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Sócrates

El Método de Sócrates.

El Método de Sócrates.

método socrático

Como método, por contraste con los ampulosos discursos de los retóricos; Sócrates adoptó el diálogo, que en la ense­ñanza tiene la ventaja de hacer más íntima la comunicación entre maestro y discípulo; y en la controversia la de desconcertar al adversario, rompiendo el hilo de los largos períodos artificiosamente preparados y aprendidos de memoria.

Sócrates no es un filósofo técnico ni sistemático.

No hay tampoco en él vestigios de esoterismo.

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No tenía escuela fija.

Enseñaba en casa de sus amigos, en la calle, en la plaza, a todos cuantos querían conversar con él.

Su enseñanza consistía en una conversación dirigida; en que, de pregunta en pregunta, iba llevando a su interlocutor hasta hacerle llegar a la conclusión que deseaba.

En esto hacía consistir la Dialéctica.

«Dialéctico es el que sabe preguntar y responder».

El secreto de este método consiste en el arte de saber preguntar bien.

Según el testimonio de Aristóteles, Sócrates practicó la inducción; a fin de hallar los conceptos universales y las definiciones.

Sócrates se limitó deliberadamente al campo moral.

Pero en este terreno descubre el verdadero procedimiento científico; pasando de los hechos particulares a los conceptos universales, a base de los cuales formula sus definiciones.

La definición expresa la esencia de una cosa tal como se contiene en el concepto universal; al cual se llega suprimiendo las diferencias particulares y ascendiendo hasta las especies y los géneros.

Así, pues, la ciencia no consistirá en una simple acumulación de casos; de hechos o de datos particulares móviles, variables, inestables—; sino en conceptos fijos, estables e inmutables.

Nada autoriza para pensar que Sócrates hacía responder esos conceptos a realidades ontológicas.

Lo más probable es que ni siquiera llegara a plantearse la cuestión del verdadero
fundamento del universal; y que sus conceptos no pasaran de ser ideas más o menos generales o comunes, que creía innatas en la conciencia de cada hombre.

Pero de hecho el procedimiento socrático; implica una vigorosa reflexión sobre la propia conciencia; y una fina observación sobre la realidad, la vida y la conducta de los demás.

Sócrates trata de llegar a los conceptos generales o comunes de templanza; de piedad e impiedad, de justicia e injusticia, de valor y cobardía, de virtud en general, etc.

Para ello parte de la observación de los hechos que le ofrece la experiencia vulgar; de ejemplos tomados de la vida de los pilotos, de los herreros, los carpinteros, los zapateros, los militares, etc.

Discierne en esos hechos lo variable de lo fijo, lo confuso de lo claro, lo accidental de lo sustancial, lo contingente de lo permanente.

El resultado es la formulación de un concepto común; que a la vez supera e implica todas las diferencias particulares; y que puede ser expresado en una definición aplicable a todos los casos concretos.

Por ejemplo: se trata de definir qué es la justicia.

Después de convenir en que consiste en no mentir; en no causar daño a otros, en no hacer esclavos a los semejantes, etc., se llega a la conclusión de que consiste en dar a cada uno lo que le pertenece.

En los primeros Diálogos de Platón vemos ampliamente aplicado este procedimiento; aun cuando sea frecuente en ellos que el desarrollo de la discusión no llegue a ninguna conclusión sobre el tema debatido; y que, por lo tanto, quede sin lograrse la finalidad socrática de alcanzar el concepto común y la definición.

Sócrates, además de la inducción, en el sentido que hemos indicado, practicaba también la deducción.

Pero sólo para hacer aplicaciones prácticas de los principios generales de conducta a los casos particulares; sin alcanzar ni mucho menos la amplitud que Aristóteles le señalará en su teoría del raciocinio como constitutivo de la ciencia.

 


La maièutica.

 

El procedimiento socrático para llegar al concepto universal; está expresado en su maièutica, en la cual, sirviéndose de preguntas hábilmente graduadas; va llevando poco a poco a su interlocutor hasta hacerle llegar al conocimiento de la verdad que trata de hacerle comprender; como si el concepto común brotara de su misma conciencia.

Las expresiones que Platón le atribuye, aludiendo al arte de su madre (partera): indican que Sócrates creía en la existencia de ideas innatas en el alma de cada hombre; que el maestro hace despertar con ayuda de sus interrogaciones, o que se revelan mediante la propia reflexión sobre sí mismo.

De aquí el gran valor que adquiere en Sócrates el precepto de Delfos: «Conócete a ti m ismo».

La maièutica iba acompañada en Sócrates del uso de la ironía; en que fue maestro consumado.

La finalidad de ésta, tratándose de sus amigos, era preparar el entendimiento, libertándolo de errores y de prejuicios; con el previo reconocimiento de la propia ignorancia.

El reconocer que no se sabe nada es así el principio de la sabiduría.

Para con sus enemigos, la ironía de Sócrates— que Kierkegaard compara a la capa que hace invisibles a los duendes— era un instrumento cruel; del que se servía para ponerlos en ridículo.

Partiendo de una noción elegida, iba llevándolos diestramente; por medio de preguntas aparentemente inocentes, hasta hacerles llegar a la contradicción con lo que habían afirmado en el principio; poniendo así de manifiesto su ignorancia.

 

 

Fuentes del pensamiento socrático.

 

No es posible precisar con exactitud las fuentes del pensamiento socrático.
Sabemos que escuchó las lecciones de Arquelao; discípulo de Anaxágoras.

Platón le atribuye haber leído los libros de Anaxágoras y de Heráclito.

Ya que no por otros medios más directos; su contacto con los sofistas fue suficiente para suministrarle conocimiento de las teorías de Heráclito; Empédocles, los atomistas y Parménides.

En el círculo socrático figuran pitagóricos, como Simmias y Cebes.

No es fácil determinar los elementos que de cada una de esas influencias haya podido tomar Sócrates.

Su concepto del orden maravilloso que reina en el Universo; había sido ya
indicado por Tales y Heráclito.

De Heráclito o de Anaxágoras podría provenir la idea de una Razón suprema que preside; regula y ordena el curso de los acontecimientos del Universo.

De Parménides o de Heráclito, la contraposición entre el doble orden de conocimiento: los sentidos y la razón.

De los pitagó­ricos pudo haber tomado el concepto de la preexistencia de
las almas, que parece latente en su teoría de la maièutica.

Y de los mismos, la creencia en la inmortalidad del alma.

 

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