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La Ley y la Justicia en Platón.

La Ley y la Justicia en Platón.

La Ley y la Justicia en Platón.
La Ley y la Justicia en Platón.

La ley.

En cuanto a la Ley, Platón rebasa la estrechez del particularismo de su maestro Sócrates, tratando de buscar a la ley un fundamento sólido, estable y universal, independiente de la diversidad y variedad de las normas y costumbres de cada ciudad. A esta ampliación del concepto de la ley habían contribuido los sofistas, poniendo de relieve la pluralidad, el relativismo y la diversidad de las leyes civiles locales, contraponiéndolas a la estabilidad, fijeza y universalidad de la ley natural.

El concepto antiguo de la ley la relacionaba con el ser y el orden cósmico. En Homero y Hesíodo la justicia es el fundamento del orden del Cosmos. Platón retorna a este concepto. Por una parte, conserva la noción genética de la ley como procedente de las costumbres. La ley guía y corrobora las costumbres. Los legisladores, en sus leyes, recogen por escrito y sancionan las costumbres. Pero, por otra parte, la ley está basada en la razón (lógos), en lo cual consiste su esencia. Este logos proviene de los dioses, pues Dios da la medida de todas las cosas.
Podemos definirla como un pensamiento razonado, que brota de la razón verdadera y recta, puesto por escrito y sancionado por el legislador, y que, aceptado por el pueblo, se convierte en norma común de la ciudad.

El objeto de la ley es el bien común de la ciudad, por encima de los intereses particulares de los individuos. Pero no es una norma rígida e inflexible, sino racional y acomodable a las circunstancias. El legislador debe atenerse a lo que sucede generalmente, y no sólo a lo que acontece en algún caso particular. El gobernante está en cierto modo sobre las leyes, pudiendo modificarlas según las circunstancias y conforme le dicte la prudencia. Para hacerlas respetar debe insistir más en las razones que le sirven de fundamento que en las penas en que incurrirán los transgresores.

La Ley y la Justicia en Platón.
La Ley y la Justicia en Platón.

La Justicia.

La Justicia es el tema fundamental que inspira el largo diálogo República. En el primer libro se proponen varias definiciones, que van siendo rechazadas por inexactas: la justicia no consiste solamente en decir la verdad, ni en devolver lo que se ha recibido, ni en sólo dar a cada cual lo que se le debe, haciendo bien a los amigos y mal a los enemigos; ni en hacer bien a los amigos buenos y mal a los enemigos malos; ni mucho menos -tesis de Trasímaco- en el interés del más fuerte; ni en lo que es útil para el más poderoso, considerando las leyes como dadas por los que gobiernan para su propio provecho, por lo cual los tiranos son los más felices de los hombres. Tampoco consiste en una convención establecida como ley por los hombres, frente a la ley natural, para defenderse los débiles contra los más fuertes.
Platón adopta un camino más largo, con el propósito de que la conclusión se desprenda de la simple exposición de los hechos Para él la Justicia en la ciudad y en el individuo consisten esencialmente en lo mismo. Por esto conduce simultáneamente la discusión sobre ambos temas: “Si consentís, primeramente, examinaremos la naturaleza de la justicia en la ciudad, y después la estudiaremos en los individuos, tratando de hallar la semejanza de la grande en los rasgos de la pequeña”. Así describe lo que son una ciudad y un individuo justos, para deducir después en qué consiste la justicia. Es una verdadera caza de la definición, conforme al símil que emplea el mismo Sócrates, cuando, al final de la discusión, propone a sus interlocutores rodear el matorral en que se oculta la pieza qué andan buscando.

El concepto de justicia brota en función de la existencia de una multitud de partes heterogéneas, entre las cuales se trata de introducir una unidad de orden. En el individuo consiste en una virtud del alma, cuyo objeto es conseguir que reinen el orden y la armonía entre los diversos elementos que la constituyen -racional, fogoso y apetitivo- para que cada uno realice la función que le corresponde dentro del compuesto humano.

Cosa semejante sucede en la ciudad, concebida por Platón a manera de un gran organismo. La ciudad es un gran todo, integrado por individuos, familias y clases sociales, con actividades e intereses muy distintos. No sería posible una entidad social si entre sus diversas partes no reinara un orden riguroso que redujera la diversidad a unidad, asignando a cada parte el lugar y la función que le corresponden dentro de la totalidad.

En un Estado perfecto deben existir las cuatro virtudes cardinales: la prudencia en los guardianes perfectos, el valor en los guardianes auxiliares y la templanza en todos, pero en especial en los de la clase inferior, teniendo además la función de regular las relaciones de éstos con los elementos de las clases superiores. Pero junto con esas virtudes, y por encima de ellas, debe existir la justicia, como virtud general que las comprende todas y sin la cual ni siquiera podrían existir. Su misión consiste en establecer el orden del conjunto y la armonía entre las distintas partes constitutivas de la sociedad, manteniendo a cada clase dentro de sus límites y de las funciones que a cada una corresponde, regulando las relaciones entre el Estado y los ciudadanos y de éstos entre sí, conforme a la clase y méritos de cada uno. La justicia es la garantía y la salvaguardia del bien común.

 

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