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Monismo Estático

El Ser en Parménides de Elea.

El Ser en Parménides de Elea

El Ser en Parménides de Elea.
La cuestión del Ser fue central en este pensador; y todo parece indicar que nació en Elea (540-470); tuvo allí destacada actuación, incluso como legislador.

Una referencia platónica lo hace visitante de Atenas; cuando tenía unos sesenta y cinco años, y allí habría conversado con Sócrates y Pericles; pero al menos con Sócrates resultaría imposible si es que aquél, como parece, murió en el 470; pues en ese año, precisamente, nacía Sócrates.
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Probablemente perteneció a la escuela pitagórica; pues los antiguos lo clasificaban entre los pitagóricos, cuyas doctrinas conoce.

Debió escuchar a Jenófanes, pues recoge y desarrolla sus enseñanzas.

Platón incurre en un anacronismo voluntario al referir su entrevista con Sócrates en Atenas poniéndola hacia 450.

Son ciertamente exagerados los elogios que Platón hace de Parménides; a menos de entenderlos matizados por una fina ironía.

Aristóteles, en cambio, no manifiesta gran estimación hacia los eléatas.

Escribió un poema en hexámetros.

Se conservan numerosos fragmentos de la primera parte; y algunos versos de la segunda.

Adopta una actitud polémica, por una parte contra el dualismo de los pitagóricos (ser y no-ser, pneuma, infinito y cosmos, lleno y vacío); y por otra contra el movilismo de Heráclito; a cuyos partidarios califica con duros epítetos.

Carácter general.

Parménides convierte en antítesis irreductible la contraposición presocrática entre «Naturaleza» y «cosas» particulares.

Para los filósofos anteriores ambas cosas coexistían sin excluirse.

Parménides, por el contrario, establece su dilema entre ser y no-ser; pretendiendo que hay que elegir forzosamente entre uno de los términos de la alternativa.

A esta antítesis ontológica añade otra paralela en el orden gnoseológico; distinguiendo entre conocimiento sensitivo, engañoso, fuente solamente de opinión; y conocimiento racional; que es el único que proporciona la verdad.

Descalifica por completo el testimonio de los sentidos; que atestiguan la existencia de las cosas particulares y del movimiento; y acepta solamente el de la razón; que, según él, revela la existencia del ser uno, eterno, indivisible, estático e inmóvil.

La consecuencia es un monismo estático absoluto; con la supresión de la realidad de los seres particulares y del movimiento.

El poema sobre la Naturaleza.

A) EL camino DE LA VERDAD.

ONTOLOGÍA.

El poema comienza con una pomposa introducción; en que se presenta Parménides sentado sobre un carro arrastrado por caballos alados; guiados por las Hijas del Sol; las cuales abandonan las moradas de la Noche, apartándose los velos (tinieblas) de la cabeza.

Al llegar a una bifurcación (Y) en que se separan los caminos de la noche; y del día, cuyas puertas guarda la Justicia vengadora; ésta, a ruegos de las Hijas del Sol; abre las puertas, por las cuales penetra el carro por el camino que conduce a la morada de la diosa; que guarda la Verdad en la casa de la luz; la cual acoge amablemente al poeta; y tomando su mano derecha le dirige su discurso.

La diosa enumera tres caminos; primero, el de la verdad, que el ser existe y es imposible que no exista; segundo, el del error, que el ser no existe, y es necesario que no exista.

Otro tercer camino; es el de la opinión; que el ser existe y no existe a la vez.

a) El Ser.

Parménides toma por guía la razón; abandonando el testimonio de los sentidos; «en los cuales no hay verdad digna de fe»; y adopta una posición «realista» frente a Heráclito y los pitagóricos.

Ante el ser hay tres actitudes posibles:

1, el no-ser existe; propia de los pitagóricos, los cuales, para explicar el movimiento; y la pluralidad de los seres, admitían el vacío; o el no-ser fuera del Cosmos esférico; que al penetrar dentro de éste por medio de la respiración cósmica; lo disgregaba y multiplicaba en muchos seres numéricamente distintos.

Contra ellos opone Parménides; el no-ser no existe; y por lo tanto no puede disgregar internamente al ser; siendo éste uno, indivisible e inmóvil.

2, El ser existe y no existe a la vez; aludiendo a Heráclito; que admitía la unidad del ser, pero en perpetuo movimiento; originándose la pluralidad de las cosas de los encuentros entre los contrarios en las diversas fases de la transformación del Fuego.

Contra esto arguye Parménides; es absurdo que el ser exista y no exista a la vez. Pero si se diera movimiento el ser existiría y no existiría a la vez.
Por consiguiente, el ser es inmóvil.

3, El ser existe y es imposible que no exista.

En esta fórmula, a la cual se aferra Parménides; se sintetiza todo su «realismo»; El ser existe y el no-ser no existe.
Sólo existe el ser, y no existe el no-ser.

No existiendo el no-ser es imposible la división interna del ser.

Por lo tanto, el ser es uno, único y compacto.

Los «seres» particulares son nada más que ilusiones u «opiniones» de los sentidos. Tampoco puede darse el movimiento; pues no existe distancia entre los seres; ni espacio vacío en el cual pudiera realizarse.

Asi, pues, toda la realidad, tal como la percibe la «razón»; no es más que un Ser único, compacto, finito, limitado e inmóvil (monismo estático del ser finito).

b) Cualidades del ser.

El ser es:

1) Uno. «Puesto que ahora es juntamente todo, uno y continuo». «Todo completo, único en su especie, inmóvil y sin término». «Todas las cosas son uno».

2) Eterno. «Nunca ha sido ni será, pues es ahora juntamente todo, uno y continuo». El ser tiene que haber salido del ser o de la nada. De la nada no puede salir. De sí mismo tampoco. Luego el ser es eterno, no ha tenido principio ni tampoco tendrá fin.

3) Imperecedero. «No hay nacimiento ni muerte». «Son nombres vanos todas las cosas que los mortales afirman creyéndolas verdaderas: el nacer y el morir, el ser y el no-ser, el cambiar de lugar y el mudar el brillante color».

4) Entero e inmóvil. «El Destino ha encadenado al ser a ser todo entero e inmóvil». «El ser, siempre igual a sí mismo; permaneciendo el mismo, reposa en sí mismo».

No pueden darse mutaciones cualitativas ni cuantitativas, como tampoco movimiento local.

Para que se diera movimiento sería preciso que existiera el espacio vacío. Pero el espacio vacío o es ser o es no-ser.

Si es no-ser, el ser se movería en la nada.

Si es ser, el ser se movería dentro de sí mismo.

Luego no puede darse el movimiento (contra Heráclito y los pitagóricos).

5) Continuo, homogéneo e indivisible. El ser no está dividido por el no-ser o por el vacío (contra los pitagóricos).
El ser es igualmente ser en todas sus partes (contra Anaxímenes).

«El ser no es ni denso ni raro, porque lo enrarecido no puede ser igualmente lleno que lo denso, antes por el contrario, lo raro es más vacío que lo denso».

«El ser es de igual fuerza desde el centro hacia todos sus lados; ya que no puede ser aquí demasiado y allí poco; no habiendo nada que le impida ser por doquiera semejante a sí mismo; ni el ser es tal que pueda haber aquí más y allí menos ser».

6) Lleno, compacto, finito, limitado y esférico. El ser es una esfera redonda, llena, compacta, igual y homogénea en todas sus partes; que tiene un límite extremo; dentro del cual lo mantienen las ligaduras de la Necesidad.

7) «Ser y pensar es lo mismo». Esta frase no debe entenderse en el sentido hegeliano de que el pensamiento se identifique con el ser; sino solamente en cuanto que puede pensarse lo que existe (el ser); mientras que lo que no existe (el no-ser, la nada) no se puede pensar.

Con esto—concluye la diosa—termino el discurso y el pensamiento acerca de la verdad».

B) EL MUNDO DE LA «OPINIÓN».

FÍSICA.

La segunda parte del poema; describe una Física compuesta por elementos tomados de los jónicos y de los pitagóricos.

Aristóteles hace notar la contradicción que implica exponer una Física; después de haber negado la realidad de los seres particulares y del movimiento.

Sin embargo, en Parménides no hay contradicción; pues esta segunda parte debe entenderse en el sentido de una caricatura burlesca de la Física de sus contemporáneos.

La materia está compuesta de dos principios: fuego celeste de llama tenue, suave, siempre igual a sí mismo; y noche obscura, cuerpo denso y pesado» (tierra).

El Universo está constituido por una serie de esferas concéntricas; alternativamente frías y obscuras, calientes y luminosas.

La última, que las envuelve todas; es sólida, fría y obscura.

Debajo de ella está la de las estrellas fijas; que es caliente y luminosa.

En las restantes están colocados los astros, el Sol y la Luna; separados entre sí por la Vía Láctea.

En el centro del mundo está la Tierra; esférica, dentro de la cual arde una masa de fuego; donde reside la divinidad que lo gobierna todo.

Los vivientes proceden de la mezcla de los elementos (tierra y fuego) y de sus cualidades respectivas (frío y calor).

Aparece un extraño concepto que hallaremos después en Empédocles: los miembros humanos se forman por separado y se unen después.

El alma se compone también de tierra y fuego.

El fuego es la causa de la vida y de la inteligencia.

La última reside en el pecho, alrededor del corazón.

Las sensaciones se producen en virtud de los semejantes: el elemento cálido conoce lo caliente, y el elemento frío, lo frío.

El «realismo de Parménides».

La originalidad de Parménides no consiste en su «Física»; en la que se limita a parodiar y ridiculizar las opiniones de sus contemporáneos.

Ni tampoco en las cualidades que atribuye a su «Ser»; todas las cuales habían sido ya señaladas por filósofos anteriores; sino en haber colocado frente a frente, en ficticia antítesis irreductible; el Ser y el no-ser, la unidad y la pluralidad, el conocimiento racional y el sensitivo, la verdad y la opinión; el mundo y las «cosas».

La contraposición presocrática entre «Naturaleza» y «cosas» se convierte en Parménides en un dilema; en una alternativa, en la cual la aceptación de uno de los miembros implica necesariamente la negación del otro.

Parménides, aplicando de una manera apriorista e implacable el principio de identidad; llega a la negación de toda pluralidad, de toda diversidad cualitativa y cuantitativa; y de todo movimiento.

Su elaboración del concepto de ser puede reducirse a los tres momentos clásicos de todos los procesos idealistas:

1º Prescinde, por abstracción; de todas las modalidades particulares de los seres múltiples percibidos por los sentidos; fijándose tan sólo en la propiedad comunísima de ser (abstraccionismo).

2º Prescinde de los sentidos y se recluye en su inteligencia (subjetivismo).

3º Atribuye existencia y realidad ontológicas a su concepto abstracto de ser; proyectándolo, idealmente, fuera de sí mismo; e identificándolo con el mundo real (idealismo).

De esta manera elabora, por abstracción; el concepto de ser uno y estático, con el cual identifica el mundo; dejándolo convertido en un bloque esférico y compacto de materia inerte, inmóvil y pasiva.

Parménides, con intención «realista»; elige resueltamente la que afirma la existencia y la realidad del ser («que el ser existe, y es necesario que exista»).

Pero este pretendido realismo no pasa de serlo más que en su intención; pues su concepto del ser, desligado del testimonio de los sentidos; no puede aplicarse en modo alguno al ser real; sino al ser en abstracto; o sea al concepto de ser elaborado por la mente y despojado por abstracción de todas las diferencias formales existentes en la realidad.

En la actitud de Parménides existe una doble confusión:

1º, entre el ser ontológico con el ser lógico; abstracto, atribuyendo al primero las propiedades que competen al segundo; y,

2º, en identificar ese «ser» abstracto con el mundo físico; material, cerrado, finito y limitado como una esfera, fuera del cual no existe nada, y que es la única realidad.

Parménides suprime del «ser»; todas cuantas propiedades perciben los sentidos; la pluralidad, las cualidades, el movimiento; y solamente conserva las notas del ser inteligible, abstracto, percibido por la razón; sobre el cual recaen todas sus tajantes afirmaciones.

Parménides piensa que el ser existe, pero no tal como lo perciben los sentidos: múltiple, móvil, plural, particular, limitado y contingente; sino tal como lo concibe la inteligencia: uno, universal, eterno, inmóvil, inmutable.

Esta aplicación de las propiedades del ser abstracto (concepto); al ser concreto (ontológico); da por resultado la descripción de una falsa realidad; carente de toda clase de cualidades sensibles; y la supresión de toda pluralidad y de todo movimiento en un mundo que no es «real», sino «ideal».

De esta manera, Parménides, al pretender pensar el ser con la sola razón; prescindiendo de los sentidos, y llegar con ello a la «verdad»; incurre en un realismo exagerado que lo conduce al idealismo.

Con ello abre un amplio camino a lo que podríamos calificar «realismo idealista»; en que Parménides tendrá no pocos imitadores; es decir, un realismo en la intención; pero un idealismo o un logicismo de hecho.

El ser único, estático, inmóvil e indiferenciado de Parménides; no es un ser ontológico; sino un ser lógico, artificial, un ente de razón; que carece de toda realidad fuera de la mente.

Un procedimiento muy semejante; y una intención «realista» muy parecida; llevarán más tarde a Platón a formular su teoría de las Ideas subsistentes.

Lo mismo le sucederá a Plotino; el cual, deseando llegar al Uno; como ser absoluto y realísimo; llegará de hecho a una pura abstracción mental; por supresión de todas las diferencias formales.

Y algo también se refleja el procedimiento de Parménides; en el método que seguirá Escoto para llegar a precisar el concepto de Dios.

Primeramente elabora el concepto comunísimo de Ser; abstrayendo de todas las diferencias formales que distinguen a los seres, conforme al método propio de la Filosofía primera; y después divide ese concepto en sus dos grandes diferencias de infinito (Dios), objeto de la Teología; y finito (criaturas).

Ciertamente que esas diferencias distinguen a Dios de las criaturas; pero el procedimiento para obtenerlas; no es el método que arranca del orden ideal para llegar al real, sino otro muy distinto.

Todos los intérpretes de Parménides están de acuerdo en que la segunda parte del poema debe entenderse en sentido irónico contra la ingenua Física de los milesios y de los pitagóricos.

¿No podría tomarse también en el mismo sentido la primera, entendiéndola en función del movilismo de Heráclito?

Quizá de este modo; podrían tener una interpretación aceptable unas afirmaciones tan extrañas; que no sólo chocan contra todo el testimonio de los sentidos; sino contra el de la razón y contra el mismo sentido común.

Influencia.

Parménides; cierra el primer período de la especulación presocrática; poniendo de manifiesto la insuficiencia de un solo principio; para explicar la pluralidad, la diversidad y el movimiento de los seres.

En adelante, todos los filósofos posteriores recurrirán a varios elementos.

Sus rotundas afirmaciones; sirvieron para excitar el interés del ingenio griego; en torno al gran problema del ser; de la conciliación de la pluralidad con la unidad; de la inmutabilidad con el movimiento, y para reflexionar sobre el problema psicológico del valor del conocimiento sensitivo e intelectivo. Parménides; realizó un esfuerzo para pensar el ser en sí mismo; prescindiendo de lo aparente, de lo mudable, de lo accidental, que impresiona los sentidos.

Era una audacia filosófica prematura; pero que sirvió para elevar de un golpe el nivel de la filosofía griega; planteando un agudo problema, en torno al cual girará la especulación helénica durante varios siglos.

Su tajante contraposición entre ser y no-ser; influirá en Empédocles; en los atomistas, en los sofistas y en el mismo Platón.

Solamente hallará el camino de su solución; en el concepto analógico del ser y en la teoría de la potencia y del acto; formulada por Aristóteles; el cual distinguirá perfectamente entre el concepto comunísimo de ser; objeto de la Filosofía primera; obtenido por abstracción de todas las diferencias formales; y los objetos correspondientes a todas las demás ramas de las ciencias particulares que versan sobre seres reales y concretos.

Comparando a Parménides con los pitagóricos; el balance es favorable a los segundos.

Los pitagóricos; marcan un avance positivo en Filosofía; no sólo en cuanto a sus especulaciones matemáticas; sino también en cuanto a su concepto de ser; aunque sus soluciones fueron poco afortunadas.

Muchos de los conceptos que se discutirán ampliamente en los siglos sucesivos; salen ya netamente formulados de su escuela; y en muchos casos con mayor precisión y mejor orientación que en Parménides.

Los pitagóricos; admitían como verdadero el testimonio de los sentidos; que atestiguan la multiplicidad; el cambio y la movilidad de las cosas materiales particulares.

Por el contrario; la posición eleática, no añade nada positivo a la Filosofía.

El monoteísmo de Jenófanes; está ya reconocido por los pitagóricos.

El concepto de ser de Parménides—uno, eterno, inmóvil, esférico, limitado, finito—; cuya unidad compacta trataron de disgregar los pitagóricos; es un retroceso en la marcha de la Filosofía.

Bien es verdad que en Parménides se trata de un simple concepto; en el que se confunden el orden real con el ideal; atribuyendo realidad a lo que no es más que una simple abstracción mental.

Parménides se sitúa; además, en contradicción abierta e irracional con el testimonio de los sentidos; que atestiguan la pluralidad de las cosas y la realidad del movimiento.

La solución pitagórica fué deficiente; pero la actitud de Parménides tampoco lo resuelve.

Se contenta con negarlo; pero una negación no constituye un progreso en Filosofía.

No obstante, hay que reconocer que Parménides imprimió de hecho un vigoroso impulso a la especulación griega.

Aunque su inmovilización del ser; puso a la Filosofía en peligro de haber quedado inmovilizada para siempre.

 

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2 respuestas a «El Ser en Parménides de Elea.»

Con todo respeto pienso que Parménides es quizá el más grande filósofo griego en su historia. Su influencia es notoria en la Relatividad y el gran precursor de Subjetividad. Yo lo considero el Fundador y no Descartes ni Hegel. Creo que sería muy pertinente crear un espacio para este debate.

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