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La Teología de Aristóteles

Teología de Aristóteles

 

  1. La sustancia divina trascendente.

La Teología de Aristóteles
La Teología de Aristóteles

La Teología de Aristóteles es la afirmación de una sustancia suprema, Acto puro, coronación ontológica de todo. El concepto teológico de la Física y de la Astrología, ascendiendo a través de una jerarquía ordenada de potencias y de actos, conducen a Aristóteles finalmente a la afirmación de la existencia de una sustancia suprema, Acto puro, trascendente al Universo, que constituye la coronación ontológica de todo su sistema. Es una conclusión de los conceptos básicos del aristotelismo, de la sustancia, de la potencia y del acto. Aristóteles, aunque alguna vez hable de ούσία μορφή suprema, no emplea la palabra ≪forma≫ para referirse a Dios. La palabra ≪forma≫ tiene en el un sentido preferentemente físico. Tampoco gusta de hablar de εντελέχεια, sino de Ινεργεία.

Aristóteles no plantea el problema de Dios desde el punto de vista de la existencia del ser del mundo físico, sino desde el del movimiento. Careció de la idea de creación. Dios y el mundo coexisten, distintos e independientes, desde toda la eternidad. Por lo tanto, no le preocupa buscar el primer principio del ser, que considera eterno, sino el principio del movimiento de los seres. Por esto sus pruebas de la existencia de Dios tienen un carácter esencialmente mecánico, a diferencia de Santo Tomas, quien las transformara, dándoles un sentido plenamente ontológico, buscando a Dios, no solo como causa del movimiento, sino también del mismo ser, pues el ser contingente reclama una causa necesaria. Las pruebas de Aristóteles proceden por el movimiento, buscando una causa, que

es Dios. Pero son pruebas validas, que le conducen a la afirmación de la existencia de un Ser supremo, trascendente, causa primera y eterna del movimiento de las sustancias celestes y terrestres.

 

  1. Pruebas de la existencia de Dios.

 

  1. Por el orden del mundo.

En el dialogo Sobre la Filosofía figura la prueba platónica de la existencia de Dios por el orden del mundo. ≪Si alguien, sentado en el monte troyano Ida, hubiese

visto al ejercito de los helenos avanzando por la llanura, con orden y disposición perfectos…, habría tenido la idea de que existía un ordenador de semejante orden, que mandara a los soldados tan bien dispuestos a su mando… De la misma manera, los primeros que miraron al cielo y contemplaron el sol recorriendo su curso desde la aurora hasta el ocaso, y las danzas ordenadas de los astros, buscaron un artífice de esta hermosa ordenación, no pensando que pudiera formarse al azar, sino por obra de una naturaleza superior e incorruptible, que era Dios≫.

 

  1. Por los grados de perfección de los seres.

Donde hay gradación de más y de menos perfecto tiene que haber un ser que sea perfectísimo, y este puede llamarse Dios. La razón es que Dios es inmutable y no puede cambiar ni para bien ni para mal. ≪Puede afirmarse que en cualquier parte en que existe una jerarquía de grados, y, por lo tanto, un acercamiento mayor o menor a la perfección, subsiste necesariamente una cosa absolutamente perfecta. Ahora bien, puesto que en todo cuanto existe se da una gradación de cosas más o menos perfectas, por lo mismo existirá también un ser más perfecto que todos, el cual podría ser Dios.

 

  1. Por la experiencia psicológica.

 

En el escrito perdido Sobre la oración afirmaba la existencia de Dios, que es trascendente, pues es espíritu y más que espíritu (Rose, fr.49). ≪El que se somete a la iniciación no debe aprender nada con el entendimiento, sino vivir una experiencia interior, y entrar así en una cierta disposición de ánimo, dado que sea capaz de tal disposición≫. ≪Aristóteles tenia costumbre de decir que la idea de Dios deriva en los hombres de dos fuentes diferentes: en primer lugar, de las experiencias de la vida psíquica; después, de la contemplación de los cuerpos celestes. En cuanto a la primera, tiene en cuenta los transportes divinos y la clarividencia que sobreviene durante el sueño≫.

En el libro De caelo invoca la experiencia de lo divino en sueños, en la adivinación y en la proximidad de la muerte.

 

  1. Por el movimiento.

 

Es la prueba típicamente aristotélica, aunque ya había sido formulada por Platón. Tanto en la Física como en la Metafísica parte Aristóteles del hecho de la existencia del movimiento, considerándolo eterno, pero busca una causa suprema para explicarlo. No obstante, entre ambos libros existen notables diferencias, que han dado origen a diversas interpretaciones, por lo que es conveniente examinarlos por separado.

 

  1. El Primer Motor inmóvil de la ≪Física≫.

 

El Primer Motor inmóvil aparece en la Física al final de un proceso demostrativo, que se desarrolla a lo largo del libro VIII.

Cap. 1 y 2. — Establece la tesis de la eternidad del movimiento y del tiempo.

Cap. 3. — Afirma, contra Heráclito, que no todo está siempre en movimiento, y contra los eleatas, que no todo está siempre en reposo. Existen seres que unas veces están en reposo y otras en movimiento.

Cap. 4. — Formula su principio fundamental: ≪Todo lo que se mueve es movido por otro≫. Por lo tanto, todo movimiento requiere un motor distinto del móvil. Pero la serie subordinada y ascendente de motores y de móviles no puede remontarse hasta el infinito. Luego es preciso detenerse y llegar finalmente a una causa primera del movimiento, la cual mueva todas las cosas. Pero esta causa primera puede ser o bien un primer motor inmóvil o bien un motor que se mueva a sí mismo.

Cap. 5. — Analizando el concepto del primer motor concluye que debe ser inmóvil, eterno, pues el movimiento es también eterno, y único, porque el movimiento cósmico en general es continuo y manifiesta una unidad perfecta. Además, por el principio de economía, pues una multiplicidad de motores no explicaría el movimiento mejor que uno solo.

Cap. 6. — Ese primer motor actúa sobre el primer móvil, cuyo movimiento es también eterno. Así la serie subordinada de motores y de móviles físicos termina finalmente en un primer móvil y un primer motor inmóvil, ambos eternos.

Cap. 7, 8 y 9. — El primer motor causa el movimiento local, que es único, circular y continuo.

Cap. 10. — Completa los caracteres del primer motor, que es, además: indivisible, inextenso, no compuesto de partes. Y, dada la jerarquía aristotélica de las sustancias, será también inmaterial, inteligente y dotado de voluntad.

En la Física, el primer motor aparece, no fuera del mundo, sino dentro, en la periferia, permaneciendo inmanente al Universo y formando parte de él. ≪Es necesario que el motor este en el centro o en la periferia, porque allí están los principios. Pero las cosas más próximas al motor son las que se mueven más rápidamente, y tal es el movimiento del Universo; por lo tanto, allí está el motor≫. El primer motor y el primer móvil estarían unidos como el alma y el cuerpo, o como la forma y la materia. Este primer motor mueve al mundo por contacto físico y por impulso mecánico, de una manera semejante a como el alma mueve el cuerpo.

La conclusión de la Física es, pues, un primer motor inmóvil, activo, inteligente, alma del primer cielo, que circunda todo el Universo y que es la primera causa mecánica de todo el movimiento. Pero es de notar que Aristóteles en la Física

no da a ese primer motor el calificativo de Dios. Si lo fuera, tendríamos solamente un Dios inmanente al Universo, que informaba el primer cielo a la manera de un alma, es decir, un Dios en sentido platónico y muy relativo, pero no un Dios trascendente. Bien sea por no querer rebasar el orden de la investigación física, para lo cual le basta con haber hallado una causa primera eficiente mecánica del movimiento físico, perteneciente a ese mismo orden e inmanente al mundo, o bien por no tener todavía maduro su pensamiento, el hecho es que, teológicamente considerada, la prueba de la Física, aunque apoyada en principios válidos, no llega a su término, pues ese motor postula a la vez otro motor superior, el cual será la Sustancia absolutamente primera, el Acto puro, cuyo estudio cae fuera del campo de la Física y entra dentro del de otra ciencia superior, que es la Teología.

Un concepto semejante al de la Física hallamos en los demás tratados cosmológicos, aunque con la diferencia de que en estos otros se habla de lo divino. En el De caelo afirma que el Cielo encierra dentro de si todos los cuerpos, y que fuera de él no existe lugar, ni tiempo, ni vacío. Pero con cierto misterio insinúa que más allá del cielo existen sustancias eternas, inmutables, impasibles y divinas, que disfrutan de una vida perfectísima y felicísima desde toda la eternidad.

 

  1. El Acto puro de la ≪Metafísica≫.

 

En la Metafísica sigue Aristóteles un proceso semejante. Partiendo de la realidad del movimiento eterno se propone demostrar que existe una sustancia separada, inmóvil, eterna e incorruptible.

Distingue tres clases de sustancias: dos de orden físico, de las cuales las primeras son terrestres, móviles y corruptibles, y las segundas celestes, móviles, pero no corruptibles.

Por encima de estas, superior a todas y fuera de ellas, existe otra sustancia eterna, inmóvil e incorruptible. Lo mas no sale de lo menos. ≪El ser no procede del caos ni de la noche≫. El acto es anterior a la potencia, el ser a la privación y el motor al móvil. Dado que en las cosas existe un orden cíclico y un movimiento de generación y de corrupción, tiene que existir necesariamente una sustancia primera, inmaterial, Acto puro, sin mezcla de potencialidad, que es la causa del movimiento y que obra de una manera continua y uniforme. Si no hubiera una sustancia sempiterna, todas las demás sustancias serian corruptibles y, por lo tanto, no existirían. Debe, pues, existir un principio siempre en acto, que es a la vez causa del movimiento y de la variedad y uniformidad de los seres. ≪Hay, pues, algo que se mueve siempre con movimiento continuo, que es movimiento circular…; por lo tanto, el primer cielo debe ser eterno. Hay, por supuesto, algo también que lo mueve. Y, puesto que aquello que lo mueve y movía es intermedio, hay algo que mueve sin ser movido, que es eterna sustancia y acto≫. ≪Y esto es Dios≫. ≪De este principio penden el cielo y la naturaleza≫.

A continuación, precisa Aristóteles los atributos de esa primera sustancia, que es eterna, puesto que causa un movimiento eterno, inmóvil, separada de lo sensible, inmaterial, indivisible, carente de partes, impasible, inmutable, inalterable, incorruptible, dotada de poder infinito, cerrada a todo lo exterior, la cual posee en sumo grado, y con una plenitud inimaginable, la belleza, la inteligencia y la felicidad. ≪Dios es, sin duda, feliz y bienaventurado, pero no por ninguno de los bienes exteriores, sino por sí mismo y por tener cierta naturaleza≫.

Tenemos, pues, una demostración de la existencia de Dios partiendo, como en la Física, del hecho del movimiento, pero que trasciende el orden de las sustancias terrestres y celestes, llegando a la afirmación de una sustancia primera y suprema, trascendente, cúspide de la pirámide escalonada de potencias y de actos. Y aunque en el sistema aristotélico se presente íntimamente ligada a sus concepciones físicas y astronómicas, no se trata de una simple prueba mecánica, sino que alcanza toda su fuerza probativa, constituyendo la cumbre más alta a que llego el pensamiento griego en sus especulaciones acerca de la divinidad.

Para mejor apreciar las diferencias entre el primer motor inmóvil de la Física y el Acto puro de la Metafísica, las ponemos en un paralelo:

La Teología de Aristóteles

 

Estas diferencias no constituyen dificultad si las consideramos como dos etapas de un mismo proceso demostrativo. En ambos casos se trata de buscar la causa del movimiento.

Pero en la Física se detiene Aristóteles al llegar a una causa mecánica, inmediata, inmanente al Universo, que es el primer motor inmóvil. Mientras que, abordando después en la Metafísica la cuestión en su aspecto teológico, prolonga la demostración hasta llegar a una sustancia trascendente, que es la causa universal de todo el movimiento. Así, pues, entre ambos procedimientos no habría oposición, sino continuación y complemento.

 

  1. Causalidad de Dios sobre el mundo.

 

Dios es, pues, una sustancia distinta y separada del mundo, viviente con la forma más alta de la vida, que es el pensamiento puro. No es infinito, sino ≪limitado≫, porque para los griegos, hasta los neoplatónicos, la ≪infinitud≫ equivalía a imperfección. Siendo perfectísimo, y careciendo en absoluto de potencialidad, no puede tener ningún objeto de conocimiento fuera de sí mismo, pues esto implicaría imperfección. Su vida y su pensamiento se cierran dentro de sí mismo, en una autocontemplación, pensando nada más que su propia sustancia. El hombre, los astros vivientes e inteligentes y, sobre todo, el primer motor puede conocer y amar a Dios. Pero Dios no puede conocer el mundo, porque su entendimiento no puede estar en potencia respecto de ningún objeto fuera de si mismo.

Tampoco es creador del mundo. Aristóteles afirma que el primer ser es causa de todo ser, como la primera verdad es la causa de toda verdad. Pero no utiliza esa idea de la causalidad creadora para superar su dualismo de la eternidad del mundo y de Dios.

El Acto puro ejerce su causalidad sobre el mundo. Pero no como causa eficiente, sino como final, por atracción y amor, a la manera del Bien de Platón. ≪Mueve como amado≫, con una especie de causalidad psicológica. Dios no conoce el mundo, pero es conocido por la inteligencia del primer motor del cielo, el cual al conocerlo lo ama, sintiéndose atraído hacia Dios.

Esto da origen al movimiento circular, en que el primer motor se mueve dentro de su propia esfera, de la cual no puede salir, causando a la vez los movimientos de las esferas inferiores, a través de las cuales se va transmitiendo el movimiento hasta llegar al Zodiaco, cuya inclinación es causa de la diversidad de los movimientos del mundo sublunar, que dan origen a las generaciones y corrupciones. En este sentido indirecto y mediato es Dios causa del movimiento de todas las cosas. Pero como el Acto puro no conoce el mundo, por lo mismo quedan excluidos su providencia y gobierno sobre el Universo.

 

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