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La Ética de Platón y El Sumo Bien.

La Ética de Platón y El Sumo Bien.

La ética y el sumo bien

La Ética es el medio necesario para todos los hombres que aspiran a la felicidad. Pero ¿en qué consiste y dónde, se encuentra el objeto capaz de hacer feliz al hombre?

El tema del Sumo Bien, tal como se debatía en el círculo socrático; se refleja en los Diálogos tempranos, que reproducen las controversias sobre la primacía entre las dos clases de vida; la entregada al placer y la consagrada a la sabiduría y a la práctica de la virtud.

De la imprecisión de las doctrinas socráticas se habían derivado dos escuelas antitéticas: la hedonista de Aristipo, que ponía como Sumo Bien el placer; y la cínica derivada de Antístenes, que lo rechazaba y ponía la felicidad en la práctica de la virtud por sí misma.

En el Gorgias presenta Platón a Calicles, proclamando como ideal de la vida, la fuerza, el poder, el desenfreno y el libertinaje.

Una actitud semejante, personifica Trasímaco en el libro primero de la República.

El mismo Sócrates aparece en el Protágoras defendiendo: un hedonismo moderado.

Platón no aceptó nunca la doctrina hedonista como ideal de la vida.

En el Fedón su aspiración a una existencia feliz después de la muerte le hace inclinarse hacia el ascetismo y la mortificación.

En la República condena enérgicamente la vida entregada al placer, y propone un ideal basado en la virtud y en el cultivo de las sabidurías.

La escala de bienes en el «Filebo».

La controversia acerca de las «dos vidas» reaparece tardíamente en el Filebo, respondiendo probablemente a las actitudes contrapuestas dentro de la Academia; la hedonista de Eudoxa que defendía el placer como sumo bien del hombre; y la ascética de Euspesipo, que lo rechazaba totalmente.

Platón adopta una posición intermedia, equilibrada, que pudiéramos llamar conciliatoria, en la cual su madurez le inspira una solución en que, sin condenar el placer, trata de regularlo y someterlo a la medida de la razón.

Pero, aun cuando plantea la cuestión en general, preguntando en qué consiste el Sumo Bien, y atribuyéndole como propiedad fundamental la suficiencia para asegurar la felicidad del hombre con su posesión; sin embargo, el Filebo no expresa el pensamiento completo de Platón; sino sólo una respuesta circunstancial a la controversia surgida entre sus discípulos en torno a la cuestión concreta del bien del hombre en la presente vida.

En el Diálogo entran como interlocutores; por una parte, Sócrates, que representa la vida conforme a la sabiduría; y por otra, Protarco y Filebo, que defienden la vida según el placer.

Platón excluye terminantemente como Sumo Bien el puro placer sensible, porque es inestable e insuficiente y solamente puede considerarse como bien particular de la parte más baja del hombre.

Una vida totalmente entregada al placer no podría llamarse humana, sino animal, porque el hombre, además de cuerpo material, tiene también un alma inteligente.

Pero el hombre no es tampoco una inteligencia pura, sino que consta de un alma unida a un cuerpo material.

Por lo tanto, el Sumo Bien no puede consistir en la sabiduría pura porque no sería el bien del hombre completo.

“¿Quién de vosotros querría vivir poseyendo toda la sabiduría, toda la inteligencia, toda la ciencia y toda la memoria que es posible tener; pero a condición de no experimentar ningún placer pequeño ni grande, ni ningún dolor?»

El bien del hombre consistirá en una mezcla proporcionada de ambas cosas, en una vida mixta, alimentada por dos fuentes: “la vida del placer, que puede compararse a una fuente de miel, y la de la sabiduría, de la cual brota un agua pura y saludable».

En la mezcla deberá entrar toda el agua, pero no toda la miel.

Para purificar el placer y dosificar la proporción en que deberá entrar en la vida feliz; establece Platón una escala de bienes, conforme a la triple norma de la medida, la verdad y la belleza; que en la mentalidad griega son las notas esenciales del Bien.

 

Escala de bienes en Platón.

Los cinco grados resultantes de la escala son los siguientes:

1. ° La medida, la moderación, lo conveniente.
2.° La proporción, la belleza, la perfección.
3.º La mente y la inteligencia.
4.° Las ciencias, las artes y las opiniones rectas.
5.° Los placeres puros, sin mezcla de dolor.

De esta manera se evitarán tanto las exageraciones del hedonismo como la rigidez del intelectualismo.

Y así el placer, procedente del ápeiron, medido por la moderación y mezclado con la sabiduría, resulta proporcionado, bello y verdadero, y constituye el bien y la felicidad de que el hombre es capaz en este mundo.

Pero con la doctrina expuesta en el Filebo no queda completo el ideal platónico de la felicidad humana.

La cuestión del Sumo Bien no se aborda en absoluto, sino en concreto, y en particular, teniendo en cuenta la constitución compuesta de la naturaleza humana y las condiciones de la presente vida.

«Nuestra ciencia sería ridícula si sólo estuviera absorta en las cosas divinas».

El Diálogo queda abierto, pendiente de una cuestión, que no se enuncia, y que Sócrates tampoco termina de aclarar.

El Filebo representa solamente la actitud de Platón contra lo que pudiéramos llamar heraclitismo moral, buscando una norma fija, de carácter matemático, para regir la conducta del hombre en la presente vida.

La mezcla dosificada de placer y sabiduría, armonizadas en la vida virtuosa, darán por resultado la felicidad de que el hombre es capaz en este mundo.

 

El Bien en sí y las Ideas.

Para completar el pensamiento de Platón sobre el Sumo Bien hay que acudir a su teoría de las Ideas; las cuales constituyen la realidad suprema y el bien absoluto, no sólo en sí mismas, sino también para el hombre.

Con esa teoría; dispone Platón de una norma fija, objetiva y trascendente; no sólo para dar respuesta al problema del Ser, de la Verdad y de la Ciencia; sino también para determinar el sentido práctico de la conducta humana.

La ciencia tiene por objeto el Ser inmutable, por encima de toda contingencia y de toda limitación; y ese Ser constituye a la vez el Bien absoluto, al cual tiende la vida virtuosa y en el cual consiste la felicidad suprema del hombre.

La teoría de las Ideas, consideradas como Bien Supremo, y la creencia en la inmortalidad del alma confieren al platonismo en el aspecto moral una elevación de que carecerá la Ética de Aristóteles.

En orden a ese fin se orienta la conducta del hombre; cuya felicidad en esta vida consistirá en la práctica de la virtud y en el cultivo de la Filosofía; sobre todo de su parte más elevada, que es la Dialéctica.

El sabio que practica la virtud consigue establecer el orden, la armonía y el equilibrio en todo su ser, sometiéndolo a la razón.

Con ello alcanza una felicidad interior que nada ni nadie le puede arrebatar.

El justo conserva su virtud, su libertad y su felicidad incluso en medio de los mayores tormentos.

Hasta encerrado en el toro de Falaris es más feliz que el tirano que lo contempla.

Ambas cosas, Dialéctica y Virtud; aunque por caminos distintos, concurren a un mismo resultado; que es ir desprendiendo al hombre del estorbo de su cuerpo y disponerlo al retorno al estado de contemplación del mundo ideal, en el cual consiste el Sumo Bien.

Y aunque la contemplación directa sólo es posible después de la muerte, la vida filosófica conforme a la virtud contribuye a anticiparla en cuanto es posible en esta vida: «Es feliz el que amando el Bien lo hace suyo».

Así, pues, Platón, a diferencia de Aristóteles, abriga la convicción, o por lo menos la esperanza de que existe un Bien Supremo; y en sí, lo considera como accesible al hombre; ya que no por posesión ni por unión efectiva, al menos por contemplación, directa después de la muerte, e imperfecta en este mundo, por medio de la «reminiscencia» y de la Dialéctica auxiliadas por una vida virtuosa.

 

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