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Teología de Platón: lo divino

Teología de Platón: lo divino

La Teología en Platón: lo divino.
La Teología en Platón: lo divino.

Lo «Divino».

Para ver la teología de Platón debemos ver sobre lo divino: “Es difícil hallar al Hacedor y Padre de todas las cosas, y, una vez hallado, es imposible hablar de su naturaleza a todos los hombres». Esta dificultad que Platón manifiesta para llegar a conocer la naturaleza de su Demiurgo, la encuentra también todo el que quiera precisar el concepto platónico de lo «divino».

Se trata de una noción sumamente vaga, que es imposible encerrar dentro de los esquemas elaborados por una Teología más desarrollada. Quizá las múltiples divergencias en la interpretación del pensamiento platónico acerca de Dios no procedan más que de considerarlo a la luz de otras ideologías posteriores.

 

Las Personificaciones de «lo divino».

Es inútil pretender hallar en Platón la noción de un Dios personal, trascendente e infinito. Hemos de contentarnos con hallar no un Dios personal infinito, sino innumerables personificaciones de lo «divino».
Ser, ser viviente y ser divino son para Platón conceptos equivalente.

Todo cuanto existe es «divino» en alguna manera. A mayor elevación en el ser corresponde mayor grado de «divinidad». Lo «divino», pata Platón, no se concentra exclusivamente en una sola entidad personal infinita, sino que es una noción amplísima, sumamente difusa, dentro de la cual caben innumerables «divinidades» particulares.

Cuando Platón habla de «lo divino» en neutro, de «Dios» en singular, de los «dioses» en plural, de los «dioses del cielo», no tiene conciencia de que entre esas expresiones pueda haber contradicción.

Quizá pudiera interpretarse el concepto platónico de lo «divino» como una reminiscencia del primitivo animismo presocrático. En el universo todo vive y todo cuanto vive es divino. De esta manera habría que relacionar su concepto de lo «divino» con su concepto de vida y abarcaría todos los grados en que la vida se manifiesta.

 

Ser viviente y ser divino: conceptos equivalentes

Así, pues, ser viviente y ser divino son para Platón conceptos equivalentes, de suerte que la jerarquía de las «divinidades» corresponde exactamente a los distintos grados de su participación en el ser y en la vida.
Comenzando de arriba abajo: son divinas todas las entidades pertenecientes al mundo superior y transcendente de la Ideas, que son seres personales, eternos vivientes, inteligentes y perfectísimos. Y entre las Ideas es divina por excelencia la Idea de Bien, cúspide de la pirámide escalonada de todos los seres del mundo ideal.

La escala de «divinidades» va descendiendo en perfección conforme nos alejamos del mundo superior ideal. Pero todas las cosas son también más o menos “divinas”, en cuanto que participan en alguna manera de las realidades trascendentes.

Así es «divino» el Demiurgo, ser eterno, inteligente y bueno situado fuera del mundo de las Ideas, pero que goza de la felicidad de su contemplación. Y son también «divinas» todas las cosas del Universo creado por el Demiurgo a imitación del mundo ideal.

La perfección y la «divinidad» de los seres pertenecientes al mundo físico sensible corresponde a su grado de participación de la Idea de Vida o de la Idea de Animal eterno, y va descendiendo conforme se alejan de su primer principio.

 

Distintos tipos de «lo divino».

Es «divina” el Alma cósmica, que informa todo el Universo y que constituye el principio general del movimiento, «divinas» las almas de los dioses, de los genios, de los demonios y de los astros animados. Y son también «divinas» las almas de los hombres, creadas por el Demiurgo, en las cuales se esfuerza Platón por hallar una connaturalidad o parentesco con las entidades del mundo ideal.

Hasta la misma materia, que es lo más antitético de las Ideas, llega a participar en algún modo de la «divinidad” después de haber sido modelada por el Demiurgo a imitación de las realidades del mundo transcendente.

Todo es, pues, «divino» en Platón. Con razón puede preguntarse el ateniense de las Leyes «si todo el mundo no está lleno de dioses”, No obstante, esta especie de pananimismo o hilozoísmo universal, aunque quede todavía muy lejos de la clara distinción que establecerá Aristóteles entre Dios y el mundo, no debe interpretarse en sentido panteísta. Se trata solamente de la imprecisión radical de un concepto demasiado vago, que Platón aplica a las realidades más diversas.

 

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