la realidad.

En virtud de esto el platonismo constituye un sistema, si bien de naturaleza muy particular, construido con elementos muy diversos, muchos de los cuales caen fuera del orden estrictamente racional.

Platón experimenta agudamente la insuficiencia de los conceptos; y de las palabras para expresar lo trascendente, y se esfuerza por suplirla recurriendo a procedimientos menos intelectuales; como son los del sentimiento, del amor, del ascetismo, de los mitos, de la poesía y hasta de la adivinación y de las fábulas.

Todos los caminos le parecen buenos con tal que sirvan para conducirle al término a que aspira llegar; y en el cual considera que todos ellos convergen y se unifican.

La vida entera de Platón es un noble esfuerzo hacia lo absoluto y lo trascendente.

Trata de hallar respuesta a un conjunto de grandes problemas -el ser, la ciencia, la verdad, el sentido de la vida humana…—; los cuales ya venían planteados desde los presocráticos, pero que iluminados por la potencia de su genio adquieren un sentido nuevo y mucho más profundo.

Siente vivamente la estrecha dependencia y la íntima conexión que tienen entre sí esos grandes temas del pensamiento.

Pero, sobre todos ellos predomina el problema moral.

 

Platón no escribió ningún tratado especial de Ética.

Pero toda su filosofía tiene un profundo sentido moral; hasta el punto de que podemos considerarlo ante todo y sobre todo como un moralista.

La filosofía, para Platón, no consiste en una especulación pura y desinteresada, ni en un simple deporte intelectual; sino que es una empresa en que entra en juego el destino final del hombre.

No hay Filosofía sin virtud ni virtud sin Filosofía.

Incluso no sería exagerado afirmar que mientras en todos los demás filósofos la Ética es una aplicación de los principios especulativos a la dirección práctica de la vida, en Platón más bien sucede lo contrario.

De su vehemente anhelo por hallar un sentido trascendente a la vida del hombre se deriva un vigoroso esfuerzo creador, del que resulta una Ontología completa, en la cual trata de apoyar racionalmente lo que en un principio es más bien un ardiente deseo de orden sentimental.

Todos los elementos que Platón incorpora a lo largo de su vida, por dispares y heterogéneos que parezcan, quedan unificados y transformados por su aspiración fundamental hacia lo trascendente.

 

Desarrollo general del pensamiento platónico.

Platón es un genio dotado de una inmensa facultad asimiladora.

Todos los pensadores y todas las escuelas con que entró en contacto dejaron marcada su huella en su finísima receptividad.

No es difícil apreciar cuánto debe a los presocráticos, como Heráclito, Parménides, Zenón, Empédocles, Anaxágoras, los atomistas; y a contemporáneos como Euclides de Megara, Aristipo, Antístenes, Teodoro de Cirene, Teeteto y los pitagóricos.

Incluso en sus mismos adversarios, como en los sofistas y en los retóricos, sabe encontrar elementos aprovechables, que incorpora a su propio pensamiento con un amplio eclecticismo, y sin mengua de su vigorosa personalidad.

Aristóteles señala tres influencias fundamentales: la de Heráclito, a través de Cratilo; la de Sócrates y la de los pitagóricos.

Con este testimonio coincide el de Diógenes Laercio, que afirma que Platón explicó lo sensible según Heráclito; lo inteligible según Pitágoras y la política según Sócrates.

  1. Heráclito: Platón recibió su primera iniciación en la filosofía de Cratilo, que exageraba hasta la ridiculez el movilismo y el relativismo de Heráclito. En el pensamiento platónico permanecerá indeleble esta primera impresión de la movilidad, la contingencia, la impermanencia, la caducidad, la imperfección y el no-ser de las entidades del mundo físico, y por lo tanto de la relatividad de nuestro conocimiento acerca de ellas.
  2. Muy profunda también fue la huella que en el pensamiento platónico dejó marcada el eleatismo, que conoció quizá a través de los megáricos. Su teoría de las Ideas, con la distinción entre dos mundos, el sensible, objeto de opinión, concebido conforme al movilismo de Heráclito, el inteligible, objeto de la verdad y de la ciencia, en que, manteniendo el pluralismo, tratará de salvar la necesidad del Ser como Parménides, representa un gran esfuerzo para superar en una síntesis las dos actitudes más antagónicas de la Filosofía griega ante él problema del ser.
  3. Sócrates. A Sócrates debe Platón su iniciación en el método inductivo como procedimiento para la formación de los conceptos universales, su aspiración a llegar al conocimiento de las esencias como base de las definiciones, su preocupación por hallar la «razón», el Logos de las cosas, y su inclinación a los problemas morales y políticos. Ciertamente no sería mucho lo que pudo aprender de su maestro sobre temas concretos, porque Sócrates careció de una base ontológica firme y de un pensamiento filosófico bien definido, aunque sus maravillosas dotes de conversador, su agudeza dialéctica y el atractivo de su vigorosa personalidad servían para suplir, o al menos encubrir decorosamente, la penuria efectiva de su ideología.

El influjo socrático se refleja claramente en los primeros Diálogos de juventud, compuestos entre la muerte de Sócrates (399); y el primer viaje a Sicilia con la finalidad apologética de rehabilitar la persona y la doctrina de su maestro; cuya figura describe Platón, con rasgos fuertemente realistas que responden a la verdad histórica.

Su fondo se mantiene dentro de las cuestiones típicas debatidas en el círculo socrático, adoleciendo de la falta de fijeza doctrinal característica del maestro.

Las cuestiones planteadas quedan casi siempre sin resolver, como si Platón hallase más complacencia en el movimiento dramático de la discusión y en trazar los retratos de los personajes que en ella intervienen que en llegar a una conclusión sobre los problemas debatidos.

Dejando aparte su belleza literaria, su importancia científica no es muy grande.

Su contenido se reduce a unas cuantas cuestiones morales y políticas, en las que, sin embargo, muy pronto comienzan a aflorar algunas tendencias originales de Platón.

Los temas debatidos son: En qué consiste la virtud, y su apología como la cosa más agradable, más conveniente y más útil, pues en ella se encuentran el bien y la felicidad.

Si la virtud se identifica con la ciencia, si puede enseñarse y aprenderse y si es posible pecar voluntariamente.

Si es una o múltiple, y cuál es la virtud fundamental, El conocimiento de sí mismo como principio de la sabiduría.

De auténtica procedencia socrática es un cierto utilitarismo y hasta un hedonismo mitigado, que a veces reviste expresiones demasiado vivas.

Socrático es también considerar el obrar bien en conformidad con la naturaleza y el buscar con la razón las normas de la conducta virtuosa para determinar lo que debe hacerse en cada caso particular.

 

Pensamiento no socrático.

Hasta aquí el pensamiento platónico, aunque ya con ligeras modificaciones, corresponde a las enseñanzas socráticas, tal como aparecen también en los Memorables de Jenofonte, que nos ha transmitido un fondo doctrinal casi idéntico.

Pero el platonismo es mucho más que un simple desarrollo de la embrionaria filosofía de Sócrates.

Por fortuna Platón rompe muy pronto la estrechez de los moldes en que su maestro se había recluido un poco escépticamente; y extiende su curiosidad científica a otros campos de la Filosofía que ya habían abierto los presocráticos; manifestando en seguida el brote pujante de una personalidad propia.

Pero nunca abandona estos primeros temas, que reaparecen una y otra vez, revistiendo diversas modalidades conforme avanza la madurez de su pensamiento.

Al final de este primer período comienza a esbozarse un concepto importantísimo; que, aunque en su modalidad más temprana aparezca como un intento de resolver el problema del ser y de la ciencia; irá adquiriendo importancia creciente hasta dominar por completo todo el pensamiento platónico.

Es la teoría de las Ideas concebidas como entidades subsistentes, resultado de la combinación del conceptualismo socrático con la ontología de Parménides; aspirando a superar el movilismo y el relativismo de Heráclito.

Platón ya no abandonará más esta teoría, que confiere a su filosofía un carácter ascensional; aspirando a pasar de lo móvil a lo inmutable, de lo relativo a lo absoluto, de lo múltiple a lo uno, de lo contingente a lo necesario, del mundo sensible de las apariencias al mundo inteligible donde se hallan las verdaderas realidades.

4.  Pitagorismo: Entre sus dos primeros viajes a Sicilia (388-367); transcurren veinte años, en que carecemos casi por completo de referencias históricas.

Pero en los Diálogos pertenecientes a este período se revela una nueva influencia, que irá en aumento hasta el punto de relegar a Sócrates a un término puramente honorífico.

La amistad de Platón con Arquitas de Tarento y con otros pitagóricos (Teodoro, Teeteto); va acompañada de la asimilación de numerosos elementos doctrinales que comienzan a desempeñar un papel muy importante en su filosofía y contribuyen a acentuar su sentido moral.

Estos elementos son: el origen celeste y la preexistencia de las almas, que vivían felices antes de su unión con el cuerpo.

El concepto de un pecado, a consecuencia del cual caen de su estado feliz, y son encerradas en cuerpos materiales que les sirven de cárcel y tumba.

Su inmortalidad y las sucesivas reencarnaciones de las que no han logrado su perfecta purificación en su existencia terrena.

La necesidad de la virtud y del ascetismo para libertar el alma del estorbo de su cuerpo.

La función catártica de la Filosofía y su concepto de la misma como preparación para la muerte.

La mística de los números.

Los astros animados y el mundo concebido como animal viviente.

La jerarquía de los «daimones”.

Esas ideas eran corrientes en Grecia desde el siglo VII y comunes al orfismo y al pitagorismo.

Pero no hay indicios de que Platón haya tenido relación con las thyasas órficas, ni menos que haya sido iniciado en los misterios.

Su relación con los pitagóricos y su conocimiento de los poemas de Píndaro bastan para explicar la existencia de esos elementos en su doctrina.

La incorporación de esos elementos no autoriza para hablar de una fase pitagórica en el pensamiento platónico.

Platón no fue nunca pitagórico, ni siquiera puramente socrático; ni se adhirió jamás a ninguna tendencia con carácter exclusivo.

Por ejemplo, en el Timeo, cuya cosmogonía geométrica muchos críticos consideran como tipo por excelencia del influjo pitagórico; no es difícil separar otros estratos que corresponden a otras muchas influencias que Platón coordina con su espíritu esencialmente ecléctico.

 

Método para la exposición del platonismo.

Es difícil acertar con el método más adecuado para la exposición del pensamiento de Platón.

Si se reduce a la rigidez de un esquema, se corre el peligro de desvirtuar la vivacidad y la riqueza de su carácter esencialmente dinámico, de investigación incesante.

Platón, hasta el último momento de su vida, no dejó jamás descansar sus grandes temas de pensamiento.

En cada Diálogo vuelve sobre ellos, una y otra vez, sin considerarlos nunca como definitivamente acabados.

Cada nueva revisión Se traduce en un enriquecimiento, que alumbra aspectos nuevos en las cuestiones tratadas.

Por otra parte, es tan estrecha la interdependencia de los distintos aspectos de la especulación platónica, que todos los- temas avanzan por igual, y las modificaciones que introduce en cada uno repercuten en todos los demás.

En Platón todavía no han adquirido las distintas partes de la Filosofía la articulación y la relativa autonomía de que las dotará Aristóteles.

Su teoría del conocimiento y de la ciencia está íntimamente compenetrada con su Ontología, su Cosmología y su Moral, de suerte que resulta difícil desglosarlas y exponer cada cosa por separado.

Cada parte hay que entenderla en función del todo, de suerte que es arriesgado establecer un orden entre las diferentes materias, pues todas están implicadas unas en otras y se reclaman necesariamente.

Así, por ejemplo, los dos grandes problemas con que se enfrenta Platón, el del ser y el del saber, dependen entre sí de tal suerte, que su actitud ante cada uno de ellos aparece siempre dependiendo del otro.

Su concepto del ser depende de su concepto de ciencia, y a la vez en su concepto de ciencia va implícito su concepto del ser.

Y lo mismo sucede con el problema moral del sentido práctico de la vida -humana, que a la vez domina y depende de los dos anteriores.

La nota distintiva de Platón es su aspiración hacia una realidad absoluta, la cual se concreta en su teoría de las Ideas, con la que trata de dar respuesta a los tres grandes problemas: del ser, del saber y del obrar.

Este sería quizá el orden más lógico de exposición del platonismo.

Pero, conservándolo implícito, hemos adoptado el de exponer previamente su concepto de la ciencia, en cuanto camino que conduce al conocimiento del Absoluto, completándolo con la indicación de otros caminos extrarracionales que Platón considera que conducen al mismo término.

De esta manera podemos exponer después ordenadamente su concepto del ser, abarcando los dos grandes sectores de la realidad: el mundo trascendente de las Ideas y el mundo físico de los seres sensibles, en el que entran su Teología, su Astronomía y su Cosmología.

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