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Período Helenístico-Romano

El Cinismo en el Helenismo.

El Cinismo en el Helenismo.

El Cinismo en el Helenismo.
El Cinismo en el Helenismo.


El cinismo, aunque sin constituir una escuela potente, se perpetúa durante la época helenística hasta el siglo 1 de la Era cristiana, unas veces en armonía y otras en pugna con las otras escuelas, especialmente con la estoica. Conservando su carácter general antiguo, a la manera de Diógenes, el cinismo se transforma en su aspecto exterior. Los cínicos adoptan una forma literaria popular, agradable, animada, y al alcance de todos, prodigando las citas de poetas, las anécdotas y las frases ingeniosas y picantes. Mantienen su ideal de virtud y de liberación, aliando en mezcla un poco extraña la austeridad con el hedonismo. Aspiran a una vida sencilla y natural, emancipada de las trabas sociales, pero en forma más humana que los cínicos antiguos. Acentúan todavía más el cosmopolitismo y la igualdad entre todos los hombres, sin distinción de clases ni de naciones. En el aspecto especulativo su fondo continúa siendo esencialmente negativo y con tendencia al escepticismo y al agnosticismo.

Representan este movimiento Bión de Borístenes (s.III a. J.C.), que frecuentó en Atenas las escuelas de Crates, de Teofrasto, de Teodoro y de Diógenes. De aquí resulta el carácter ecléctico de su ideología, si bien prevaleciendo el influjo cínico de Diógenes.

En el siglo 1 después de nuestra era volvemos a hallar representantes del cinismo en Meleagro de Gadara, del cual quedan algunos fragmentos en que aparece como cultivador del género satírico, a la manera de Menipo.

La figura tal vez más representativa de la renovación del cinismo en este tiempo es Dión Crisóstomo (4o-117?), natural de Prusa, en Bitinia, de noble y rica familia. Se dedicó primero a la retórica y fue buen orador. El año 82 fue desterrado por Domiciano y confiscados sus bienes. Anduvo errante durante doce años, pobre y enfermo. Tras una crisis moral se dedicó a la Filosofía, buscando en ella una norma de vida, la cual creyó haber hallado en Sócrates, Platón, los estoicos, y sobre todo en los cínicos. Tomó por modelos a Diógenes y Heracles y se dedicó a la oratoria popular. Después de la muerte de Domiciano le fue levantado el destierro y recuperó sus bienes. Fue enviado a Roma como embajador y pronunció ante Trajano su discurso primero sobre el reino. En su última época se dedicó más bien a la oratoria política, ponderando la monarquía como la forma más perfecta de gobierno, porque imita el gobierno de los dioses sobre el mundo. Quedan algunos de sus ochenta Discursos, editados por von Arnim (1883), y sólo tenemos referencias de sus Diálogos y Exhortaciones.

Dión es un tipo representativo del predicador popular de la época. Su moral es muy rigurosa, inspirándose en el estoicismo, y sobre todo en el cinismo. Propone por modelo a Diógenes, ponderando su austeridad y su desprendimiento de todas las cosas. Ensalza la vida sencilla conforme a la naturaleza, contraponiéndola a la vida artificiosa de la ciudad. La felicidad consiste en suprimir las necesidades y en renunciar a todo lo artificioso. “La vida del filósofo debe ser completamente distinta de la de la multitud”.

Tiene un concepto muy elevado de la divinidad, que expone en su Discurso olímpico, a propósito del Zeus de Fidias, haciendo notar que el escultor suprimió en su estatua todos los rasgos trágicos y terribles, dejando solamente una expresión de nobleza y de armonía. La idea de Dios es innata y universal en todos los hombres. Brota de la naturaleza, la formula la poesía, la corroboran las leyes y la define la Filosofía, Vivimos en un ambiente divino y el hombre tiene parentesco con Dios. Además del Dios supremo admite otros dioses subalternos e inmortales que gobiernan el mundo.

Enomao de Gadara (s. II p. J.C.). Quedan fragmentos de su escrito polémico Desenmascaramiento de charlatanes, en que mantiene una áspera polémica contra el determinismo de los estoicos.

Démonax de Chipre (s. II). Criticó duramente las creencias religiosas. Casi centenario se dejó morir de hambre.

Peregrino Proteo (s.II), de Parium. Exageró el cinismo en su aspecto antisocial, anticultural e incluso impúdico, pero al mismo tiempo unido a un sentimiento fanático y supersticioso de la religión. Murió voluntariamente en una hoguera en las fiestas olímpicas (165 /167). Luciano lo ridiculizó en uno de sus Diálogos.

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