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Aristóteles

La Ciencia en Aristóteles

La Ciencia en Aristóteles

Las Ciencias en Aristóteles.
Las Ciencias en Aristóteles.
  1. El conocimiento científico.

Aristóteles conserva el mismo concepto de ciencia que los presocráticos y que su maestro, o sea un conocimiento fijo, estable y cierto. Pero la transformación que hace sufrir al concepto platónico de la realidad repercute profundamente en su concepto de la ciencia. Suprime el mundo trascendente de las Ideas de Platón y solamente admite la existencia de sustancias particulares e individuas, distribuidas jerárquicamente en tres grandes planos: 1, ° terrestres; 2. ° celestes, y 3, ° divina, que es única, ocupando ella sola el lugar de las Ideas platónicas. Suprime también las nociones de participación y de imitación. Cada sustancia tiene su propio ser, debido tan solo a las cuatro causas que intervienen en su generación, y que no es ni participación ni imitación de ninguna otra realidad trascendente.

Aristóteles distingue dos órdenes de conocimiento: el sensitivo y el intelectivo. El primero es la fuente de todos nuestros conocimientos y se caracteriza por su particularidad. Es verdadero, pero no científico, porque está sujeto al movimiento y a la mutación de las cosas y porque no distingue lo sustancial de lo accidental. Tampoco constituye ciencia el conocimiento que solamente llega hasta la opinión, porque carece de necesidad, aun cuando pueda ser base de juicios verdaderos.

El conocimiento científico requiere fijeza, estabilidad y necesidad de los objetos en los cuales se basa su certeza. Solo puede llegar a constituir ciencia el conocimiento intelectivo, capaz de producir conceptos universales con los caracteres de fijeza, estabilidad y necesidad.

 

 

  1. Propiedades del conocimiento científico.

 

1.° Es un conocimiento de las esencias de las cosas (ουσία, τό τί ήν είναι). La ciencia debe responder a la pregunta ¿qué es? (τί έστί) y expresar en sus definiciones (ορισμός) las esencias de las cosas.

2.° Es un conocimiento de las cosas por sus causas (αιτία), No basta saber que una cosa es (οτι), sino que hay que saber también que es (τί) y por qué es (διότι). 3.º Es un conocimiento necesario (καθ’αΰτό, άναγκαΐον). El juicio necesario, propio de la ciencia, consiste en saber que una cosa es así y no puede ser de otra manera.

4.º Es un conocimiento universal (καθόλου). Pero la palabra ≪universal≫ no debe entenderse en el sentido abstracto, ni como contrapuesto a particular y concreto, sino como equivalente a fijo, inmutable y necesario.

La ciencia es, pues, un conocimiento ≪universal≫, es decir, fijo, estable, necesario y cierto de las cosas, que llega hasta sus esencias, las expresa en definiciones y las explica por sus causas.

Ahora bien, ¿cómo se logra un conocimiento semejante? Los presocráticos y Platón habían buscado la necesidad y estabilidad del conocimiento científico en la realidad ontológica de sus objetos. Por esto Heráclito y Platón habían negado la posibilidad de la ciencia respecto de las realidades móviles y contingentes del mundo físico. Estas realidades constituirían objetos de creencia, de opinión o, a lo sumo, de conjetura (εικασία). En Platón la ciencia solamente se daba respecto

de las realidades eternas, necesarias e inmutables del mundo de las Ideas.

Las Ciencias en Aristóteles.
Las Ciencias en Aristóteles.

Si la necesidad del conocimiento científico dependiera de la de sus objetos materiales, en ese caso solo podría darse ciencia de objetos ontológicos eternos, necesarios e inmutables. En la Ontología aristotélica, después de suprimir el mundo de las Ideas separadas de Platón, quedan todavía dos planos de seres eternos e inmutables, que son las sustancias celestes y Dios, si bien el conocimiento de Dios entraña problemas que Aristóteles no se planteó, al menos expresamente. Para él la cuestión se refiere principalmente al conocimiento científico de las sustancias sensibles, materiales y mudables del mundo físico. ¿Cómo puede darse un conocimiento científico, es decir, necesario, universal y cierto, versando sobre objetos esencialmente contingentes, inestables y mudables? En algunos pasajes, de contenido indudablemente platónico, parece rechazar esta posibilidad: ≪Tampoco es posible ni definición ni demostración para las sustancias sensibles particulares, porque tienen una materia de tal naturaleza, que puede ser y no ser, por lo cual todas son corruptibles, Luego si la demostración es de lo necesario, y la definición está dirigida a la ciencia…, es evidente que no habrá de ellas ni definición ni demostración≫.

No obstante, Aristóteles hace entrar también dentro del campo de la ciencia a las sustancias materiales del mundo sensible, mediante la distinción entre orden lógico y orden ontológico. Las sustancias materiales no son necesarias ontológicamente, pues pueden ser y no ser, y están sujetas al movimiento, a la mutación, a la generación y a la corrupción. Pero, aunque en sí mismas no sean ontológicamente necesarias, sin embargo, cabe hallar una necesidad lógica, no absoluta, pero si suficiente, para poderlas elevar a objetos de ciencia mediante la actividad abstractiva de nuestro entendimiento.

Así, pues, Aristóteles no busca la razón de la necesidad y de la universalidad de las cosas en un mundo de Ideas separadas, como Platón, sino dentro de las cosas mismas. Y siendo estas contingentes y mudables, tampoco aspira a una necesidad ontológica absoluta, por razón de los objetos en sí mismos, sino a la necesidad lógica, relativa, pero suficiente, basada en nuestro modo de conocerlos, y que es la única posible tratándose de cosas que no son necesarias ontológicamente. Por esto reconoce y proclama insistentemente que no puede exigirse el mismo grado de necesidad, de certeza y exactitud en todas las materias científicas. Por ejemplo, la Física y la Ética no pueden aspirar a la misma certeza que las Matemáticas.

 

 

  1. Formación del concepto universal.

 

La teoría aristotélica del conocimiento se caracteriza por la estrecha colaboración

que establece entre la función de los sentidos, de la imaginación y del entendimiento para llegar a la formación de los conceptos universales, que constituyen la base de la ciencia. Aristóteles se mantiene en un perfecto equilibrio, a igual distancia de los dos extremos, el empirismo sensista y el abstraccionismo intelectualista. La ciencia de Aristóteles siempre es realista, y ni siquiera en sus grados más abstractos rompe nunca el contacto con la realidad ni se recluye en un puro juego de la actividad intelectiva, entendida en el sentido en que Kant critica justamente el racionalismo cartesiano.

Aristóteles conserva el concepto platónico de la ciencia como un conocimiento fijo, estable y necesario. Pero busca la necesidad de los conceptos universales no en un orden ontológico ficticio, como su maestro, sino en el orden lógico, aunque

siempre en estrecha conexión con el ontológico. Para Aristóteles, el problema fundamental de la ciencia consiste en dotar de los caracteres de fijeza, estabilidad y necesidad a los objetos particulares materiales y móviles del mundo físico, tal como son percibidos por los sentidos. Para elevar las impresiones sensibles al grado de universalidad y de necesidad requeridos por la ciencia, señala dos procedimientos distintos: uno, que pudiéramos llamar lógico, que es la inducción, y otro, de carácter más bien psicológico, que es la acción iluminadora del entendimiento sobre los fantasmas de la imaginación. Aunque más bien que como dos procedimientos distintos deben considerarse como dos aspectos complementarios y simultáneos de un mismo proceso general, que es la elevación progresiva desde lo material y mudable, que es lo propio de los objetos particulares, tal como son percibidos por los sentidos, hasta lo inmaterial e inmutable, que es lo que corresponde al concepto universal aprehendido por el entendimiento, y que puede calificarse simplemente de abstracción.

Aristóteles no admite las ideas innatas ni la reminiscencia. Todo conocimiento tiene su punto de partida en la experiencia sensible. ≪Es manifiesto que nosotros tenemos que conocer por medio de la experiencia lo primero que conocemos≫. ≪El universal se nos da siempre a partir de las cosas singulares≫. ≪Seria asombroso que estuviera alojado connaturalmente en nuestra inteligencia el más alto saber sin que nosotros tuviéramos la menor noticia de ello≫. Por esto, un ciego de nacimiento carece de todo conocimiento acerca de los colores.

Pero si todo conocimiento procede de la experiencia sensible, solamente alcanza la universalidad propia del conocimiento intelectivo cuando ha llegado al último momento del proceso depurador, en el cual tiene que intervenir una potencia superior a los sentidos y a la fantasía, que es el entendimiento. Solo en ese momento termina la labor de abstracción o de separación, que comienza ya en los mismos sentidos, se continúa en la imaginación y termina en el entendimiento.

 

  1. Inducción.

En los Analíticos posteriores y en el libro I de la Metafísica describe Aristóteles los grados ascendentes del proceso cognoscitivo, desde la simple sensación hasta el concepto, o desde el conocimiento sensitivo al intelectivo:

Las Ciencias en Aristóteles.
Las Ciencias en Aristóteles.

1.° Sensación. El punto de partida de todo conocimiento es la percepción sensible de los objetos materiales particulares. No tenemos conocimientos innatos. Todos vienen de los sentidos. En todos los hombres hay un deseo innato y natural de conocer. Su mejor prueba es el placer que causan todas las sensaciones cognoscitivas, especialmente las visuales. La vista es el más estimado de nuestros sentidos, porque es el que proporciona mayor cantidad y variedad de conocimientos.

2.° Memoria. En la memoria persisten y se conservan las impresiones sensitivas. Los animales dotados de los sentidos de la vista y del oído y además de memoria son capaces de aprender y de ser educados. Pero el ≪conocimiento sensitivo es común a todos, es fácil y no tiene nada de filosófico≫.

3.° Experiencia. De la repetición y confrontación de varias sensaciones repetidas, procedentes de objetos semejantes, conservadas en la memoria y unidas a la observación consciente y atenta, nace la experiencia. Pero la experiencia no trasciende lo particular.

4.º El concepto universal. Con el concepto universal entramos en el campo intelectivo. De la reducción de muchas experiencias a la unidad de una sola noción o concepto, desprendido de la multiplicidad, pero que abarca una multitud

de cosas y hechos particulares, se produce el universal, que es, ante todo, la reducción de la pluralidad a la unidad. Aristóteles emplea una expresiva imagen al compararlo a un ejército en desbandada que vuelve a ordenarse.

5.º Arte. El concepto universal, en cuanto que mira a las cosas sujetas al cambio, a la generación y al movimiento, es el fundamento del Arte (τέχνη), que tiene por objeto la acción y la producción. El Arte proviene directamente de la experiencia, sintetizando muchas nociones experimentales en un solo concepto universal. Se distingue de la simple experiencia en que esta se limita al conocimiento de casos y nociones particulares. El arte y la experiencia deben ir

unidos. De otra suerte, el que solamente conoce en universal cometerá errores al aplicar las nociones a los casos particulares. Por ejemplo, en Medicina lo que se trata de curar no es el hombre, sino el individuo, Calias o Sócrates. Pero el que solo conoce lo particular no sabrá remontarse a hacer aplicaciones universales. La experiencia conoce el hecho, la cosa, por ejemplo, que el fuego quema, pero ignora la causa y el porqué. El Arte conoce la cosa, el hecho, y además el porqué. Por esto los hombres de arte son capaces de ensenar. El Arte se acerca más a la ciencia que a la experiencia. Las artes se multiplicaron, unas por la necesidad y la utilidad, y otras simplemente por el placer.

6.° Ciencia. El concepto universal constituye el fundamento de la ciencia. Después que habían sido inventadas to das las artes, se inventaron las ciencias, que no tienen por objeto inmediato la necesidad ni el placer. Y nacieron donde sus cultivadores tenían tiempo y vagar para consagrarse al estudio. Así, por ejemplo, nacieron las Matemáticas en Egipto. La ciencia tiene un objeto más amplio que el arte, pues se propone conocer las primeras causas y los principios

de los seres. El que conoce lo universal conoce en cierto modo los casos particulares que caen dentro de él. Y así una ciencia será tanto más elevada cuanto sea más universal. De este modo, ≪el hombre de ciencia parece superior al que solo posee conocimientos sensitivos; el hombre de arte, al hombre de experiencia…, y las ciencias teoréticas, a las ciencias practicas≫.

Las Ciencias en Aristóteles.
Las Ciencias en Aristóteles.

De esta manera podemos entender la formación del concepto universal como un proceso:

  1. a) de unificación, pasando de la pluralidad a la unidad;
  2. b) de estabilización, reduciendo lo móvil a lo inmutable;
  3. c) de desmaterialización, prescindiendo de la materia particular, causa del movimiento y del cambio, y no considerando más que la materia en general. El universal se percibe en los mismos individuos. Al mismo tiempo que los sentidos perciben el singular (Sócrates blanco), la inteligencia ve el universal (hombre, blancura).

El concepto aristotélico del ≪universal≫ es muy distinto del platónico. En Platón no cabe ciencia de las cosas mudables del mundo físico. El único elemento fijo, estable y necesario de las cosas sensibles consistía en lo que tenían de participación o de imitación de las Ideas del mundo trascendente (su ≪forma≫).

Pero en Platón no hay propiamente ≪abstracción≫. El tránsito es de los seres particulares del mundo físico a los seres también particulares del mundo de las Ideas. Su aspiración ascendente consiste en elevarse por encima del mundo visible hasta las realidades del mundo suprasensible, en cuya contemplación se

halla el verdadero conocimiento científico, estable, fijo y necesario.

Pero Aristóteles suprime el mundo platónico de las Ideas subsistentes. Tampoco admite la existencia de formas de los seres corpóreos con anterioridad a la materia. Solamente admite la existencia de individuos sustanciales, particulares y concretos, cuya esencia consiste en un synolon, en que entran una materia particular y una forma particular. Así, pues, el concepto universal, para ser verdadero, tiene que representar exacta e íntegramente la esencia completa y permanente de la cosa representada.

Puede prescindir de todos sus caracteres accidentales, que son la causa de su mutabilidad, pero tienen que entrar en el sus dos principios esenciales y constitutivos, la materia y la forma. Pero no consideradas en su individualidad física (esta materia y esta forma), sino en común (la materia y la forma). De esta manera, mediante la abstracción se obtiene un concepto universal, en el cual, por una parte, se conservan los dos principios que constituyen la esencia completa, inmutable y permanente de la cosa, y por otra, se logran la fijeza, la estabilidad y la necesidad lógica requeridas en el conocimiento científico. El tránsito es de un todo ontológico particular (la esencia de este hombre) a un todo lógico universal (la esencia del hombre). Con lo cual, la abstracción universalizante no altera ni falsea la representación de la realidad.

Las modificaciones que sufre el platonismo a través de Filón, de Plotino y San Agustín, darán origen a la famosa contraposición medieval del universal ante rem (formas sin materia, ideas en el entendimiento divino), universal in re (formas individualizadas por su unión con la materia en el mundo físico) y universal post rem (formas o ideas en el entendimiento humano, universalizadas mediante la ≪abstracción≫, por su desprendimiento de la materia individualizante). De esta manera aparece la materia como el principio de la particularidad, y la forma como el elemento universal, comprometiendo la integridad y la verdad de la representación de la realidad esencial en el concepto.

 

  1. Iluminación del entendimiento agente.

 

En el libro III De anima insinúa Aristóteles otro mecanismo psicológico para la formación del concepto universal en dos rápidos pasajes, mediante la metáfora de la iluminación del entendimiento agente. Las sensaciones múltiples y particulares procedentes de los sentidos sufren una primera depuración y unificación al ser recibidas en el sentido común. De aquí pasan a la fantasía, pero conservando todavía su particularidad. Sobre las imágenes de la fantasía actúa el entendimiento agente, despojándolas totalmente de su materialidad y particularidad por medio de la ≪iluminación≫, haciendo aparecer en ellas la idea universal, representativa de su esencia, la cual actúa sobre el entendimiento pasivo.

Así, pues, en Aristóteles el concepto universal no es una construcción apriorística de nuestra razón pura, sino un producto elaborado por el entendimiento, pero en intima colaboración con la experiencia sensible. Su valor es lógico, pero está basado en la realidad, de la cual ha sido obtenido por el procedimiento de la abstracción inductiva o iluminativa.

De este modo tenemos un material legitimo para constituir una ciencia realista, organizando esos conceptos en un orden sistemático, que aspira a ser un reflejo, lo más exacto posible, de la realidad de las cosas tal como son en sí mismas, dotadas, en virtud de la abstracción, de los caracteres de fijeza, necesidad y universalidad de que carecen los seres particulares del mundo físico.

Una vez constituido el concepto universal con los caracteres de unidad, fijeza e inmutabilidad en el orden lógico, tenemos ya el material para la ciencia. Pero todavía no tenemos ciencia. Porque el proceso psicológico de formación de los conceptos universales es idéntico y común al conocimiento vulgar y al científico. La acción del entendimiento agente termina en el momento mismo en que ha quedado constituido, psicológicamente, el concepto universal. Pero desde el momento en que se trata de comenzar a utilizar científicamente esos conceptos

entra en funciones otra potencia, que es el entendimiento posible o pasible, sin cuya intervención no sería posible pasar de la simple posesión de ideas o de nociones universales, que no trascienden el orden puramente psicológico.

 

 

  1. División de las ciencias.

Las Ciencias en Aristóteles.
Las Ciencias en Aristóteles.

La división aristotélica de las ciencias está basada en su concepto pluralista y analógico del ser. Si no hubiera más que un solo ser, único, indiferenciado e inmóvil, como pretendía Parménides, tampoco podría haber más que una sola ciencia. Pero Aristóteles no admite un solo ser, sino muchos seres, cada uno de los cuales tiene su forma propia y particular, la cual es el principio de distinción

y ordenación jerárquica entre las múltiples clases de seres que se dan en la realidad. Los seres van ascendiendo en la escala ontológica por razón de la mayor perfección de sus formas, desde las sustancias puramente materiales, a las que suceden los vivientes (vegetales, animales, hombre), hasta llegar a las celestes y, finalmente, a la sustancia divina, trascendente y separada, que es la cumbre de toda perfección. A la pluralidad y diversidad ontológicas de los modos de ser corresponden correlativamente una pluralidad y una diversidad lógicas equivalentes en los modos de conocer.

En Aristóteles el orden del conocer debe ajustarse al orden del ser, y no a la inversa, como en Kant. Por consiguiente, habrá tantas ciencias distintas cuantos modos distintos de seres y cuantos modos distintos de considerarlos. ≪Hay tantas partes de la filosofía cuantas sustancias; así es preciso que haya una primera y otra que la sigue≫. Las acciones, las ciencias y las artes se especifican por sus objetos. ≪Habiendo muchas acciones, artes y ciencias, muchos son también los fines. El del arte medica es la salud; el de la ciencia náutica, el navío; el de la estrategia, la victoria, y el de la economía, la riqueza≫. En virtud de esto, la superioridad o inferioridad de una ciencia se gradúa por el valor del objeto sobre que versa.

El Corpus aristotelicum presenta un desarrollo y una diferenciación de las ciencias muy superior a lo que hemos visto en Platón. El conjunto de sus tratados ofrece una enciclopedia impresionante de todas las ramas del saber, ya perfectamente

distintas entre sí, que reflejan el estado del panorama científico en el Liceo a fines del siglo IV. Sin embargo, en Aristóteles no hallamos expresamente una clasificación sistemática de ese rico material, ni una articulación orgánica de sus diversas partes, dentro de un esquema general de las ciencias. Las clasificaciones

que aparecen en la Metafísica reproducen, con escasos retoques, el viejo esquema platónico, que resulta a todas luces insuficiente y de cuyas escuetas líneas se desborda por todas partes la riqueza del material científico acumulado por el peripatetismo.

En el libro VI de la Metafísica establece la distinción de las ciencias en teoréticas, prácticas y poéticas. Hay tres clases de las primeras: Física, que tiene por objeto las sustancias móviles e inseparables de la materia; Matemáticas, que versan sobre objetos inmóviles, pero inseparables de la materia, y Teología, que se ocupa de la sustancia separada, eterna e inmóvil, y que es la ciencia suprema, porque ≪la ciencia más alta debe tener por objeto el ser más excelente≫. Es fácil apreciar que el segundo plano de ciencias permanece todavía bajo el influjo de Platón, en cuanto al objeto asignado a las Matemáticas.

En el libro XI aparecen como ciencias teoréticas la Física, ciencia de los seres móviles, en cuanto móviles, pero no en cuanto seres; las Matemáticas, que versan sobre los modos de la cantidad, pero tampoco considerados en cuanto seres; la Teología, que es la ciencia suprema, pues se ocupa de la sustancia separada, eterna e inmóvil; y aparece también la Filosofía primera, que tiene por objeto la consideración del ser en cuanto ser, y sus propiedades, la unidad, los primeros principios y los axiomas.

En el libro XII distingue Aristóteles tres clases de sustancias, dos de ellas sensibles y móviles, de las cuales una es perecedera (plantas y animales), otra eterna, cuya naturaleza no detalla, pero que evidentemente responde a los cuerpos celestes, de los cuales trata expresamente en el capítulo 8, y otra tercera, eterna e inmóvil. Las dos primeras las adjudica a la Física, y la tercera, a otra ≪ciencia diferente≫, que indudablemente es la Teología.

Así, pues, en el primer plano de ciencias teoréticas la Física ocupa el lugar que tenía en la clasificación platónica de Jenócrates y Espeusipo. En ella quedan englobados todos los seres móviles del mundo físico, sin precisar más y sin indicar siquiera la distinción importantísima entre sustancias puramente materiales y sustancias vivientes, que dan lugar a ramas de la ciencia completamente distintas y que aparecen perfectamente definidas y especificadas en los libros correspondientes del Corpus aristotelicum.

El segundo plano, Matemáticas, corresponde al concepto platónico de ciencias dianoéticas. En este campo, la aportación personal de Aristóteles es poco importante, aunque en el Liceo y en Alejandría hubo después excelentes matemáticos.

En los distintos libros de la Metafísica puede apreciarse el tránsito de Aristóteles, partiendo del concepto platónico de los números ideales que predominaba en la Academia en tiempo de Jenócrates, hasta llegar a rechazarlo por completo, asignando a las Matemáticas, como objeto, el estudio de las relaciones y proporciones que resultan del accidente de cantidad.

El tercer plano de ciencias es el que ofrece mayores variantes respecto del platonismo. En Platón lo ocupaba la Dialéctica, que era la ciencia suprema, a la cual correspondían las sustancias separadas eternas, inmóviles e inmutables del mundo ideal trascendente. En Aristóteles desaparece la Dialéctica como ciencia suprema y es sustituida por la Teología. El lugar que ocupaban las Ideas de Platón queda reservado exclusivamente para una sustancia única, separada, eterna, inmóvil e inmutable, que es el ≪mejor de los seres≫, o sea Dios.

La clasificación aristotélica de las ciencias se completa con la división en ciencias prácticas, entre las que enumera la Política, que tiene por objeto el gobierno de la ciudad (polis); la Económica, a la cual corresponde el gobierno de la casa (oikos), y la Monástica, o Ética, a la que le compete la dirección de la vida individual. A estas hay que añadir las ciencias poéticas o productivas, que tienen un valor científico mucho menor y que propiamente entran en la categoría de artes. La enumeración es variable en los distintos lugares, mencionando la Medicina, la Gimnastica, la Estatuaria, la Música, la Dialéctica, la Retórica, la Poética, etc.

En estas clasificaciones no aparecen incluidas otras ciencias como la Filosofía primera, la Analítica (Lógica) y la Gramática, a las que Aristóteles atribuye un carácter más general.

A nuestro juicio, estas divisiones, que figuran repetidamente en la Metafísica, no reflejan el pensamiento completo de Aristóteles, tal como aparece desarrollado en el conjunto de sus obras, y que es mucho más rico y más matizado. Creemos

que la mejor clasificación aristotélica de las ciencias es la que nos ha dado Santo Tomas en los distintos lugares en que hace la enumeración y ordenación de los libros del Corpus aristotelicum.

Para mayor claridad presentamos algunas en forma de esquema:

Las Ciencias en Aristóteles

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