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Las Formas de Gobierno de Platón.

Las Formas de Gobierno de Platón.

Las formas de gobierno
Las formas de gobierno

Las formas de gobierno que Platón sistematizó en su República acerca de la diversidad de regímenes políticos conocidos en su tiempo, conforme a su concepto de los distintos «modos de almas», que considera existentes en el hombre. A los cinco modos de almas corresponden cinco modos de gobierno.

La perfección del hombre consiste en el equilibrio perfecto entre todos sus elementos integrantes, reducidos a unidad y regidos por la prudencia del alma superior (nous). Es el tipo de hombre real o de filósofo. La degeneración comienza cuando el alma racional pierde su predominio, y prevalecen las inferiores, llegando a su punto más bajo cuando llegan a dominar los instintos anárquicos de orden puramente sensitivo y pasional. De este desorden resultan los tipos humanos del ambicioso, dominado por el ansia de poder y de honores, y el aviaro, ávido de riquezas.

Cosa semejante sucede en la ciudad. Las distintas clases sociales corresponden a las distintas almas del hombre. Los regímenes van degenerando a partir del más perfecto, aristocracia, pasando por la timocracia, la oligarquía y la democracia, hasta terminar finalmente en la tiranía, que es el peor de todos, en el que no se encuentra nada lueno.

 

Monarquía o aristocracia.

Es la forma pura, ideal y perfecta (gobierno de los mejores), en que el mando es ejercido por un hombre egregio o por unos pocos hombres eminentes, los cuales rigen la ciudad conforme a la prudencia. En ese régimen, adscrito a tiempos legendarios y considerado como el primitivo de Grecia, no existía la división de la propiedad, todas las cosas eran comunes y el equilibrio más perfecto reinaba entre todas las clases sociales.

Las formas de gobierno
Las formas de gobierno

La decadencia de este régimen se inicia por descuidar los gobernantes el cálculo o la aplicación del número nupcial que debe regular las uniones entre las parejas, dando por resultado el desequilibrio social, que se va acentuando cada vez más. Así se originan todos los demás regímenes, que son degeneraciones viciosas o enfermedades de la ciudad. En primer lugar, resulta la:

 

Timocracia o tirnarquía.

Mezcladas las razas de oro, plata, bronce y hierro, se produce la desarmonía y la discordia interior. Se dividen las tierras, hasta entonces comunes. El elemento pasional, que ambiciona victorias y honores, prevalece sobre el racional. Predomina la clase militar, apoderándose de las riquezas y oprimiendo a las inferiores de labradores y artesanos. Este régimen no es todavía del todo malo, porque conserva aún algunos rasgos del régimen aristocrático, pero prepara el camino al advenimiento de otra forma peor de gobierno, que es la oligarquía.

Platón se refiere en concreto al régimen espartano, en el cual se realizan las dos formas, timocrática (s.V) y oligárquica (s.IV). La admiración hacia ese régimen, al que en gran parte se atribuían sus victorias sobre una Atenas debilitada por la democracia, tenía más de tópico, que de otra cosa. Platón no lo considera tampoco como régimen perfecto, sino como una forma ya degenerada, aunque en menor grado que la ateniense, pero en la que aún perduraban algunas, de las virtudes de la educación griega primitiva.

 

Oligarquía.

La ambición creciente de riquezas da por resultado su concentración en manos de una pequeña minoría. De aquí se origina la división de la ciudad en dos clases antagónicas: una pequeña, de magnates riquísimos (oligarcas), que acaparan el dinero y las posesiones, y otra compuesta por una multitud empobrecida, carente hasta de los medios más elementales de vida. Los oligarcas (zánganos con aguijón) se ven obligados a dominar por el terror a un pueblo que los aborrece y que aguarda la ocasión de expulsarlos violentamente del poder.

 

Democracia

Una vez exterminados los oligarcas, el pueblo se apodera del gobierno. Entonces en la ciudad impera la libertad consistente más bien en una verdadera anarquía, en que cada cual hace lo que se le antoja, dejándose llevar por el desenfreno de sus deseos. Todos se consideran capaces para regir la ciudad. Los cargos se proveen por elección popular, y de ordinario recaen en los menos dignos y preparados.

Platón, que conoció en Atenas el régimen democrático, lo fustiga con sus más finas ironías, aunque dirigidas no contra el pueblo en sí mismo, sino contra los demagogos que lo arrastraban en los vaivenes de sus ambiciones, «manto abigarrado de todos los colores”.

 

Tiranía.

En medio del desorden producido por el exceso de libertad, terminan por prevalecer los más audaces y violentos y sobreviene la reacción. El demagogo favorito del pueblo se apodera del mando y se erige en tirano, suprimiendo por completo la libertad. Es el reino más completo de la injusticia, en que impera el desorden, pues se rompe la armonía entre las diversas partes integrantes del Estado, prevaleciendo la más inferior, quedando entronizadas las pasiones más viles y odiosas, encarnadas en el tirano. Es el grado más bajo a que puede llegar la degeneración social de las formas de gobierno.

Platón, que tiene en este punto presente sus experiencias de Siracusa y otras formas de tiranía, como la de Pisístrato y Periandro de Corinto, describe el carácter del tirano con rasgos vivísimos y sombríos. El alma del tirano está dominada por todos los deseos inferiores, tanto los necesarios como los superfluos. A pesar de las apariencias, su vida es la más infeliz de todas. Aplicando un curioso procedimiento matemático, tratá de demostrar que el tirano es desgraciado en el año trescientos sesenta y cuatro días y medio.

En el Político simplifica Platón las formas de gobierno, reduciéndolas a tres fundamentales: monarquía, aristocracia y democracia. El hombre debe imitar el orden del Universo en sus instituciones y en sus leyes. Y ante el hecho inevitable de la degeneración progresiva, propone como remedio la sustitución del poder personal del monarca por el poder de la ley. «Ya que es difícil encontrar el rey ideal, el poder del monarca debe sustituirse por la dictadura de la ley».

 

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Los Números ideales

Los Números ideales

Los Números ideales
Los Números ideales

Los Números ideales: A base del testimonio de la Metafísica de Aristóteles, que se refiere a la enseñanza oral de Platón en sus últimos años, se ha supuesto en el pensamiento platónico un predominio creciente del pitagorismo, de suerte que, sin abandonar su teoría de las Ideas, habría llegado a revestirla con una expresión matemática.

Según Aristóteles, Platón, en la última fase de su pensamiento, habría creído en la existencia de tres órdenes distintos de entidades reales: 1º las Ideas subsistentes; 2°, los seres matemáticos; 3º, los objetos del mundo sensible. Los seres matemáticos serían, pues, intermedios entre los objetos sensibles y las Ideas. Por una parte, serían eternos e inmóviles como éstas; pero, por otra, se distinguirían de ellas en que las Ideas son únicas, mientras que los seres matemáticos son muchos. Platón hace de las Ideas y de los seres matemáticos dos substancias, y pone como tercera substancia la de los cuerpos sensibles». Con el testimonio de Aristóteles coincide el de Teofrasto «Platón coloca en primer lugar los números en la jerarquía de los seres que dependen de sus principios. y después las Idean.

En cuanto a la generación de los números, Aristóteles sugiere la siguiente, partiendo de la realidad del Uno y de la Diada indefinida, como principios de donde resulta la serie de números pares e impares. Los números pares (2, 4, 8) resultan de las tres primeras potencias del 2 (2 x 1 = 2, 2 x 2 = 4, 2 x 4 = 8). Los impares (3, 5, 9) se producen sumando la unidad a cada uno de los pares (2 + 1 = 3, 4 + 1 = 5, 8 + 1 = 9). sumando la unidad al 6 resulta el 7 (6 + 1 = 7).
Y multiplicando por 2 el 3 y el 5 tenemos el 6 y el 10 (2 x 3 = 6, 2 X 5 = 10). Con lo cual queda completa la Década.

No obstante, la teoría de los números ideales, tal como la expone Aristóteles, quizá no refleja el sentido auténtico de Platón, sino de sus sucesores, como Jenócrates y Espeusipo, a quienes combate el Estagirita. El primero sólo admitió los números matemáticos, concebidos como sustancias trascendentes, suprimiendo por este hecho las Ideas; y el segundo llegó al mismo resultado, identificando los números matemáticos con las Ideas. «Puede decirse que Espeusipo resolvió los números ideales en los números matemáticos, mientras que Jenócrates resolvió los números matemáticos en los números ideales”.

La doctrina propia de Platón, tal como se desprende de sus Diálogos, podemos reducirla a lo siguiente:

1º Platón nunca atribuyó a las Matemáticas, sino a la Dialéctica, el lugar supremo en la jerarquía de las ciencias. Las Matemáticas permanecen siempre en un grado intermedio, diferenciándose de la Dialéctica en que ésta aprehende el ser tal como verdaderamente es, mientras que las Matemáticas lo ven como entre sueños, valiéndose de hipótesis y de imágenes.

Al matemático le corresponde la dianoia, mientras que el dialéctico llega hasta la noesis.

2.° Existen tres clases de números: 1) los números ideales (reales); 2) los números matemáticos (conceptos), y 3) los números sensibles (corpóreos, visibles y tangibles). Los primeros son eternos, subsistentes, de naturaleza idéntica a la de las Ideas. Su conjunto probablemente no excedía de la Década. Platón menciona la Unidad en sí primordial (“enada”, «mónada»); la Diada, que consta de limitado (peras) e ilimitado (apeiron), de grande y pequeño, del cual proceden los demás números y las cosas. Los números ideales son géneros supremos, semejantes al «ser”, al «idéntico» y al «diverso” del Sofista. Entran dentro del objeto de la Dialéctica, lo mismo que las demás Ideas, y caen fuera del alcance de las Matemáticas. En el Timeo ejercen la función de ejemplares de la obra del Demiurgo.
Al orden ideal pertenecen también las figuras geométricas ideales: el círculo en sí, las tres especies de triángulos. Tanto los números como las figuras geométricas de este orden ideal son únicos y no se pueden multiplicar ni repetir.

Los números y figuras matemáticas son conceptos que se hallan en la mente del matemático, el cual hace sus cálculos con ellos utilizando el raciocinio (dianoia), las hipótesis y las imágenes. Son extratemporales, pero pueden repetirse indefinidamente. Sólo se pueden concebir, pero no representar.
Los números sensibles son los que van unidos a los cuerpos del mundo material y corren la misma suerte que éstos, corrompiéndose, disolviéndose, son mayores y pequeños, etc.

En realidad, del examen de los Diálogos de Platón no resulta una matematización de las Ideas ni una sustitución de las ideas por los números, sino que los números son elevados a la categoría de ideas, ocupando un lugar idéntico al de las que ya conocemos.

Número de Ideas.

Platón nunca determinó con precisión el número de las entidades que componen su mundo ideal.
En el Cratilo alude vagamente y con un poco de misterio a la existencia de entidades subsistentes, la Belleza y el Bien en sí.


En el Banquete solamente hace resaltar la existencia de la Belleza en sí.

En el Fedón afirma claramente la existencia de un mundo superior invisible, distinto y separado del sensible. Se esboza la supremacía de la Idea de Bien sobre la de Belleza, Admite también las Ideas de más y de menos, de grande y de pequeño. de semejante y desemejante, de fuego y de nieve.

En la República aumenta el número de ideas. Como norma general señala Platón que existen tantos cuantos grupos de individuos naturales o artificiales pueden designarse con un nombre común: «Nuestra costumbre era la de poner una Idea para cada multitud de cosas a que damos un mismo nombre». A las Ideas de la Belleza en sí, de lo Bueno en sí, hay que añadir otras muchas, como por ejemplo la de cama y la de mesa.
En el Parménides el joven Sócrates admite sin dificultad la existencia de las Ideas de Justicia, de Belleza, de Bien, de hombre, de agua, de fuego, etc. Pero se resiste a admitir que las haya también de los objetos groseros o ridículos, como los pelos, el cieno y la suciedad. No obstante, en la respuesta del mismo Parménides se aprecia claramente la intención de Platón de extender el número de Ideas a toda clase de cosas, de suerte que a cada naturaleza distinta corresponda una Idea determinada. Como Ideas señala además lo Uno y lo Múltiple (los seres sensibles son unos en cuanto que participan de lo Uno, y múltiples en cuanto que participan de lo Múltiple), el Movimiento y la Quietud «y todas las demás de este género”, Semejanza y Desemejanza, Generación y Corrupción, Ser y No- ser.

En el Teeteto no menciona Platón las Ideas, pero habla de la existencia de los «comunes», que son: Ser y No-ser, Semejanza y Desemejanza, Identidad y Diversidad, Unidad y Pluralidad, Par e Impar, Bien y Mal, Belleza y Fealdad. El alma se aplica sólo y directamente al estudio de los seres.

En el Sofista establece la existencia de cinco géneros supremos: Ser, lo Idéntico y lo Diverso, Reposo y Movimiento.

En el Timeo añade las Ideas de Animal eterno o de Viviente en sí, de las Figuras geométricas elementales.

En el Filebo distingue la Mónada y la Diada, lo Idéntico y lo Diverso, y menciona la Relación, el Dónde, Cómo, Cuándo, Ser, Acción y Pasión.

El Orden Jerárquico de las Ideas

Tampoo establece Platón un orden fijo y constante entre las entidades pertenecientes a su mundo ideal, El primer lugar es atribuido sucesivamente a la Belleza (Banquete, Fedro), al Bien (Fedón, República), al Ser (Sofista) y al Uno. No obstante, quizá podría establecerse el siguiente orden jerárquico entre las distintas entidades que integran el doble mundo platónico:

  1. I) Mundo eterno y trascendente de las Ideas (inmaterial):

Primer grado: Ideas simples, sin composición y sin mezcla de No-ser:
Belleza (Banquete), Bien (Fedón, República), Ser (Sofista), Uno (Parménides).

Segundo grado: Ideas que expresan los elementos que entran en la composición tal como aparecen en las siguientes antítesis:
Mónada-Diada (Filebo).
Unidad-Pluralidad (Parménides, Teeteto).
Igualdad-Desigualdad (Teeteto).
Idéntico-Diverso (Sofista, Teeteto).
Semejanza-Desemejanza (Parménides, Teeteto, Fedón).
Grande-Pequeño (Fedón).
Más-Menos (Fedón).
Ser-No ser (Parménides, Sofista, Teeteto).
Movimiento-Quietud (Sofista).
Generación- Corrupción (Parménides).
Bien-Mal (Teeteto).
Belleza-Fealdad (Teetéto).

Tercer grado: Ideas compuestas superiores:
Justicia (República).
Logos (Sofista).

Cuarto grado: Ideas compuestas inferiores:
Números ideales (Timeo).
Figuras geométricas perfectas: círculo en sí, las tres especies de triángulos (República, Timeo).
Par-Impar (Teeteto).
Animal eterno, o Viviente en si (Timeo).
Formas elementales (Timeo, Fedón).

Quinto grado: Ideas correspondientes a todas y cada una de las especies naturales de cosas existentes en el mundo físico (República, Parménides, Timeo).

  1. II) Mundo físico temporal, organizado por el Demiurgo (material):

1.º Alma cósmica.
2.º Divinidades astrales: dioses, genios. demonios.
3.º Almas humanas separadas, no unidas a cuerpos materiales.
4.º Almas humanas unidas a cuerpos materiales: hombres.
5.º Seres vivientes: animales, plantas.
6.º Elementos materiales: fuego, agua, tierra, aire.
7.º Materia y Espacio (vacío, no-ser).

 

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Platón y El mundo sensible.

Platón y El mundo sensible.

Platón y el Mundo sensible.
Platón y el Mundo sensible.

Sentido del «Timeo».

Sobre el Mundo sensible el Timeo constituye una enciclopedia científica completa: Cosmología, Física, Mineralogía, Meteorología, Matemáticas, Astronomía, Anatomía, Fisiología, Patología, Terapéutica, Higiene, Teología.

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¿Qué es El Demiurgo?

¿Qué es El Demiurgo?

Qué es el Demiurgo
Qué es el Demiurgo


El Demiurgo. En sus primeros Diálogos Platón conserva, sin modificarlo, el concepto griego tradicional de los, dioses. Solamente se esfuerza por purificarlo, dándole un sentido más aceptable y elevado. Cuando llega a formular su teoría de las Ideas, concentra en ellas su aspiración a lo “divino”, aunque nunca, llegó a definirlas como dioses personales en sentido estricto, ni siquiera a la Idea de Bien.

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Teología de Platón: lo divino

Teología de Platón: lo divino

La Teología en Platón: lo divino.
La Teología en Platón: lo divino.

Lo «Divino».

Para ver la teología de Platón debemos ver sobre lo divino: “Es difícil hallar al Hacedor y Padre de todas las cosas, y, una vez hallado, es imposible hablar de su naturaleza a todos los hombres». Esta dificultad que Platón manifiesta para llegar a conocer la naturaleza de su Demiurgo, la encuentra también todo el que quiera precisar el concepto platónico de lo «divino».

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La Física en Platón.

La Física en Platón.

La física en Platón
La física en Platón

La Física. Disponiendo de los tres elementos mencionados (las Ideas como modelos, el caos de los elementos como materia y del espacio como lugar para colocar en él sus creaciones), el Demiurgo emprendió su labor. «Digamos, pues, qué causa movió al ordenador a producir y ordenar el Universo. Él era bueno, y en el bueno no puede, caber envidia de ninguna cosa; y así, exento de envidia, quiso hacer todas las cosas, en lo posible, semejantes a sí mismo”. «Queriendo que todas las cosas fuesen buenas en lo posible, y ninguna mala, comenzó a ordenar el caos primitivo, introduciendo orden en el desorden, para hacer una obra óptima conforme a relaciones musicales». Para ello tomó por modelo el mundo de las Ideas y de los números, y en especial la Idea de Animal viviente perfecto, a fin de hacer un mundo que fuese también un gran animal viviente.

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La Escatología de Platón.

La Escatología de Platón.

La Escatología de Platón
La Escatología de Platón

Escatología y sanciones.

El carácter moral de la filosofía platónica es profundamente escatológica, y se refleja en su preocupación por penetrar en el misterio de la vida de ultratumba y en la suerte que espera a las almas más allá de la muerte. Platón abriga una convicción profunda en la existencia de otro mundo ultraterreno y para expresarla utiliza las tradiciones de la mitología griega, acomodándolas a sus propósitos.

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La Educación para Platón.

La Educación para Platón.

La Educación en Platón.
La Educación en Platón.


La función de la educación -que implica selección y formación con un profundo sentido ético político- tiene en la ciudad platónica una importancia de primer orden, pues de ella depende el que se alcance el ideal de la comunidad social.

Platón no prescribe ninguna educación especial para la clase inferior de artesanos y comerciantes. Pero dedica largos pasajes en el República y en las Leyes a determinar con toda clase de pormenores la que debe darse a los encargados de las funciones defensivas y rectoras.

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La Ética de Platón y El Sumo Bien.

La Ética de Platón y El Sumo Bien.

La ética y el sumo bien

La Ética es el medio necesario para todos los hombres que aspiran a la felicidad. Pero ¿en qué consiste y dónde, se encuentra el objeto capaz de hacer feliz al hombre?

El tema del Sumo Bien, tal como se debatía en el círculo socrático; se refleja en los Diálogos tempranos, que reproducen las controversias sobre la primacía entre las dos clases de vida; la entregada al placer y la consagrada a la sabiduría y a la práctica de la virtud.

De la imprecisión de las doctrinas socráticas se habían derivado dos escuelas antitéticas: la hedonista de Aristipo, que ponía como Sumo Bien el placer; y la cínica derivada de Antístenes, que lo rechazaba y ponía la felicidad en la práctica de la virtud por sí misma.

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El mundo ideal y el mundo sensible en Platón

El mundo ideal y el sensible

Entre el mundo ideal y el sensible, existe un estrecho paralelismo.

Pero las relaciones entre ambos plantean un difícil problema que Platón se esfuerza por solucionar, recurriendo a dos teorías que propone y sustituye alternativamente, titubeando entre ambas hasta el fin de su vida.

Son la participación y la imitación, a las cuales hay que añadir otros términos con que trata de explicar las relaciones de las Ideas entre sí y con el mundo sensible: presencia, sostén, adhesión, comunicación, inherencia.

 

Referencias.

 

En el Banquete y en el Fedón las relaciones entre las Ideas y las cosas particulares del mundo sensible se expresan por medio de la participación.

El Fedro, aquí la participación es sustituida por el concepto de imitación.

En el República vuelve a reaparecer la participación.

Pero en el Parménides, Platón somete a una rigurosa crítica ambos conceptos.

La participación sirve para explicar la realidad de las cosas del mundo sensible; pero tiene el grave inconveniente de que compromete la unidad, la homogeneidad, la indivisibilidad y la transcendencia de las Ideas; las cuales serían a la vez unas y múltiples, pues permaneciendo siempre las mismas, darían origen a un número indefinido de participaciones.

A su vez, la teoría de la imitación deja a salvo la naturaleza de las Ideas; pero compromete la realidad de los individuos del mundo sensible, pues no tendrían más realidad que la del no-ser modelado a imagen de las Ideas del mundo superior.

Sus esencias no pasarían de ser imágenes, copias, imitaciones o semejanzas de las verdaderas realidades.

 

En el Sofista trata de conciliar ambas teorías.

La participación se da en el mundo de las Ideas respecto de la Idea suprema de Ser.

Entre las mismas Ideas se dan relaciones de comunicación, de mezcla, semejantes a las que existen en la Dialéctica entre los conceptos.

Las relaciones de las Ideas respecto del, mundo sensible las expresa en términos de imitación.

Este concepto prevalece en los Diálogos de vejez.

Así lo vemos en el Político, donde la imitación prevalece sobre la participación; y en el Timeo, donde toda la obra del Demiurgo es explicada conforme al concepto de imitación; tomando como modelos o ejemplares los arquetipos eternos del mundo ideal.

 

Interpretaciones.

La naturaleza de las Ideas platónicas ha sido interpretada de las maneras más diversas; ARISTÓTELES las entiende como entidades ontológicas, reales, subsistentes, distintas y separadas de las cosas sensibles.

PLOTINO y los neoplatónicos las transformaron en ideas existentes en la Inteligencia procedente del Uno.

NICÓMACO DE GERASA, NUMENIO DE APAMEA, SAN AGUSTÍN, ROSMINI las entienden como arquetipos ejemplares de las cosas existentes en la mente divina.

HEGEL las interpretó en sentido idealista.

NATORP, COHEN y la escuela de Marburg, AUFFARTH, STEWART, C. GUASTELLA, S. MARCK, N. HARTMANN les niegan todo valor ontológico y las interpretan en sentido kantiano, como formas a priori de la mente.

Son hipótesis metodológicas, funciones del conocer, líneas directivas en la investigación de los fenómenos.

BERTINI opina que la entidad de las Ideas no es ontológica, sino mental.

TEICHMÜLLER, siguiendo la orientación inmanentista e idealista hegeliana, deduce de aquí una interpretación en sentido panteísta.

ZELLER, GOMPERZ, WINDELBAND, UEBERWEG, STALLBAUM, PEIPERS, RITTER, BURY les dan un sentido dinámico de fuerzas o causas eficientes, y también como entidades divinas, en cuya cumbre está la divinidad suprema, que es la Idea de Bien.

LUTOSLAWSKI admite varias fases de evolución del pensamiento platónico respecto de las Ideas:

Primeramente, habrían sido formas inmanentes en los seres sensibles.

Después formas transcendentes.

Luego, modelos de las cosas; y, finalmente, conceptos inherentes en la mente humana, correspondientes a los arquetipos existentes en el pensamiento divino.

BRUNSCNVIGC señala el tránsito del conceptualismo socrático al matematismo pitagórico, que acaba por prevalecer con el concepto de las Ideas como números.

Por el contrario, RODIER se niega a reconocer que haya habido evolución de ninguna clase en el pensamiento de Platón.

Algunas de estas interpretaciones no carecen de fundamento.

Pero creemos que de lo que queda expuesto se deduce que el pensamiento de Platón debe entenderse en el sentido de que admite la existencia de dos órdenes distintos y contrapuestos de seres.

Por una parte, el mundo de los seres sensibles, que comprende todo el Universo físico creado por el Demiurgo; y por otra, el supramundo eterno de las Ideas; cuyos caracteres son los siguientes: son entidades trascendentes, perfectísimas, vivientes e inteligentes, incorpóreas, inmateriales, inmutables e incorruptibles, absolutamente puras, homogéneas (dentro de ellas no hay grados de perfección, como se dan en los individuos del mundo sensible, que unos son mayores o menores que otros, más hermosos o más feos, únicas, indivisibles e inmultiplicables, distintas entre sí e inconfundibles, cada una de ellas es perfectísima y absolutamente determinada dentro de su propio orden).

Las Ideas no están en ningún lugar, porque el «lugar», en sentido platónico, implica limitación y no-ser.

Tampoco están en la mente divina, porque en Platón las Ideas son superiores al Demiurgo y a los dioses, que son entidades pertenecientes a un orden inferior.

 

Incursión en el Idealismo.

 

La teoría platónica de las Ideas es un fruto de su vigorosa aspiración hacia el realismo y hacia lo absoluto.

Pero tan extremada, que no sabe mantenerse dentro de los límites de la verdadera realidad; y, como Parménides, incurre, por una paradoja, en el idealismo, resultado de su confusión entre orden lógico y ontológico.

Platón desconfía de los sentidos, los cuales nos dejan confinados en las sombras y en la opinión.

La ciencia solamente se adquiere por la razón y por la inteligencia; que son las únicas facultades que pueden percibir de alguna manera los objetos trascendentes e inmutables del mundo superior.

Pero estas mismas acaban por convertirse en Platón en unos simples auxiliares de la «reminiscencia»; que sirven para excitar el recuerdo de lo que el alma percibió en una existencia anterior.

De esta manera el racionalismo platónico; en virtud de su misma aspiración al realismo, acaba por derivar hacia caminos marcadamente irracionalistas.

 

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