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Platón

La Escatología de Platón.

La Escatología de Platón.

La Escatología de Platón
La Escatología de Platón

Escatología y sanciones.

El carácter moral de la filosofía platónica es profundamente escatológica, y se refleja en su preocupación por penetrar en el misterio de la vida de ultratumba y en la suerte que espera a las almas más allá de la muerte. Platón abriga una convicción profunda en la existencia de otro mundo ultraterreno y para expresarla utiliza las tradiciones de la mitología griega, acomodándolas a sus propósitos.

En la Apología Sócrates se despide de los jueces que le han sido favorables, antes de partir para la región del Hades, adonde reina la verdadera justicia, administrada por jueces rectos, y donde podrá proseguir sus conversaciones con los espíritus de los justos, sin temor de ser condenado a muerte.

En el Critón el más allá es concebido como el reino donde rigen las leyes perfectas.

El Gorgias, el Fedón y el República ofrecen tres fases distintas y complementarias de un mismo mito, que comprende un ciclo escatológico completo. En el Gorgias, preocupado Platón por la realización de la justicia perfecta, imposible de lograr sobre la tierra, alude al Hades, donde las almas se presentan desnudas de sus cuerpos y comparecen ante el tribunal de Baco, Radamanto y Minos, dioses infernales, hijos de Zeus, que administran justicia sentados en la bifurcación de donde arrancan los dos caminos, el que lleva a las Islas Afortunadas, destino de las almas justas, y el que conduce al Tártaro, lugar de tormentos y de expiación reservado a los malvado. De esta manera la justicia aparece como útil, no sólo en esta vida, sino también después de la muerte.

 

Las tres regiones concéntricas.

En el Fedón se continúa el mismo mito, haciendo una descripción detallada de la topografía de las regiones destinadas a la morada de los muertos. Existen tres tierras o regiones concéntricas: la primera, que es absolutamente pura y no puede ser percibida por nuestros sentidos, envuelve por completo a la Tierra, en que habitan los hombres mortales, y está rodeada por el éter, en que se mueven los astros. Se divide en doce sectores, a cada uno de los cuales corresponde un color diferente. Es una región bellísima, llena de arboledas y poblada de animales mucho más hermosos que los terrestres. En ella, además de lo que pudiéramos llamar continente, envuelto en el aire en vez de mar, se hallan las Islas Afortunadas. Esta región constituye el paraíso, donde, en compañía de los dioses, habitan las almas de los justos que se han conducido rectamente durante su vida sobre la tierra.

La Escatología de Platón
La Escatología de Platón

Debajo de esa región está nuestra Tierra, esférica e inmóvil, de la cual solamente conocemos una pequeña parte desde el Phase (mar Negro) hasta las columnas de Hércules.

Dentro de las concavidades de la Tierra se abren profundos abismos, por los cuales corren cinco grandes ríos: el tártaro, que es el más profundo y llega hasta el centro de la Tierra; el Océano, que es el mar exterior; el Aqueronte, que en un remanso forma la laguna Aquerusia; el Periflégeton, formado de fuego derretido, y el Cocito, de aguas frigidísimas.

 

Juicio de los dioses infernales.

Esta geografía subterránea es el escenario donde se realiza el juicio de los dioses infernales. Los muertos llegan al lugar del tribunal conducidos por su propio Genio. Las almas de filósofos que han vivido conforme a la justicia y a la virtud y se han purificado por completo durante su vida terrestre, son conducidas inmediatamente a la región etérea; para disfrutar de una existencia feliz en compañía de los dioses. Las almas mediocres, que no han tenido grandes vicios ni virtudes, y que han llevado una vida vulgar, son embarcadas en el río Aqueronte y conducidas a la laguna Aquerusia, especie de purgatorio temporal en que expían sus pecados a la vez reciben el premio de sus buenas obras. De aquí vuelven a la Tierra a reencarnarse nuevamente en cuerpos mortales. Los grandes criminales entran en el Periflégeton y en el Cocito y al pasar junto a la laguna Aquerusia imploran a voces el perdón de sus víctimas. Los que lo consiguen son llevados esa misma laguna para expiar temporalmente sus pecados y volver a reencarnarse de nuevo. Los que no lo logran son precipitados en el tártaro hirviente, de donde ya no vuelven a salir jamás.

La Escatología de Platón
La Escatología de Platón

El retorno de las almas a la Tierra.

Complemento de los dos anteriores es el mito de Er el Pánfilio con que termina el República. Ofrece una topografía un poco diferente de las regiones celestes, y presenta las almas en el momento de retornar a la Tierra, terminado el período de mil años, eligiendo ellas mismas el género de vida que desean su reencarnación. La elección se hace en presencia de las Parcas: Clotos Láquesis y Atropos, que enhebran el hilo de sus existencias en el huso de la Necesidad, eje diamantino que atraviesa todo el Cosmos. Antes de volver a la Tierra beben en la llanura ardiente de Lethe, las aguas del arroyo Ameles, con lo cual pierden la memoria de sus vidas anteriores. En este pase trata Platón de eximir a la Divinidad de toda culpa en el destino humano, que es elegido libremente por cada una de las almas.

En el Fedro describe Platón un nuevo mito, en que presenta las almas «mortales» e inmortales viajando por los cielos en una procesión circular compuesta por once secciones, presididas por otros tantos dioses astrales, bajo la dirección general de Zeus. Cada alma viaja en un carro tirado por dos caballos alados y guiado por un cochero. Los caballos de los dioses son iguales y ambos nobles y de buena raza. En tanto los de las almas «mortales» son diferentes, uno de ellos blanco y noble y el otro negro y rebelde En esa procesión circular los dioses, y con ellos algunas almas, llegan periódicamente a la cumbre de los cielos, y desde allí contemplan el mundo exterior de las Ideas. Pero muchas de las almas mortales sucumben en su anhelo por llegar a la altura, sin poder alcanzar la contemplación de las realidades superiores. Las que caen no paran hasta llegar a la Tierra, donde son encarnadas en cuerpos materiales. Las almas que han logrado ver el mundo de las Ideas siguen en el cortejo celestial por otros mil años. En las que caen a la Tierra hay diferencias, conforme al grado en que hayan podido contemplar las realidades ultramundanas. Ellas mismas eligen el cuerpo en que se han de encarnar. Hay nueve grados; el primero es el de las que han visto algo más, las cuales se encarnan en filósofos, en amantes de la belleza., en músicos o en maestros de amor; otras en un rey justo amante de las leyes; otras en políticos, administradores o financieros; otras en maestros de gimnasia en médicos; otras en adivinos; otras en poetas, pintores e imitadores; otras en artesanos o labradores, otras en sofistas y demagogos; y otras, finalmente, en tiranos, que representan el último peldaño de la degradación.

Después de encarnadas, las almas comienzan una nueva existencia sobre la tierra, al fin de la cual son nuevamente sometidas a un juicio, cuyo resultado depende de la conducta que hayan observado. Las que hayan vivido conforme a la virtud y a la justicia vuelven a recuperar sus alas y se remontan al cielo, donde permanecen por espacio de mil años, y vuelven a encarnarse nuevamente por tres veces consecutivas en tres milenios. Las que hayan observado mala conducta y no se hayan purificado son condenadas a permanecer mil años en el Hades, sufriendo penas conformes a sus culpas y vuelven a repetir la rueda de las reencarnaciones. Ninguna de ellas podrá recuperar su estado primitivo antes de diez mil años.

 

Primera encarnación es en los Hombres.

La primera encarnación se realiza siempre en cuerpos de hombres; pero, en conformidad con su conducta, las encarnaciones sucesivas se verifican en cuerpos de mujeres o de animales. De esta manera trata de explicar Platón el hecho de que los animales tengan alma, con una especie de evolución a la inversa, por degradación.

Tanto en el Fedro como en el Timeo la transmigración de las almas tiende a sustituir como sanción inmanente el concepto de las penas infernales descrito en los Diálogos anteriores.

En las Leyes perdura el concepto de sanción más allá de esta vida. Las almas que hayan vivido en el vicio habitarán un lugar conforme a su estado. En cuanto al destino de las que hayan vivido virtuosamente lo sitúa indeterminadamente en un lugar santo.

 

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