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La Ética en el Estoicismo.

La Ética en el Estoicismo.

La Ética en el Estoicismo.
La Ética en el Estoicismo.

En sus rasgos esenciales, la ética estoica se remonta hasta Zenón. Pero su desarrollo y la formulación precisa de sus principios es obra principalmente de Crisipo.

 

  1. a) Concepto Estoico de la Naturaleza.

Su idea fundamental procede del concepto estoico de la Naturaleza. El hombre es una mínima parte del Universo, un mundo en pequeño. En todo el Universo reina un orden perfecto, rigurosamente regido y determinado por la Razón y la Providencia divina. Todo en la Naturaleza es bueno y ordenado. Por lo tanto, el hombre debe ajustar su conducta al orden universal que domina en el mundo; sometiéndose voluntariamente a la finalidad que impulsa a todos los seres. El sabio debe dejarse arrastrar por la corriente de vida universal en lugar de oponerse al orden que reina en la naturaleza.

 

Vivir Conforme a la Naturaleza.

Por lo tanto, el principio supremo de la virtud es vivir conforme a la Naturaleza. Viviendo conforme a la naturaleza, el sabio vive también en conformidad consigo mismo. O, viceversa, viviendo conforme a sí mismo, el sabio vive también conforme a la Naturaleza universal. Este es, además, el medio de asegurar la verdadera felicidad, que va unida siempre a la virtud, así como el sufrimiento al vicio.

 

Vivir Conforme a la Razón.

Otra fórmula equivalente es la de vivir conforme a la razón. El alma del hombre es una centella desprendida del principio divino universal, y su parte principal es el hegemonikón; principio rector que debe regular toda la conducta práctica y establecer en el individuo humano un orden riguroso, ajustado al orden universal impuesto en todo el Cosmos por el Logo inmanente; que es la ley suprema de todo el mundo. Así, pues, vivir conforme a la razón individual equivale a vivir conforme a la Razón que rige el orden del mundo.

En todos los seres existe un impulso instintivo a su propia conservación y a lograr su perfección, que es el fin propio de su naturaleza. En los minerales, vegetales y animales ese impulso es inconsciente. Pero el hombre se distingue de todos ellos en que está dotado de razón, con la cual debe elevar el simple impulso natural de simple apetito a volición racional y a elección. De esta manera la vida humana se caracteriza por ser racional y libre. Y la vida virtuosa consistirá en obrar racional y libremente, ajustando su conducta al orden universal de toda la Naturaleza, regida por la Razón universal.

 

  1. b) El Bien.

Los estoicos distinguían las cosas en: buenas (agatá), como la virtud, que es el único y Sumo Bien; malas (kaká), como las pasiones y los vicios; indiferentes (ádia- fora), que son las que no están conformes ni disconformes con la naturaleza ni dependen de la voluntad. Indiferentes son la vida y la muerte, el placer y el dolor, la salud y la enfermedad, la pobreza y la riqueza, la reputación, etc. Acompañan a los actos humanos, pero nunca deben constituir el fin de las acciones.

En estas últimas introducían además otras distinciones, entre cosas: preferibles y no preferibles; útiles, convenientes y no-convenientes.

Estas cosas no son propiamente bienes, y solamente tienen un valor relativo. Pero pueden desearse condicionalmente y evitarse sus contrarios. No obstante, consideraban indigno del verdadero sabio preocuparse por las cosas indiferentes, y algunos llegaban a decir que los males son preferibles a ellas: “No son las cosas las que turban al hombre, sino las opiniones que tenemos sobre las cosas. No es la muerte misma lo terrible, no le pareció así a Sócrates, sino nuestra idea de la muerte”.

 

  1. c) La Virtud.

El único verdadero bien es la virtud, que consiste en vivir conforme a la naturaleza, y a la razón, ajustando todas las acciones al orden del Universo. Es deseable por sí misma, y no por ningún motivo extrínseco de utilidad, de esperanza o de temor. La felicidad va unida a la virtud y el sufrimiento al vicio.

Lo esencial de la virtud es la rectitud, por la cual la conducta particular del hombre se ajusta al orden general del Mundo, de una manera constante y firme.

La virtud es una.

 Como también es uno el hombre, cuya unidad procede fundamentalmente del hegemonikón, de la razón que lo dirige. Si se habla de muchas virtudes es solamente a la manera como Fidias puede hacer muchas figuras de la misma materia o una misma de diversos materiales, oro, plata o bronce. Pero en realidad las virtudes están tan estrechamente compenetradas entre sí, que constituyen una sola. Es una unidad indivisible, que no admite grados. O se posee toda entera o no se posee. Por esto, el que posee una sola virtud, posee todas las demás. Y el que tiene un vicio, los tiene todos a la vez.

La virtud no es innata.

Hay que adquirirla y cultivarla por el ejercicio continuo. Es inmutable e inalienable. Una vez que se ha adquirido, ya no se puede perder. La virtud debe dominar perfectamente la vida. Siempre es buena y el vicio siempre malo. Debe amarse y practicarse por sí misma, sin miras a ninguna ventaja ni recompensa extrínseca, independientemente de la utilidad o del placer, que nunca pueden ser la finalidad de la vida.

 

La virtud fundamental es la sabiduría o prudencia.

La frónesis, que corresponde a la parte racional del alma (hegemonikón), y de la cual proceden todas las demás. Aunque más que virtudes particulares son distintos matices o manifestaciones de una misma virtud general.

Los estoicos retornan a la tesis socrática de la virtud identificada con la ciencia, la utilidad, el bien y la belleza.

 

  1. d) Las Pasiones.

Los estoicos sutilizaron mucho en el análisis de las pasiones. Las pasiones tienen su origen en el impulso general primitivo de la naturaleza. Cuando ese impulso inicial en el hombre no es regulado por la razón, y no está sometido a ella, se hace irracional, se desvía de la rectitud y desde entonces va contra la misma naturaleza.

Son movimientos excesivos de la parte sensitiva contrarios a la naturaleza y a la razón. Desviaciones de la rectitud, que debe imponer la razón. Enfermedades del alma. Perturbaciones que proceden de representaciones falsas, las cuales originan un juicio erróneo de la razón. Por esto, para dominar las pasiones es preciso no prestar asentimiento a las representaciones engañosas que perturban el juicio. “Borra la fantasía».

La naturaleza es buena. Por esto, aunque las pasiones provengan originariamente de ella, sin embargo, consisten propiamente en el desorden de la razón, originado por la ignorancia, que enturbia la inteligencia y es causa de opiniones falsas y de juicios erróneos. El ignorante siempre obra mal.

 

División de las Pasiones.

Las cuatro principales, que Crisipo subdividía en otras muchas, son:

  • Concupiscencia ciega, consiste en el deseo desordenado de un bien futuro.
  • Temor, que tiene por objeto un mal futuro.
  • Dolor o tristeza, que se refiere a un mal presente.
  • Placer, que se refiere a un bien actual.

 

Concepto de las Pasiones.

El exagerado racionalismo moral de los estoicos se revela claramente en su concepto de las pasiones. Es necesario, no sólo dominarlas y someterlas a la razón, sino extirparlas. Sólo así se llega a la imperturbabilidad, a la impasibilidad, que es la condición indispensable para lograr la serenidad del alma y la libertad; características del sabio y base de su felicidad.

 

  1. e) Norma de Moralidad

Su ontología suministra a los estoicos una norma fija y estable de conducta para orientar la actividad moral, en este sentido es superior a la de Aristóteles.

En Aristóteles la norma de las acciones era subjetiva. Se basaba en la proporción, en la medida, en el justo medio conforme a la apreciación de un varón prudente. Los extremos contrarios viciosos quedaban como anulados, al ser armonizados en un medio proporcional, en el cual consistía la virtud.

La moral estoica en cambio se basa en la relación objetiva de las acciones humanas con un principio superior al hombre, que es la Razón eterna que rige toda la naturaleza y el orden cósmico universal. La razón humana es recta cuando se ajusta exactamente a la Razón universal, que equivale a una ley eterna fija e inmutable.

La Ley Natural.

En la Ley eterna se basa la ley natural, común a todos los hombres y que es anterior y superior a todas las leyes positivas, civiles y escritas de los Estados, pues procede de la Razón o de la Ley divina inmanente al mundo y a todas las cosas.
«La ley natural es una ley divina y posee como tal la fuerza de regular y medir lo que es justo y lo que es injusto». «A uno y lo mismo llamamos Zeus, común naturaleza de todo, destino y necesidad; y esto es también la justicia y el derecho, la unidad, y la paz». «Al que le ha cabido en suerte por naturaleza tener razón, también se le ha dado tener recta razón, y con ello la ley…, y si la ley, también lo justo».

 

  1. f) Cosmopolitismo

De este concepto universal de la ley natural procede el de la fraternidad universal, la condenación de la esclavitud como contraria a la igualdad humana y el cosmopolitismo. El estoicismo coincide históricamente con la disolución de la «polis» griega. Se disipa el concepto estrecho ele patria y de ciudad, tal como aparece en Sócrates, Platón y Aristóteles, y la Política adquiere un sentido más universal.

 

  1. g) La Felicidad.

Su racionalismo exagerado conduce a los estoicos a proponer un ideal moral, que a veces reviste matices inhumanos. La felicidad consiste en la pçáctica de la virtud, y la virtud esencialmente en la sabiduría. Por lo tanto, la felicidad viene a reducirse a la sabiduría.

Sin embargo, esta sabiduría virtud tiene en los estoicos un sentido mucho más elevado que en Sócrates. Para éste el bien era lo más útil. El que conoce el bien no puede menos de quererlo, y de practicarlo. Pero Sócrates no llegó al concepto de un Bien trascendente; Su Bien era simplemente el conjunto de bienes, que unidos proporcionan la felicidad. La inteligencia intervenía para conocerlos, discernirlos y elegir entre ellos los mejores y los más convenientes para el hombre,

Para los estoicos el bien particular de cada ser está integrado dentro del Bien total del Universo. El orden particular es una parte del orden universal. Y la razón particular de cada hombre tiene la misión de introducir en su vida el orden y la armonía, en correspondencia exacta y rígida con el orden total del Cosmos, impuesto y regido por la Razón universal, que es a la vez la Ley eterna. En esta acomodación consiste la virtud, que hace vivir al hombre racionalmente, sometiéndolo a la Razón universal.

La razón debe, pues, dominar por completo la vida humana, subyugando tiránicamente al hegemonikón todos los movimientos de la parte pasional y sensitiva. La felicidad no resulta solamente de un puro conocimiento teórico del Bien, sino la armonía y el orden efectivos que la razón introduce en todo el ser humano, ajustándolo al orden general del Universo.

 

El ideal ético estoico no es igual al aristotélico.

Esto distingue también a los estoicos del ideal ético de Aristóteles, Para éste la felicidad consistía en la posesión de un conjunto suficiente de bienes materiales y espirituales, completados con el ejercicio especulativo de la actividad intelectual versando sobre su objeto más elevado, aun cuando considerara este objeto como inaccesible para el hombre.

Los estoicos, por el contrario, no cultivan la ciencia por la ciencia, en su simple valor especulativo, sino en cuanto que la sabiduría es un medio para introducir el orden y la armonía en la vida del hombre, ajustándola al orden general del mundo y regulando su actividad por la misma Razón y la misma Ley necesaria que preside el desarrollo cósmico. En esto consisten el bien y la felicidad del hombre, que no consideran simplemente una posibilidad teórica, sino práctica y accesible, si no a todos, por lo menos a los que de veras quieren esforzarse por alcanzarla. Estos son los sabios.

 

  1. h) El Sabio.

El ideal estoico se concentra en el concepto de sabio, cuya rígida perfección lo convierte en una entelequia antihumana. El sabio se basta a sí mismo. No debe dejarse impresionar por nada. Debe mantenerse impasible ante los sufrimientos físicos y morales, ante el dolor, la enfermedad, la muerte, los bienes de fortuna y las opiniones de los hombres. Debe distinguirse por su firmeza ante las contrariedades. «Has de ser como una roca contra la que se estrellan todas las olas. Ella está firme y el oleaje se amansa en su derredor».  «Debe mantenerse siempre en un mismo querer y no querer», Aguantar y renunciar.  Una vez lograda la impasibilidad, el sabio puede ser en la tierra tan feliz como Zeus en el cielo.

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