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El Concepto Platónico de Ciencia: grados del Ser y del Saber.

Grados del ser y del saber.

El concepto platónico de ciencia; escalonada en grados ascendentes de perfección, corresponde exactamente; y sigue un desarrollo paralelo al de su concepto de la realidad.

Hemos visto a los presocráticos enfrentarse; con el problema de las relaciones entre el ser y el conocer.

Para todos ellos, la ciencia se contrapone la opinión; y consiste en un conocimiento fijo, estable, cierto y necesario.

Pero el problema surge, al tratar de buscar en el orden de la realidad objetos capaces de servir de fundamento para un conocimiento semejante.

Todos los seres que perciben nuestros sentidos son mudables y contingentes.

¿Cómo, pues, puede darse ciencia de una realidad esencialmente sujeta al movimiento y a la mutación, y que nunca permanece fija en un mismo ser?

Heráclito con su movilismo y Parménides con su concepto del ser estático, representan dos respuestas extremas y antagónicas; que, aunque por motivos distintos y contrarios, comprometen el problema por igual.

En ninguno de los dos es posible un conocimiento científico de las realidades múltiples y mudables del mundo físico.

Los sentidos son fuentes de opinión, pero no de ciencia.

Sócrates, aunque restringió su aplicación un poco escéptica frente al campo moral; halló la verdadera solución del problema del conocimiento científico; con su método dialéctico como camino para llegar a la formación de conceptos universales; expresión de la esencia de las cosas y base de sus definiciones.

La estabilidad y necesidad requeridas por el conocimiento científico, que era imposible de conseguir por la simple percepción sensible en el orden ontológico; se lograba por la razón en el orden lógico; en los conceptos abstraídos de la realidad, conservando las esencias de las cosas; prescindiendo de sus diferencias particulares y de su carácter móvil y temporal.

Platón hereda de Sócrates el procedimiento dialéctico.

Pero marca más bien un retroceso respecto de su maestro; pues agrava el problema volviendo a resucitar, acentuadas, las viejas antítesis entre Parménides y Heráclito.

 

Concepto Platónico de Ciencia.

En los primeros Diálogos de juventud; Platón se limita a reproducir fielmente el método socrático; practicando la investigación dialéctica, reducida a cuestiones de orden moral relacionadas con la virtud.

Pero muy pronto se plantea el problema de una manera más universal; abordándolo simultáneamente en su doble aspecto: lógico y ontológico.

Por una parte, trata de superar el movilismo de Heráclito; y por otra, lograr para los objetos de ciencia la fijeza y estabilidad del ser de Parménides.

Su convicción de la imposibilidad de un conocimiento científico; en el supuesto del movilismo universal de Heráclito; aparece claramente expresada en el Cratilo.

Platón cree hallar la solución del problema; esbozada al final del mismo Diálogo; atribuyendo realidad ontológica y subsistente a los conceptos de su maestro; a los que no sólo aplica los caracteres del ser de Parménides; sino que los sitúa en una región aparte, distinta y superior, fuera del mundo del movimiento.

Con esto queda formulada su teoría de las Ideas.

Para Platón, ser y conocer son correlativas; de tal manera que los grados del conocer corresponden paralelamente en una adecuación exacta a los grados del ser.

A mayor ser corresponde mayor ciencia.

Sólo es cognoscible el ser.

El no-ser es absolutamente incognoscible.

Pero entre el ser y el no-ser existe una categoría intermedia; que corresponde al hacerse, al llegar a ser (genesis); es decir, el ser en movimiento; el cual tiene algo de ser, pero sin llegar a la plenitud perfecta del ser.

Entre estos elementos podemos establecer una triple ecuación:

a) Al Ser corresponde la Ciencia.

b) Al No-ser corresponde la Ignorancia.

c) Al Llegar a ser, o a la mezcla de ser y no-ser, corresponde la Opinión.

O, dicho de otra manera: Ser es a Llegar a ser como la Verdad y la Ciencia es a la Opinión o a la Creencia.

Con la teoría de las Ideas; la realidad queda dividida en dos grandes sectores: por una parte, el mundo superior; eterno, supraceleste; en el cual se hallan las Ideas, que son entidades reales, subsistentes perfectísimas, puras, inmateriales, eternas e inmutables, inmóviles, invisibles a los ojos del cuerpo y solamente perceptibles por la inteligencia.

No son simples conceptos abstractos, sino verdaderas entidades reales.

Son las razones objetivas y los modelos de todas las cosas, el fundamento de toda verdad y de la certeza absoluta.

Por otra parte, tenemos el mundo cósmico; visible, en el cual hay que distinguir dos grandes secciones:

  1. la región celeste; o sea el conjunto de once esferas giratorias superpuestas, que se mueven en el éter, en las cuales están situados los astros y los planetas; que son seres divinos, incorruptibles, perfectísimos, con un cuerpo esférico de fuego y con un alma que es la causa de su movimiento.

Los astros y los planetas son la morada de los dioses, de los «demonios» y de las almas separadas.

Los cielos ocupan un lugar intermedio entre la región de las Ideas, y,

2. el  mundo físico terrestre; que es el mundo de los seres sensibles compuestos de los cuatro elementos materiales, móviles; sujetos al cambio, a la generación y a la corrupción, conforme al concepto de Heráclito.

 

Tres Grados De Conocimiento.

Este concepto jerárquico del ser; se refleja paralelamente en un concepto ascendente de la ciencia; que constituye una «ascensión hacia el ser”, en la cual podemos señalar tres grados perfectamente definidos:

Conocimiento sensitivo, que tiene por objeto los seres materiales y sensibles (sentidos).

Conocimiento racional discursivo, que versa sobre el concepto de número y de cantidad (imaginación, razón discursiva).

Conocimiento racional intuitivo, que versa sobre los seres carentes de toda materia y de toda cantidad (entendimiento).

La ciencia perfecta y verdadera; solamente se da en el último grado, o sea en el conocimiento de las Ideas; que no tienen ni materia ni cantidad, ni pueden ser percibidas por los sentidos, ni por la imaginación, ni por la razón discursiva; sino solamente por el entendimiento.

Este concepto ascendente de la ciencia lo simbolizó Platón en dos alegorías: la de la línea dividida en segmentos y la de la caverna.

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