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Platón

LOS GRADOS DE LA CIENCIA

GRADOS DE LA CIENCIA.

Al concepto de la realidad, los Grados de la Ciencia corresponden correlativamente los grados del conocimiento.

Platón no disimula su concepto pesimista sobre todo el conocimiento que se refiere al mundo terrestre de los seres materiales, mudables, efímeros, relativos y contingentes, tal como los perciben los sentidos.

1.° Las artes y las ciencias.

Que se ocupan del estudio de la naturaleza, aunque necesarias por su utilidad para la vida práctica, no pasan del orden de la opinión, pues se «aplican a lo que siempre está llegando y nunca llega a ser». Sus objetos quedan excluidos del conocimiento científico por su poco ser y por su carencia de fijeza, estabilidad y necesidad. «No puede darse conocimiento firme sobre lo que carece de firmeza”. «Sobre esas cosas no puede darse ni entendimiento ni ciencia”. Solamente puede tenerse de ellos un conocimiento opinativo (doxa), incierto, inseguro, adivinatorio, que no da razón de las cosas, en el cual caben dos grados; el ínfimo es la simple representación (eikasía) en cuanto que son imágenes (eikon) de otras realidades superiores y sirven de fundamento a la conjetura (eikasmos); y el siguiente, la creencia (pistis).

Esos objetos tampoco pueden expresarse de una manera científica, sino sólo por medio de mitos o de alegorías, que no pasan de la verosimilitud: «Lo que es el ser al hacerse es la verdad a la creencia. Por lo tanto no te extrañes si en nuestras cuestiones acerca de los dioses y del nacimiento del mundo nosotros no llegamos a ser capaces de aducir razonamientos absolutamente coherentes y llevados hasta su última exactitud”.

Platón, lo mismo que Sócrates, no encubre su escasa estima del grado de conocimiento a que puede llegarse en el estudio del mundo terrestre; «Entreteniéndose largamente con los cuatro elementos, pasando arriba y abajo del uno al otro, apenas se llega a la ciencia», «El cultivo de las artes mecánicas estropea el cuerpo y embota y envilece las almas».

 

2.º Matemáticas.

 

Al segundo orden de seres reales corresponde un grado superior de conocimiento, designado bajo la denominación genérica de Matemáticas (ta matematika). Platón nunca colocó las Matemáticas en el ápice de la jerarquía de las ciencias, el cual siempre lo reservó para la Dialéctica. Las Matemáticas ocupan un lugar intermedio entre los conocimientos pertenecientes al mundo de la génesis, que no transcienden la opinión (dóxa), y la ciencia perfecta (noesis), que versa sobre el verdadero ser, que es el ser perfecto de las Ideas.

Este orden de ciencia, comprendido bajo la denominación común de Matemáticas, tiene tres aspectos distintos:
a) Si nos atenemos al concepto platónico de la realidad, el segundo plano lo constituyen los seres celestes, o sea el conjunto de esferas y de astros, intermedios entre el mundo terrestre y el mundo supraceleste de las Ideas. En este sentido el segundo plano de ciencia corresponde a la Astronomía, a la cual concede Platón un puesto privilegiado entre las Matemáticas, pues la región de los astros es la más inmediata «a la llanura de la Verdad» donde se encuentran las Ideas. La Astronomía obliga a «mirar hacia lo alto». Es por lo mismo una disciplina propia para desprender el alma del filósofo de las cosas sensibles y el camino más inmediato para disponerlo a la ascensión hacia la Dialéctica, elevándole al orden de las verdaderas realidades y del grado supremo de ciencia. La Astronomía, que estudia los astros, seres divinos, constituye en Platón una verdadera Teología astral, ya que los dioses no ocupan el supremo lugar del ser, sino el inmediatamente inferior a las Ideas.
b) Si se acepta la interpretación de Aristóteles, Platón al fin de su vida en su enseñanza oral, habría colocado entre los seres sensibles y el mundo de las Ideas un plano intermedio de seres, constituido por los Números, concebidos como entidades reales y subsistentes, a la manera pitagórica. Estos seres no tendrían materia (cuatro elementos), sino solamente cantidad, y constituirían el objeto propio de las Matemáticas. Así las Matemáticas serían ya ciencias (episteme), porque versarían sobre realidades fijas, estables y necesarias, carentes de materia, que es la fuente de la mutabilidad. No obstante, la gran autoridad de Aristóteles es discutible si ese concepto de las Matemáticas refleja exactamente el pensamiento de Platón o más bien hay que atribuirlo a una evolución posterior de la escuela con Espeusipo y Jenócrates.
c) El concepto de las Matemáticas en Platón, tal como aparece en los Diálogos, consiste en admitir tres clases de números: 1) Los Números ideales, que son los números en sí: el Uno, la Díada, la Década y las figuras geométricas perfectas: el circulo en sí, y las tres clases de triángulos. Estos números pertenecen al mundo supraceleste, y les corresponden los mismos caracteres que a las demás Ideas. Por lo tanto, no entran dentro del campo de las Matemáticas propiamente dichas, sino de la Dialéctica. 2) Otra clase son los números propiamente matemáticos, que equivalen exactamente a los conceptos abstractos de número, cantidad, figura, etc., tal como se hallan en la mente. A éstos se aplican perfectamente todas las expresiones con que Platón describe las operaciones propias de las Matemáticas. 3) La tercera son los números sensibles, tal como son utilizados por las artes mecánicas.
Las Matemáticas son ya ciencias, pero quedan todavía dentro del conocimiento propio de la razón discursiva (dianoia), y no llegan al conocimiento perfecto por intuición. Proceden estableciendo hipótesis y pasan de una hipótesis a otras raciocinando hasta llegar a las conclusiones, pero no logran llegar hasta lo incondicionado. Aunque por su objeto se elevan por encima de las cosas materiales y mudables del mundo terrestre, no llegan todavía a la realidad suprema. Por razón de la cantidad quedan todavía ligadas en alguna manera a lo sensible y tienen que valerse de figuras imaginarias o reales, sobre las cuales discurren. No llegan a aprehender las esencias en sí mismas, sino «sólo una parte del ser”, y «ven el ser corno entre sueños», en sus símbolos abstractos.
Platón distingue en las Matemáticas dos aspectos: uno vulgar práctico, tal como son utilizadas en las artes mecánicas; que emplean el número, el peso y la medida; y otro el filosófico, educativo, tal como lo utilizan los filósofos.
En el programa de educación del República las Matemáticas ocupan su lugar propio en el ciclo destinado a la formación de los guardianes. Pero constituyen una preparación indispensable para remontarse al grado supremo, que es el estudio de la Dialéctica, reservado a la clase superior de filósofos gobernantes.

 

3º La Dialéctica.

 

La Dialéctica tiene en Platón dos aspectos distintos, uno lógico y otro ontológico, pero tan estrechamente unidos, que llegan a resultar inseparables.

 

  1. Aspecto lógico.

 

Inicialmente Dialéctica significa el arte de la discusión por medio del diálogo, en el cual intervienen por lo menos dos interlocutores. La Dialéctica consiste en saber interrogar y responder. Una vez fijado el objeto de la discusión, se examina ordenadamente en sus varios aspectos por medio de preguntas y respuestas, resolviendo las dificultades y avanzando hasta llegar a una conclusión. Así entendida, la Dialéctica viene a ser una investigación en común, y un procedimiento de enseñanza, cuyo modelo lo tenemos en Sócrates, el cual la elevó a la categoría de método científico (inducción, formación del concepto universal como expresión de la esencia de las cosas y definición).
En este sentido la Dialéctica es un método lógico legítimo, por el cual se transciende la particularidad y la movilidad del conocimiento puramente sensitivo —creencia, opinión, verosimilitud—, y se llega a la firmeza del conocimiento científico, constituido por conceptos universales abstraídos de la realidad.
Platón admira la «trama férrea y diamantina de la argumentación matemática”, Como las Matemáticas, la Dialéctica procede también estableciendo hipótesis, cuya mejor comprobación consiste en deducir rigurosamente consecuencias de ellas, hasta llegar a verlas confirmadas o tener que sustituirlas por otras que nos vayan aproximando cada vez más a la verdad y al primer principio incondicionado y superior a las hipótesis.
En este sentido la Dialéctica es un método científico racional, propio de los filósofos que aspiran a la demostración de la verdad, a diferencia de la Retórica de los sofistas, que sólo pretenden la persuasión y la verosimilitud.
La Dialéctica tiene un doble aspecto complementario. El primero, ascendente, de síntesis, por el cual, eliminando las diferencias, se reduce la multiplicidad confusa e indeterminada a la unidad concreta y determinada expresada en un concepto común. Ese concepto es la expresión de la esencia de las cosas (ti esti) y la base de sus dfiniciones.
El segundo, descendente, de análisis; consiste en dividir un concepto general en sus distintas especies, siguiendo sus articulaciones naturales, «a la manera de un buen trinchador”, hasta llegar a la especie indivisible en la cual se halla la forma propia del objeto que se trata de comprender. En esto se diferencia el buen dialéctico del sofista, pues éste procede por divisiones ficticias y arbitrarias.

Esquema de la dicotomía del arte de pescar

Ambos procedimientos, análisis y síntesis, deben combinarse entre sí para llegar a la claridad de conceptos requerida por la Filosofía, la cual es la ciencia que desentraña una idea única repartida: a) en muchos individuos, cada uno de los cuales existe aisladamente; b) descubrirá luego una multitud de ideas diferentes entre sí y que se hallan implicadas en una idea única; c) después una sola, que permanece en su unidad bajo el conjunto de otras muchas, y, por último, d) éstas ya distintas y definidas en todos los aspectos.
La Dialéctica tiene también un aspecto defensivo (erística), empleado por Zenón de Elea y por Sócrates, y que es utilizado por Platón con el mejor estilo, oponiendo la férrea concatenación de los raciocinios cortos, sólidamente articulados en las preguntas y respuestas del diálogo, a la ampulosa oquedad de los largos discursos de los sofistas.
Así entendida la Dialéctica, y manteniéndola en sus justos límites de orden lógico, quedaba perfectamente resuelto el problema de la ciencia, elevando los conocimientos de su particularidad, movilidad, contingencia y temporalidad ontológicas al orden de la universalidad lógica, suficiente para dotarlos de la estabilidad y la necesidad requeridas por el conocimiento científico.

  1. Aspecto ontológico.

Pero Platón no se da por contento con ese tipo de universalidad lógica, sino que, dando un paso más, atribuye realidad ontológica a los conceptos abstractos. Con esto su Dialéctica cambia por completo de carácter y queda convertida en una verdadera Ontología y elevada a la categoría de ciencia suprema (noesis), cuyo objeto son las entidades transcendentes del mundo ideal, que están por encima de todo cuanto pueden percibir los sentidos, la imaginación y la razón discursiva (dianoia).
De esta manera, al grado supremo de Ser (Ideas) corresponde el grado supremo de conocimiento (Dialéctica), y todas las demás ciencias y artes quedan reducidas a medios preparatorios, propedéuticos, para ascender a esta cumbre, que es la propia de los filósofos.
La verdadera ciencia (ikanon) solamente se da acerca de las realidades puras, sin mezcla, que permanecen siempre firmes, en el mismo estado y de la misma manera. El entendimiento (nous) y la sabiduría (fronesis) solamente se aplican con exactitud cuando se trata del verdadero ser.
En esto se diferencian el sofista y el filósofo: en que el primero se ocupa del no-ser, mientras que el segundo se esfuerza por conocer el ser.
Con la Dialéctica la inteligencia se remonta hasta los últimos límites de lo inteligible y alcanza la cumbre más alta a que puede aspirar el conocimiento humano en esta vida. Tiene un sentido ascensional, para pasar de lo múltiple a lo uno, de lo contingente a lo necesario, de lo particular a lo común,
de lo móvil a lo inmutable, de las apariencias a la realidad, de
las imágenes a la verdad, no sólo en un orden puramente lógico sino también ontológico. Por esto constituye la actividad más noble a que pueda entregarse el hombre.
“¿Y no crees que tenemos la Dialéctica en lo más alto, como una especie de remate de las demás enseñanzas, y que no hay ninguna otra disciplina que pueda ser justamente colocada por encima de ella?». «El método dialéctico es el único que, echando abajo las hipótesis, se encamina hacia el principio mismo, para pisar allí terreno firme, y al ojo del alma, que está verdaderamente sumido en un bárbaro lodazal, lo atrae con suavidad y lo eleva a las alturas, utilizando como auxiliares en esta labor de atracción a todas las artes enumeradas». «¿No es verdad que la facultad dialéctica es la única que puede mostrarlo a quien sea conocedor de lo que poco enumerábamos, y que no es posible llegar a ello por ningún otro medio?
Nadie podrá afirmar que exista otro método que intente, en todo caso y con respecto a cada cosa en sí, aprehender de manera sistemática lo que es cada una de ellas”. «No puedo creer que exista otra ciencia que haga al alma mirar hacia, arriba sino aquella que versa sobre lo existente e invisible».
«Entonces contemplarías, no ya la imagen de lo que decimos, sino la verdad en sí o al menos lo que yo entiendo por tal».
Una vez llegada la Dialéctica hasta el conocimiento de las Ideas, debe proseguir todavía su labor, reduciéndolas todas a su último principio de unificación, totalmente incondicionado y que no presuponga ningún otro. En la República aparece la Idea de Bien como la suprema, como la cumbre de todos los seres, como último principio, del cual dependen y participan todas las demás cosas: «E igualmente, cuando uno se vale de la Dialéctica para intentar dirigirse, con ayuda de la razón y sin intervención da ningún sentido, hacia lo que es cada cosa en sí, y cuando no desiste, hasta alcanzar, con el solo auxilio de la inteligencia, lo que es el Bien en sí, entonces llega al término mismo de lo inteligible del mismo modo que aquél llegó entonces al de lo visible. Ese estudio, eleva a la mejor parte del alma hacia la contemplación del más perfecto entre …, seres, del mismo modo que antes elevaba a la parte más perspicaz del cuerpo hacia la contemplación de lo más luminoso que existe en la región material y visible».
De esta manera, por medio de la Dialéctica se llegan a conocer las cosas por sus razones supremas de ser, que son las Ideas subsistentes, y se pasa de la opinión y de la razón discursiva a la verdadera ciencia. «Del que mira muchas cosas bellas, pero no ve la Belleza en sí; contempla muchas cosas justas, pero no la Justicia, y así sucesivamente, diremos que lo opina todo, pero no conoce nada».
Así se logra también una visión comprensiva y totalitaria de la realidad en toda su amplitud. El verdadero dialéctico es el que puede abarcar todas las cosas en una mirada sinóptica de conjunto, que comprende desde las entidades particulares y móviles del mundo físico y los conceptos matemáticos estudiados por las ciencias de los números y de la cantidad hasta las realidades supremas percibidas por la Dialéctica. El logos no nace sino del conjunto de las Ideas.
Por esto también la Dialéctica es la parte más difícil de la Filosofía. «Es fácil de explicar, pero dificilísima de practicar”. Es una labor de toda la vida, que nunca se logra realizar con perfección.
El filósofo es el que llega a conocer el verdadero ser, en especial la Idea de Bien, que es la cumbre de todos los seres. Propio del filósofo es el conocimiento perfecto de la realidad, a diferencia de los amigos de opiniones, los cuales sólo conocen las realidades de las cosas intermedias que flotan entre el ser y el no-ser. «Son filósofos aquellos que pueden alcanzar lo que siempre se mantiene igual a sí mismo, y no lo son los que andan errando por la multitud de cosas diferentes”. Los filósofos «aspiran a conocer todo el ser» y se apasionan «por aprender aquello que puede mostrarles algo de la esencia siempre subsistente y no sometido a los extravíos de la generación y de la corrupción…, y no dejan perder por su voluntad ninguna. parte de ella, sea pequeña o grande, de mucho o de poco valor». «Del amante de la sabiduría diremos que la desea, no en parte sí y en parte no, sino toda entera». La ciencia es una ascensión del alma hacia la verdad y hacia el Bien. La auténtica Filosofía es un «volverse el alma desde el día nocturno hacia el verdadero». Hay que ir al Ser con toda el alma.

Platón expresa bellamente la misión que corresponde a los filósofos en la alegoría de la caverna, Consiste en sacar a los demás hombres de las tinieblas de la ignorancia y de las sombras de la opinión hasta hacerles llegar a la contemplación de la verdadera realidad del mundo de las Ideas, presidido e iluminado por el Sol de la Idea de Bien, «¿Cómo se formarán tales personas y cómo se las podrá sacar a la luz del mismo modo que, según se cuenta, ascendieron algunos desde el Hades hasta los dioses?”.

Por esto los filósofos deben ser los guías de los demás hombres. Los gobernantes deben ser filósofos, y los filósofos, gobernantes, pues son los únicos que pueden llegar a percibir las normas eternas y subsistentes de la conducta humana, que son las Ideas.

No obstante, la ciencia perfecta, por contemplación directa de las Ideas (oYiV), no puede alcanzarse en esta vida mientras el alma se mantenga encerrada en la cárcel de su cuerpo, sino después de la muerte, cuando quede libre de su envoltura material.

En la presente vida sólo es posible alcanzar un conocimiento lejano, indirecto, por medio del raciocinio, que ayuda a despertar la reminiscencia de lo que el alma conoció en otra existencia anterior. De aquí el sentido moral que adquiere la Dialéctica platónica: «¿Piensas que a un ser inmortal le está bien afanarse por un tiempo tan breve, y no por la eternidad?».

 

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