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La Sofística

GORGIAS, el gran orador.

GORGIAS, el gran orador.

Protágoras y Gorgias

Gorgias (h.444-1); natural de Leontinoi, colonia de Chalcis, en Sicilia.
Fue enviado a Atenas como embajador en 427 para solicitar ayuda contra los siracusanos, dejando a los atenienses admirados con su elocuencia.
Se le atribuye el haberse presentado en el teatro de Atenas diciendo: «Preguntad».
Fue muy estimado por Pericles, Aspasia, Tucídides, Alcibíades y Critias.
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Murió en Larisa (Tesalia), a los ciento nueve años.
Escribió Sobre el No-Ser o Sobre la Naturaleza.
Un Epitafio, Olímpico, Arte Retórica (τέχνη), Elogio de Helena, Defensa de Palamedes, Elogio a la ciudad de Elea.
Fue tal vez el orador más brillante entre los sofistas.
Profesaba una confianza ilimitada en el poder de la palabra y subordinaba todas las artes a la de persuadir.
«La palabra es una gran dominadora, que con un cuerpo pequeñísimo e invisible
realiza obras divinísimas».
«El sofista hace discursos, como el médico medicinas».
Su fondo filosófico parece inspirado en Empédocles y en los eléatas, llegando hasta los límites más extremos del agnosticismo y del nihilismo, pues no sólo niega la realidad del espacio, del vacío, del movimiento y del tiempo y de las cosas particulares, sino hasta la misma existencia del ser.

La Existencia del Ser.

Sexto Empírico nos ha conservado un resumen de los «tres capítulos» de Gorgias:

1.° No existe nada,
a) No existe el no-ser (Heráclito, Protágoras).
Si existe alguna cosa es o ser o no-ser.
Existir el no-ser implica contradicción, porque sería y no sería al mismo tiempo,
b) Tampoco existe el ser (Parménides) ni eterno, ni creado, ni eterno y creado a la vez, ni uno, ni múltiple.
c) Tampoco existe un ser mezclado de no-ser (Pitágoras).

2.º Aun cuando existiera el ser, sería incomprensible para nosotros, y no podríamos conocerlo.

3.º Y aun cuando pudiéramos conocerlo, no podríamos comunicar a otros nuestro conocimiento.
Es posible que una actitud tan radical no pasara de ser un simple ejercicio de retórica; o un juego dialéctico para poner en ridículo a los eléatas y a Protágoras, empleando sus propias armas.
O quizá una burla de los filósofos, haciendo alarde de la habilidad de los retóricos para hablar bien; hasta de las cosas más contradictorias.
Pero en el fondo se desprende una conclusión, y es que no conocemos más que apariencias; y que la retórica es el arte de descubrir aquellas que pueden sernos útiles en cada caso particular.
En política defendió la idea panhelenista de la unión de todos los griegos.

 

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