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La Política en Platón 

La Política en Platón 

La Política en Platón.
La Política en Platón.

Para apreciar la gran importancia que Platón concede a la ciencia política basta con fijarnos en que le dedica sus dos Diálogos más extensos, el Republica I y las Leyes además de otro dialogo especial, el Político.


Origen de la sociedad.

A los griegos les resultaba difícil concebir al hombre en estado de aislamiento. Consideraban la sociedad como un resultado que brota necesariamente de la misma condición de la naturaleza humana.
Aristóteles reprocha a Platón señalar el origen de la sociedad, fijándose sobre todo en factores de orden económico.

El hombre aislado no se basta a sí mismo. Para vivir humanamente y conseguir su perfección material y espiritual necesita la ayuda y cooperación de sus semejantes. Por esto es el hombre un animal esencialmente social, que encuentra en la agrupación con otros hombres el complemento indispensable para las necesidades primarias de subsistencia y defensa.

 

Organización de la sociedad.

Una vez agrupados los hombres en sociedad, ésta va pasando poco a poco del estado amorfo hasta constituirse en Ciudad (pólis). Resultaría anacrónico buscar en Platón ideas correspondientes al Estado moderno. Su concepto no rebasa el Estado-Ciudad griego, que adquiere su forma característica hacia el siglo VII-VI, sucediendo a la organización feudal anterior, y cuya gran conquista fue la isonomía, o igualdad ante la ley.

La Organización de la Sociedad.

En la sociedad brota de manera espontánea la división de funciones y de trabajo. Las distintas necesidades materiales -alimento, vestido, alojamiento-dan origen a otros tantos oficios, que se reparten entre distintos individuos. Conforme va creciendo la ciudad aparecen nuevas necesidades, que provienen del progresivo refinamiento de la vida, o de las relaciones con otras ciudades, dando origen a nuevas actividades; funciones diferenciadas: navegación, comercio, etc.  La ambición o la necesidad de ampliar el propio territorio será causa de choques violentos con otras ciudades vecinas que se habrán ido formando de manera semejante. De aquí brota la necesidad de otra función especializada, que será la de los guardianes, milicia permanente que deberá dedicarse exclusivamente al oficio de la guerra para defensa de la ciudad.

La Política en Platón.
La Política en Platón.

La vida misma de la ciudad exige otra función importantísima, que será la del gobierno, la cual deberá ejercerse por una minoría selecta, cuya misión consistirá en regular las relaciones entre los ciudadanos y de éstos con la ciudad, asignando a cada miembro de ella la función que le corresponde dentro del conjunto social.

Pero el bien común de la ciudad trasciende y se sobrepone a los bienes y fines particulares de los individuos que la integran, todos los cuales se deben a su servicio. Para Platón el mejor ciudadano es aquel que considera su propio interés con lo subordinado o coincidente con el de la ciudad y el bien del Estado como suyo propio. Es preciso eliminar todo elemento de división en la ciudad. Todos los ciudadanos deberán considerarse como hermanos entre sí, subordinando al bien común todos sus intereses particulares.

De la división primitiva de trabajo se origina la división de la ciudad en clases sociales, a cada una de las cuales le corresponde una función distinta en orden al bien común: “Cada uno debe atender en las cosas de la ciudad a aquello para que su naturaleza esté mejor dotada”. Aunque Platón no considera esas clases cerradas a manera de castas, sino como partes integrantes de un gran organismo, cuyo modelo es el mismo hombre con los distintos elementos, de que se compone:

 

Elementos de la Clasificación Social.

  1. a) Al elemento concupiscible.

Le corresponde la clase inferior, que es la más numerosa, compuesta por todos cuantos se dedican a los oficios o trabajos materiales: agricultores, artesanos, carpinteros, tejedores, sastres, comerciantes, navegantes, etc., cuya misión consiste en producir lo necesario para la vida material de la ciudad. Pueden poseer bienes particulares y tener mujer, hijos y familia propios.

  1. b) Al elemento fogoso o colérico.

Le corresponde la clase de los guardianes o auxiliares, cuya misión especial consiste en velar permanentemente por la seguridad de la ciudad y defenderla contra sus enemigos. Su número no deberá exceder de mil. Su virtud fundamental es el valor. Pero deberán tener también otras cualidades: serán fieles, robustos, veloces, ágiles, sobrios, moderados, temperantes, sagaces, y hasta un poco filósofos. Platón los compara a los perros que guardan la casa, que son amables para los conocidos y fieros para con los extraños.
A esta segunda clase hay que darle una educación especial, y de ella salen, por selección, los destinados a ejercer las funciones de gobierno, propias de la clase superior.

  1. c) Al elemento racional.

Le corresponde la clase de los guardianes superiores perfectos o gobernantes, que equivalen al cerebro o a la inteligencia de la ciudad. Tienen poder absoluto sobre las clases inferiores. Su misión consiste en legislar y velar por el cumplimiento de las leyes, organizar la educación y administrar la ciudad. Sus virtudes propias son la sabiduría y la prudencia; pero junto con ellas deben poseer además otras muchas, como veracidad, templanza, generosidad, valentía, magnanimidad, sagacidad, buena memoria, honradez a toda prueba, buena intención en todo, fervor religioso, fe en la inmortalidad y, sobre todo, el conocimiento de la Dialéctica, ciencia suprema que revela la verdad del mundo de las Ideas, norma de todo buen gobierno. Por esto los gobernantes deberán ser filósofos.

Platón ilustra las cualidades de cada clase social con el mito fenicio de las razas, que toma de Hesíodo. Todos los hombres son originariamente iguales y hermanos, como hijos de la tierra. Pero los dioses han dotado sus almas de distinta composición, han puesto oro en las de los guardianes perfectos, plata en las de los auxiliares, bronce y hierro en las de los labriegos y artesanos. Es el mismo mito que utiliza para explicar la decadencia de las razas por la mezcla entre las distintas clases sociales, a causa de no haber tenido en cuenta los gobernantes el número nupcial.

 

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