Categorías
Platón

La Importancia de la Virtud en Platón.

La Importancia de la Virtud en Platón.

La importancia de la Virtud en Platón.
La importancia de la Virtud en Platón.

Al Sumo Bien, en el cual consiste la felicidad del hombre, se llega por la práctica de la virtud (areté), que Platón considera como la cosa más preciosa del mundo: “Todo cuanto oro hay encima y debajo de la tierra no es bastante para darlo en cambio por la virtud».

Aunque el concepto platónico de virtud queda todavía lejos de la exactitud sistemática que alcanzará en Aristóteles, no obstante, Platón esboza ya muchas ideas fundamentales que después precisará su discípulo. La diversidad de nociones que aparecen en los distintos Diálogos se armoniza, si se citan dentro de un concepto total, que se va aclarando conforme avanza el desarrollo de su pensamiento.

Platón tiene el gran mérito de haber superado el relativismo de los sofistas, volviendo al concepto tradicional que relacionaba la ley, la justicia y la virtud con el ser, es decir, con el orden ontológico, permanente, objetivo y divino que consideraba reinando en el Cosmos. Desde la más remota antigüedad los griegos establecían una relación entre el orden cósmico y el orden jurídico y social. En los poemas de Homero y Hesíodo aparece la Justicia como fundamento del orden divino del Universo. Los presocráticos (Anaximandro, Heráclito, Parménides) trasladaron ese concepto del orden social al orden cósmico, interpretando conforme a él los fenómenos de la naturaleza. Los médicos aplicaron el mismo concepto a la vida orgánica del cuerpo humano: la salud depende de la igualdad proporcional y de la armonía entre los distintos elementos constitutivos del hombre, y la enfermedad proviene del predominio excesivo de uno sobre los demás.

Uniendo estos conceptos tradicionales a los de Platón sobre el alma, la divinidad y las Ideas subsistentes, tenemos los distintos criterios que utiliza para determinar la naturaleza de la virtud.

  1. a) LA VIRTUD COMO ARMONÍA.

En los Diálogos tempranos (Gorgias, República 1) la virtud fundamental es la Justicia, que tiene por función introducir la armonía entre los elementos múltiples y contrarios que integran el compuesto humano, unificándolos y sometiéndolos a la razón. «La igualdad geométrica tiene un gran poder entre los dioses y los hombres». Un concepto semejante aparece en el Protágoras: «Toda la vida humana tiene necesidad de ritmo y armonía». En la República «la virtud es semejante a la armonía musical)). En el Fedón la Filosofía aparece definida como “la más excelente de las músicas». En el Filebo la virtud aparece esencialmente como medida, proporción y armonía.

Esta armonía individual—y social—es una imitación de la armonía cósmica, regida por una ley universal, conforme a la cual todo está perfectamente medido, regulado y proporcionado; «No se ha hecho el Universo para el hombre, sino que cada hombre ha sido hecho para el Universo, en el cual reina un sublime orden y armonía». De aquí proviene la gran importancia que Platón concede a la moderación.

En este sentido tendríamos corno norma trascendente de la virtud el orden y la armonía cósmica que rigen todo el Universo, a los cuales debe ajustarse la conducta humana, anticipándose así Platón al concepto que desarrollarán los estoicos.

  1. b) LA VIRTUD COMO SALUD DEL ALMA.

El concepto de orden cósmico que los médicos aplicaron a la interpretación de los fenómenos de la salud y de la enfermedad del cuerpo humano como dependientes de la armonía y proporción entre los diversos elementos: sangre, flema, bilis y cólera; lo aplica Platón al alma. A las «virtudes del cuerpo» que son salud, fuerza y belleza opone los males, que son enfermedad, debilidad y fealdad. De una manera semejante, la virtud viene a ser la salud del alma, resultando de la armonía la medida y la proporción en la vida humana.

 

  1. c) LA VIRTUD COMO PURIFICACIÓN.

Platón no considera el alma como perteneciente a este mundo. La Tierra no es más que un lugar de tránsito para las almas, que son de naturaleza celeste y semejantes a los dioses, y en algún sentido a las Ideas. Este pensamiento, que domina toda la filosofía de Platón, confiere un profundo sentido moral a su concepto de la vida humana.

En el Fedón, dominado por el pensamiento de la supervivencia, la virtud reviste un sentido ascético, catártico y finalista. Su función consiste en reprimir las pasiones inferiores y en purificarse, para ir desprendiendo el alma del cuerpo, preparándola para el retorno al estado feliz primitivo de contemplación de las realidades eternas del mundo ideal. «Purificarse es separar lo más posible el alma del cuerpo, acostumbrar el alma a dejar la envoltura del cuerpo, para concentrarse a sí misma, a solas consigo».

El carácter finalista de la virtud aparece todavía más claro en el Fedro, aunque se atenúa su sentido ascético, prevaleciendo el camino del amor.

 

  1. d) LA VIRTUD COMO IMITACIÓN DE DIOS.

El tema de la asimilación a Dios, considerado como ideal del filósofo y de la vida virtuosa, se repite constantemente en Platón a partir del Banquete. En el Fedro presenta al filósofo apartándose voluntariamente de los objetos que interesan a los hombres y adhiriéndose a lo divino. La plebe lo considera como loco, pero en realidad se trata de una locura divina, porque está poseído por un Dios.

En el República propone como ideal de la educación de los guardianes «que sean piadosos y se hagan divinos en cuanto es posible al hombre». «Porque nunca será abandonado de los dioses el que se afana por hacerse justo y asemejarse a Dios, por la práctica de la virtud, en cuanto es posible a un hombre».
En el Teeteto distingue dos clases de hombres: unos divinos y felices y otros vacíos de Dios y miserables. El premio de la vida del filósofo es la felicidad, que consiste en asemejarse al primer ejemplar, mientras que el castigo de los que no quieren imitarlo consiste en vivir su propia vida engañosa. El filósofo debe esforzarse por huir lo más pronto posible del mundo de las apariencias y de la mutación. Esta huida consiste en «asemejarse a Dios en lo posible, haciéndose justo y santo por medio de la sabiduría».

En el Timeo describe el alma racional como de naturaleza celeste y divina, creada por el Demiurgo. Su afinidad con el cielo eleva al hombre sobre la tierra y hace que no sea una planta terrestre, sino celeste. El hombre que cultiva el amor de la verdad y de la sabiduría y se ejercita en pensar cosas inmortales y divinas debe participar de la inmortalidad y de la felicidad de Dios. Su misma vida es ya un culto a la divinidad, pues mantiene en su debido estado el principio divino que en él habita. «El que contempla se hace semejante al objeto de su contemplación». Y una vez lograda esa semejanza, debe permanecer en ella para siempre, como término perfecto de la vida.

En las Leyes, la virtud aparece como la expresión más perfecta de la religiosidad. «El hombre es el más religioso de los vivientes». «Dios es la medida de todas las cosas». Es el «principio, el medio y el fin de todas las cosas, que las envuelve a todas en la bondad de su naturaleza». Para hacerse amigos suyos es preciso asemejarse a él por medio de una conducta virtuosa.

Si el Dios de Platón equivaliera al Dios cristiano, o al menos al Dios aristotélico, tendríamos expresada con estas frases una norma exacta reguladora de la Moral. Pero hay que tener en cuenta que, para Platón, por encima del Demiurgo y de los dioses astrales están las Ideas, situadas en un plano ontológico superior. Si propone al Demiurgo como modelo para la vida humana y recomienda imitarlo y asemejarse a él, es por considerarlo más próximo a nosotros, representando un ideal accesible al hombre, ya que, aunque el Demiurgo y los dioses astrales son seres inferiores a las Ideas, son felices disfrutando de su contemplación desde sus puestos cósmicos, en un estado semejante al que tenían las almas humanas antes de su caída y de su unión con el cuerpo.

 

  1. e) LAS IDEAS, NORMA DE LA VIDA VIRTUOSA.

Pero la norma suprema y objetiva de la virtud platónica hay que buscarla en su teoría de las Ideas subsistentes y sobre todo en la Idea de Bien, que constituye la medida más exacta para discernir lo bueno y lo malo. Con esa teoría dispone Platón de una realidad trascendente, no sólo para dar respuesta al problema del ser, de la verdad y de la ciencia, asignándoles objetos estables por encima de la movilidad, de la impermanencia y de la contingencia de las cosas del mundo sensible, sino también para determinar el sentido práctico y finalista de la conducta humana. La ciencia tiene por objeto el ser inmutable por encima de toda contingencia y de toda limitación, y ese Ser constituye a la vez el Bien absoluto al cual tiende la vida virtuosa, y en cuya contemplación consiste la felicidad suprema a que puede aspirar el hombre.

 

  1. f) DIVISIÓN DE LAS VIRTUDES.

La doctrina socrática que identificaba la virtud con el saber equivalía a reducir todas las virtudes en cierto modo a la unidad de la ciencia práctica, aunque Sócrates especificaba cada una conforme al objeto particular de su aplicación.

Platón plantea el problema de la unidad o la multiplicidad de la virtud en el Laques, sin llegar a ninguna solución. Vuelve sobre él en el Menón, donde agudiza la aporía, sin lograr tampoco desprender por completo la virtud de la ciencia: La virtud es sabiduría, en todo o en parte». En el República, aun cuando todavía mantiene en cierto modo la unidad fundamental de la virtud – “hay una sola especie de virtud, e innumerables de vicio»-, establece su división en varias especies, conforme a las materias sobre que versan, y que corresponden a las distintas partes en que considera dividida el alma humana.

Tampoco es constante Platón en determinar cuál es la fundamental entre las distintas virtudes. En el Gorgias y en el República aparece la justicia como virtud principal, mientras que en otros textos ocupan el primer lugar la frónesis y la Sofía.

Estas variaciones provienen de los distintos criterios que Platón utiliza para determinar la naturaleza de la virtud. Si ésta consiste en establecer la armonía entre las distintas partes integrantes del compuesto humano, ciertamente que la primacía le corresponde a la Justicia. Pero si se considera el fin último a que tiende la acción virtuosa y la orientación de la conducta humana en orden a su consecución, en este caso la preeminencia pasa a la frónesis y a la sofía, ya que el conocimiento previo del Bien supremo es una condición indispensable para la dirección práctica de la vida humana.

Platón define perfectamente las funciones de las distintas virtudes, en conformidad con su concepto de la composición tripartita del hombre, constituido por un cuerpo material y tres almas, que constituyen el fundamento de las tres clases de vida: según la frónesis, la areté y la hedoné.

1.° Justicia.

Es una virtud general, que comprende todas las demás, tanto en el orden individual como en el social. Tiene por objeto poner orden y armonía en el conjunto, asignando a cada parte la función que le corresponde dentro de la totalidad. El orden establecido por la Justicia viene a ser un reflejo del orden general que reina en el Universo y en el mundo superior de las Ideas. «Por la Justicia nos asemejamos a lo que es invisible, divino, inmortal y sabio.

2.° Prudencia o Sabiduría (frónesis, Sofía).

Es la virtud propia del alma racional, que es lo divino en el hombre. Es un principio «divino”. Una “orientación hacia los bienes divinos”. Su objeto propio son las cosas divinas. Tiene por misión regular el conjunto de las acciones humanas, ejerciendo una función directiva superior sobre toda la vida práctica.
Le corresponde también poner orden en los pensamientos, disponiendo el alma para huir del mundo engañoso de las apariencias y prepararla para la contemplación de las realidades superiores. Sin la frónesis es imposible la acción virtuosa, pues ésta depende del conocimiento de las realidades trascendentes.

La frónesis tiene en Platón un sentido más amplio que en Aristóteles, pues en éste predomina su función práctica, mientras que en aquél viene a identificarse con la Filosofía en su aspecto más alto, o sea en cuanto se refiere al conocimiento del mundo superior. En Platón, fronein equivale a la vida pura del espíritu, representada, por la Filosofía.

3.° Fortaleza o valor.

A esta virtud le corresponde regular las acciones del alma de las pasiones nobles y generosas, haciendo que el hombre se sobreponga al sufrimiento y al dolor, sacrificando los placeres cuando es necesario para el cumplimiento del deber.

4.° Templanza.

La palabra griega sofrosúne no corresponde exactamente a templanza. Implica un conjunto de conceptos, difíciles de expresar con un solo vocablo. En el fondo implica serenidad, armonía, dominio de sí mismo. Es una virtud más bien negativa, a la cual le corresponde regular los actos del alma concupiscible, poniendo orden, armonía y moderación en las actividades propias de la parte inferior del hombre. En el Fedón tiene un sentido ascético de liberación de las bajas inclinaciones naturales y groseras que perturban la paz del alma. Viene a ser un aprendizaje de la muerte, un comienzo de la liberación del alma respecto del cuerpo.

 

Si quieres leer mas sobre Platón haz click aquí.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.