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La Sofística

PROTAGORAS, padre de la sofística.

PROTAGORAS, padre de la sofística.

Protágoras

 

Protagoras (h.444-1), fue natural de Abdera; se dice que fue educado por los «magos» que acompañaban a Jerjes.

Hizo varias visitas a Atenas (h.455-445).

Fue muy estimado por Pericles, quien le encargó redactar una constitución para la colonia panhelénica de Thurioi (444-1).

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Acusado de asebeía por Pitodoro y condenado a muerte en 416, pudo salvar su vida huyendo.

Su libro Sobre los dioses fue quemado en la plaza pública.

Protagoras murió en su patria, o en Sicilia, a los ochenta años de edad.

Es el más eminente de los sofistas.

Platón, que le llama «padre de la sofística», lo trata con respeto en el Protagoras (337d), aunque después lo ridiculiza en el Teeteto.

Fue sutil gramático y brillante orador.

En Gramática se le atribuye haber iniciado el estudio científico y sistemático de la palabra, distinguiendo los géneros masculino, femenino y neutro y las partes de la oración: sustantivo, adjetivo y verbo.

En Retórica distinguió las partes del discurso: exordio, preámbulo, disposición, exposición, discusión, refutación y conclusión.

Enseñó durante cuarenta años, haciéndose muy rico con sus lecciones, pues cobraba cien minas por cada curso.

Quedan escasos fragmentos de las obras de Protagoras: La Verdad, Destructores, Contradicciones, Sobre los dioses, Sobre el Ser, Gran Discurso.

Su fondo filosófico procede de Heráclito o de los atomistas de Abdera.

Está dominado por la idea del cambio incesante de las cosas.

Nada hay fijo ni estable.

 

Solamente podemos conocer los fenómenos que impresionan nuestros sentidos.

De aquí provienen su subjetivismo sensista, su relativismo y su escepticismo.

No habiendo nada estable y percibiendo cada uno la realidad a su manera; no hay una «verdad» universal, sino tantas verdades como individuos.

Cada uno es la norma de su verdad.

Todas las apariencias son verdaderas.

Lo que es verdad para uno no lo es para otro.

Las cosas ni son ni no son, puesto que están en perpetuo cambio.

Solamente son verdad en cuanto que nos aparecen, y su verdad consiste en cómo nos aparecen.

A su obra Sobre la Verdad pertenecía la famosa frase: «El hombre es la medida de todas las cosas; de las que son en cuanto que son y de las que no son en cuanto que no son».

 

Moral.

Aplicando a la Moral el relativismo del ser, resulta que tampoco existen un bien ni una justicia fijos y universales.

Lo que unos creen bueno, a otros les parece malo.

De aquí el valor de la habilidad de los retóricos para transformar la «peor razón en la mejor»; y para hacer dos discursos opuestos sobre la misma cosa.

Existencia de Dios.

Sobre la existencia de Dios profesaba el agnosticismo más absoluto.

«Acerca de los dioses, yo no puedo saber si existen o no, ni tampoco qué forma puedan tener.

Hay muchos impedimentos para saberlo, la oscuridad de la materia y la brevedad de la vida humana.

Apenas sabemos nada de Xeniades de Corinto, mencionado por Sexto Empírico.

Parece que se inspiraba en Parménides y Demócrito, llegando a adoptar una actitud nihilista.

Todo sale del No-ser para volver al No-ser.

Todo es falso, tanto las apariencias como las opiniones.

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