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Periodo Presocrático

CÓMO FUE LA CONSTITUCIÓN DE LA FILOSOFÍA: LOS PRESOCRÁTICOS.

CÓMO FUE LA CONSTITUCIÓN DE LA FILOSOFÍA: LOS PRESOCRÁTICOS.
constitución de la filosofía

 

Con los presocráticos la constitución de la filosofía nace; y se hace fuerte en Grecia.

Sin embargo, no existen un autor u obra inaugurales, como tantas veces se pretende.

La filosofía se constituye a través de un lento; y, si se quiere, largo proceso, que hunde sus raíces en tiempos remotos; y que sólo se muestra maduro en tiempos de Platón y de Aristóteles.
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Es durante el proceso de los presocráticos que el mito va siendo desplazado paulatinamente por el logos; esto es, por el saber científico.

Los primeros filósofos (presocráticos); aparecen en las llamadas colonias griegas, esto es, fuera del territorio nacional propiamente dicho.

Sin embargo, esto no significa negar, en absoluto; que la filosofía sea un producto netamente griego.

 

a) La mitología


La mitología griega es bien conocida.

Constituye una maravillosa construcción que gozó de plena vigencia durante largos siglos; y cuando fue abandonada por los círculos intelectuales; siguió viva por un buen tiempo en amplios sectores del pueblo helénico.

El mito conforma un modo de inserción en el universo; y es una explicación del mundo y de la vida, de los dioses y de los hombres; y, como tal, el mito griego presenta similitudes con los del Oriente.

Los griegos concebían a los dioses antropomórficamente (casi no arraigaron el zoomorfismo y la astrolatría de otras latitudes); y les adjudicaban los vicios humanos y hasta les atribuían origen; pero, y ésta es la nota distintiva, eran inmortales.

Homero, a quien se le atribuyen los dos grandes poemas épicos la Ilíada y la Odisea; recoge una tradición mítica que le precede; y, con algún aporte personal, nos dejó una versión —principesca o aristocrática, como se ha dicho— de la más alta calidad poética; centrada en la guerra de Troya y en las aventuras de Odiseo.

Sin haber tenido tal carácter, estas dos obras son como los libros sagrados de Grecia.

Homero fue esencialmente un poeta, y no un filósofo.

Ello no impide que, como en todos los grandes poetas; aparezcan en sus trabajos ideas de significación filosófica; esto es, referencias al origen del universo; a la naturaleza y destino del hombre, y también, reflexiones morales.

Se ha atribuido mucha importancia como antecedente cosmogenético a la mención homérica del Océano (agua); como origen de todos los dioses, pero pensamos que se ha exagerado al respecto.

Es cierto que Aristóteles hace referencia a ese mito; pero se muestra muy cauteloso en considerarlo un antecedente de Tales de Mileto.

Nos parece más importante en el proceso de constitución de la filosofía; el otro gran poeta clásico, Hesíodo, de Beocia, autor de tres obras; dos de las cuales son especialmente significativas.

Una, Los trabajos los días; donde se muestra más pedagogo y moralizador que artista; más aún, reprocha a los poetas por decir “numerosas mentiras”; y se compromete, personalmente, a decir tan sólo la verdad; siendo el primero en proponerla como objeto de toda reflexión y de toda enseñanza.

La otra, una Teogonía; donde entre otras ideas sugestivas está la noción de caos; lo primero que fue originado.

Parece claro que se formula aquí una concepción teo—cosmogenética monogenista; y, si se quiere, monoteísta; pues se reconoce, aunque no se lo nombre, un primer principio (arch: en lenguaje posterior) que habría dado origen al mismo caos.

Y todo esto tiene ya bastante que ver con la filosofía; por eso no es conveniente omitir esta referencia, cosa bastante frecuente.

 

b) Los órficos


Los misterios órficos, vinculados al culto del dios Dionisio; parecen remontarse a una época anterior a Homero.

Muy probablemente al poeta Orfeo, si existió; debemos ubicarlo una generación antes que aquél; aunque algunos autores lo trasladan al siglo VI.

Mientras la religión que suele llamarse homérica olímpica fue popular y oficial; el orfismo fue culto de minorías y hasta clandestino; culto que con fines de purificación o catarsis se expresaba en actitudes desenfrenadas; orgiásticas (orgíamisterio, rito, significado que, por tal circunstancia, derivó en el actual).

En cuanto a la constitución de la filosofía, la mención de esta religión se justifica porque; como lo destaca Macchioro; mientras “la religión pública habría ejercido influencia en el campo de la imaginación artística; los misterios habrían afectado el dominio de la reflexión filosófica”

Pensamos, en efecto, que tampoco el orfismo puede quedar omitido en el proceso de constitución de la filosofía.

Por de pronto, hay casi consenso de que en estos grupos; aparece por primera vez en Grecia una concepción espiritual e inmortal del alma; y hasta diríamos individual, ya que no personal pues los órficos creían en la transmigración.

En todo caso se trata de una concepción diferente a la que podríamos llamar cósmica del alma; como la de los jónicos.

También se les ha adjudicado la primera teoría monoteísta; pero esto no está aun suficientemente claro.

Por último, aparecen adscriptos a estas creencias y prácticas; algunos pensadores que también tienen algo que ver con la filosofía.

El más importante de ellos es Epiménides de Creta; a quien Plutarco y Diógenes Laercio; vinculan a la purificación de Atenas en el 592 a.C.; lo cual lo haría contemporáneo de Tales, aunque seguramente era mayor que él.

Se le atribuye una Teogonía. 

Diógenes lo menciona entre los “sabios”; y fue uno de los primeros, si no el primero, en escribir en prosa; lo cual no deja de ser significativo.

Epiménides, debe ser considerado un tipo mixto de pensador; que proviene del mito (mito); pero avanza hacia el saber desmitologizado, al menos hacia la sabiduría moral y política; al modo de los sabios y gnómicos.

Otro personaje interesante, vinculado al orfismo; pero muy independiente, es Ferécides de Siro (más joven que Epiménides; nacido seguramente hacia el 600 a.C.); a quien Aristóteles califica de “teólogo mixto”.

Fue el primero en expresar en prosa los temas míticos (Epiménides había escrito en prosa temas políticos e históricos; y el resto de su obra era aún poética); y Diógenes (I, II) hace mención a una carta; que Ferecides le habría enviado a Tales donde le dice; “Es preciso interpretar mis palabras y llegar al fondo, porque todo es alegórico”.

Aun suponiendo la inautenticidad de dicha carta; queda el hecho de que la tradición atribuía a Ferecides; una suerte de pensamiento científico; oculto tras el ropaje mítico, y su pensamiento; entre otras, encierra la idea de que la causa primera del universo es algo eterno, sin iniciación.

Y no sería improbable que esta afirmación fuera anterior a la equivalente expresada por Anaximandro

Otros nombres adscriptos al orfismo son Onomácrito y Abaris.

 

e) Los sabios


A mediados del siglo VII a.C.; aparecen los llamados siete sabios o gnómicos (gnwme: sentencia, máxima); y ellos también merecen citarse en este proceso del mito al logos; en que se van abandonando progresivamente las ideas; y la expresión religiosa para ir constituyendo un saber racional; y, diríamos, laico.

Son los sabios, precisamente; los que dan casi por completo las espaldas al tradicional mundo poético; y avanzan decididamente en la laicización del lenguaje (lo cual no significa, claro está, que no participen de creencias religiosas); y, si bien han sido juzgados de modos diferentes; pensamos que en general fueron agudos inquisidores de la naturaleza y de la verdad ética.

Junto con Tales, que se estudia en otro contexto; el más importante de los sabios es Solón; de Salamina, célebre legislador de Atenas.

 

d) Del mito al logos


La mitología tradicional, expresada en los grandes poemas épicos; la religión de los misterios, los sabios, también algunos poetas líricos; todo ello en ese especial contexto histórico y geográfico de los siglos X al IV a.C.; concurren a la constitución, por primera vez en el mundo; de un saber científico, es decir, teórico, objetivo, desinteresado; bien distinto del saber de salvación, y también de todo saber utilitario; destinado a la transformación de la realidad material; o a la construcción de grandes monumentos  (tecnología); como el que se dio también en algunos países del Oriente, particularmente en Egipto.

Este nuevo saber, pregunta fundamentalmente por la verdad como tal; y está destinado a desentrañar la realidad toda; inclusive, por supuesto, el problema moral.

Muy pronto se expresa en un conjunto de “especialidades” —biología, matemática, física, astronomía, historia, política—; que representan; de modo más o menos pronunciado según los casos; el comienzo de la constitución de las ciencias particulares.

Este saber es auténticamente griego; lo cual no significa desconocer la circunstancia ya señalada; de que Grecia formaba parte de un contexto cultural más amplio; y que muchas ideas en los diversos campos provinieron de los países de la periferia; especialmente de Egipto y de la Mesopotamia.

Pero es griego, porque fueron los sabios de ese origen; los que otorgaron a los conocimientos ese carácter fundamentalmente teórico; que tipifica a la verdadera ciencia; esto es, al logos.

Por logos (logospalabra, en uno de sus sentidos más originarios—como mito, paradójicamente); se entiende este surgimiento, a partir del mito, del saber racional y científico.

Este amanecer del logos marca; en rigor, el nacimiento de Occidente; porque antes del logos no hay diferencia suficiente entre lo que llamamos Oriente y Occidente.

Este es un detalle clave que suele no advertirse.

En rigor, el saber científico no nació en Occidente; sino que Occidente nació con el saber científico.

Entre los muchos saberes que conforman este logos, está la filosofía; la más griega de todas las ciencias; y el logos es su más genuina expresión.

 

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