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Qué es el comunismo en Platón

Qué es el comunismo en Platón

Qués es el comunismo en Platón

Comunismo.

El Comunismo de bienes; es una de las prescripciones más extrañas del República; o el de mujeres y de hijos para los miembros pertenecientes a las dos clases superiores, de guardianes y de gobernantes; que le han valido a Platón serios reproches, comenzando por su discípulo Aristóteles.

Las frases terminantes con que lo establece no dejan lugar a dudas.

No obstante, el comunismo que propone Platón no tiene nada que ver con los regímenes utópicos del Renacimiento; y mucho menos con el socialismo ni con el comunismo modernos.

Es un reglamento de sacrificio que impone a las clases defensora y rectora de la ciudad; y que se parece más bien al régimen de una orden de caballería o al de una comunidad religiosa.

 

Régimen comunista para ciertos círculos.

No se trata de un régimen comunista para toda la ciudad; puesto que la gran mayoría -agricultores, artesanos y comerciantes, etc.-; puede tener bienes y familia propios.

Solamente afecta a los defensores y a los gobernantes, para cuyas altísimas funciones considera Platón como impedimento la posesión particular de esas cosas.

Su objeto es desligarlos e independizarlos de todo cuanto pueda suponer un estorbo para entregarse por completo al servicio del Estado.

Los guardianes y los filósofos gobernantes no tendrán bienes propios; sino que vivirán a sueldo de la comunidad, como servidores suyos; y aun este sueldo se les pagará en una moneda que solamente podrá tener circulación con estos fines.

Tampoco tendrán casa propia.

Vivirán acuartelados en edificios propiedad del Estado.

Ni familia propia: «Las mujeres de nuestros guerreros serán comunes todas a todos.

Ninguna de ellas habitará en particular con ninguno de ellos.

Los hijos serán comunes, y los padres no conocerán a sus hijos, ni éstos a sus padres».

Platón no llega a proscribir el celibato, quizá por considerar necesaria la transmisión hereditaria de las funciones superiores de la ciudad.

Pero regula rigurosamente las condiciones en que deben verificarse las uniones, con el fin de evitar la degeneración de la raza y de obtener hijos sanos y robustos.

En el República señala la edad núbil para los hombres entre los treinta a los cincuenta y cinco años, y para las mujeres, de los veinte a los cuarenta.

En las Leyes, de treinta a treinta y cinco para los primeros, y de dieciséis a veinte para las segundas.

Los niños nacidos de uniones fuera de esas edades deberán ser suprimidos.

Pero los hijos no podrán ser considerados por ninguno como propios, sino que pertenecerán al Estado; a cuyo cargo corre su sostenimiento y su educación en común desde el momento de nacer.

El deseo de crear una ciudad perfecta induce a Platón a prescribir el dar muerte, ahogándolos, a los niños que nazcan enclenques o deformes; así como a eliminar por la muerte o por, el destierro a los individuos insociables.

Es el sacrificio de los derechos individuales, imponiendo una nivelación inhumana, sin tener en cuenta la condición real de la naturaleza.

Más inexplicable aún es lo de permitir casarse hermanos con hermanas.

 

Vida en Comunidad

No se trata, pues, de un régimen comunista, sino de la vida en comunidad de una porción selecta de funcionarios del Estado, sostenida económicamente por la clase inferior.

Tampoco hay que ver en sus prescripciones acerca de la procreación una grosera promiscuidad, ni menos el amor libre, sino, por el contrario, un control rigurosamente dirigido por el Estado.

El mismo Platón, reconoce que con ambas cosas se impone a los guardianes y gobernantes; un género de vida sacrificado y poco envidiable, que exige una entrega total al servicio del bien común.

Entendido de esta manera el «comunismo» de Platón; aunque rechazable, deja de ser una aberración monstruosa, y entra dentro de la lógica de su sistema.

Y aunque sobre todo en el aspecto tocante a la familia llegue a verdaderos despropósitos, hay que atribuirlos quizá a su carencia de sensibilidad para la vida familiar; y sobre todo a su concepto exagerado del bien común del Estado, al cual quedan sacrificados los bienes particulares de los individuos.

Platón aspira a que la ciudad sea la gran familia de todos, en la cual todos deben considerarse como padres, hijos y hermanos.

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